Boca, el gigante que duerme

El Club Atlético Boca Juniors, equipo grande e histórico de Argentina, es quizá una de las instituciones más exitosas de los últimos diez años en todos los ámbitos, desde el deportivo hasta el social y comercial, pues se ha catapultado a nivel internacional gracias a sus logros deportivos y a una gran campaña de internacionalización del club.

Justamente en el año 2000 empezó una etapa mágica de este club comandado por Carlos Bianchi como Director Técnico, y con una constelación de jugadores ansiosos y deseosos de ganar títulos. De esa Copa Libertadores en donde vencen a Palmeiras en tanda de penales a domicilio, pasando por encima del Real Madrid en la Intercontinental (ahora mundial de clubes), fue Boca Juniors un equipo soñado, que ganaba títulos y torneos de manera convincente y continua, jugase donde jugase.

Ni los más acérrimos rivales a nivel nacional e internacional podían darse el lujo de vencer a este equipo que hizo historia, que hizo época y que a la fecha quedan esos recuerdos gloriosos que empiezan amainar la triste actualidad que está viviendo este club.

Sí, Boca está sumido en una lamentable situación y quizás es el sube y baja que tienen todos los equipos en su andar por las diferentes canchas. Esos altibajos que caracterizan a los equipos grandes y que son naturales y quizá normales, pero que en escuadras de esta categoría suelen no ser permitidos por más drástico que esto suene.

Boca ocupa hoy el lugar número 17 de la general del torneo argentino y sólo tres puntos los separan del último lugar, Arsenal de Sarandí, quien hace año y medio fuese campeón de Sudamérica. Boca Juniors hoy con Palermo, Riquelme, Palacio, Gracián, Morel Rodríguez y compañía ha ganado 4, empatado 4 y perdido 7 juegos para estar con 13 puntos casi en el sótano del campeonato. Es difícil entender a Boca en esas instancias, pero quizá sea algo que tenga que pasar para volver a catapultarse a las estrellas.

Apenas el torneo anterior, River Plate, el acérrimo rival por tradición de los Xeneizes, terminó último de la general, creando el regocijo de todos los fans en el mundo que simpatizan con Boca. Hoy, un torneo después, Boca lucha por no quedar en esa posición y evitar que en su historia quede marcado este penoso pasaje.

Ayer domingo 24 de mayo, el director técnico del equipo, Carlos Ischia, quien fuese parte del cuerpo técnico exitoso de Carlos Bianchi, fue cesado y de común acuerdo terminará de dirigir al equipo hasta el final de la temporada. Su lugar, es casi un hecho, sería ocupado nuevamente por Carlos Bianchi, el hombre que llevó a Boca a la internacionalización máxima del club junto a Mauricio Macri, presidente del equipo hasta hace año y medio, y un enamorado de Boca.

Ahora, pareciese, falta justamente eso. Falta pasión no sólo de directivos y cuerpo técnico, sino de los jugadores que pasan por momentos complicados dentro del mismo núcleo. Se empieza a hablar de bandos y separación de jugadores líderes, dígase Riquelme y Palermo, en fin, cosas que pasan en cualquier equipo pero que por ser Boca se magnifica y crea un entorno diferente a los demás.

En la actualidad, Boca ha quedado eliminado de la edición número 50 de la Copa Libertadores, el ganador por excelencia de este torneo y que se pensaba sería ideal se coronara en esta edición. No va más por la Copa y tampoco por el torneo de liga.

Veremos si el regreso latente de Carlos Bianchi, aunque también se hablaba de Basile nuevamente, es la solución a los problemas dentro y fuera de la cancha de un equipo al cual su grandeza e historia le prohíbe, por más fuerte que esto suene, a estar en los últimos lugares.

Boca va a renacer y seguramente no tardará mucho en volver a mostrarse fuerte y magnífico como es su costumbre. Es obligación de sus jugadores significativos ver por el equipo y no por sus intereses personales. La institución está por encima de todos, y si es Riquelme o Palermo quienes deberán limar asperezas para el bien del conjunto, que lo hagan, pues Boca es mucho más que un grupo de jugadores con diferentes fines personales.

Lo deportivo debe prevalecer en la cancha y los directivos deben ver por el bienestar del equipo, más allá de sus situaciones laborales y políticas que se puedan vivir en el seno de la institución.

Boca, el gigante que duerme por el momento…

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