Nomás fue una charlita pambolera

Hace poco platiqué con un amigo que es “aficionado” al fútbol y externaba su indignación por la llegada de Javier Aguirre al frente de la Selección Nacional (ya ni tan nacional). Entre muchas de sus inconformidades, las siguientes son las que más han lastimado su corazón: la convocatoria de Óscar Pérez y Cuauhtémoc Blanco, la marginación de Oswaldo Sánchez, el no llamado de Marco Palacios, y el olvido cruel que los aficionados hemos arrojado sobre Hugo Sánchez en su etapa como seleccionador.

Primera inconformidad. Estuve de acuerdo con él en que Óscar Pérez no debió ser llamado ni siquiera por un acto de caridad. Sin embargo, y con ganas de hacerlo rabiar, diferí con él sobre el regreso del Temo a la Selección. ¿Por qué? Él argumentó que era un jugador viejo, poco creativo, problemático y sin un historial que lo avale para portar la verde. ¡Esas fueron sus palabras! No obstante, se aferró a la idea de que Leandro Augusto (y no S(Z)inha) debe ser el hombre que se encargue de la orquesta verde en la cancha. Antes de responderle tomé conciencia del equipo del cual es partidario este amiguito mío: Pumas.

Segunda inconformidad. Como sacrilegio consideró la decisión de Aguirre de no convocar a Oswaldo y ceder la estafeta a Ochoa. “Oswaldo ha sido el pilar de la Selección, es la voz en el campo, es la experiencia”, alegó. Lo único que hice fue recordarle que Oswaldo, que es un gran portero (y más de club) poco ha lucido y aportado en la cancha enfundado en la camiseta nacional. Le cité algunos ejemplos: en el Mundial de Alemania 2006, Portugal le anotó dos goles, Argentina dos goles, que pudieron ser evitados. En un partido amistoso contra Corea le anotaron un gol por demás estúpido ¡en el área chica!. Contra la misma Argentina, en Copa América, recibió tres goles por sus malas salidas ¡en el área chica!. Recientemente Jamaica y Canadá lo hicieron ver mal con tiros de largas distancia, por estar mal parado ¡en su propia área! En conclusión, los goles que ha recibido Sánchez han costado eliminaciones. Sin duda, cada Santo tiene su capillita. ¿Qué habría alegado si Oswaldo fuera puma?

Tercera inconformidad. Como buen puma, mi amigo cree que todo jugador universitario debe ser seleccionado nacional. Si bien es cierto que se carece de centrales con carácter y fútbol, el llamado Pikolín o Picolín (a nadie le interesa cómo se escribe, el mote lo dice todo) no es más que un muchacho queriendo jugar cascaritas cada ocho días. “Pero si es el mejor central de México y tiene garra”, arguyó mi amigo el puma. Con mesura le respondí que se imaginara a Palacios jugando contra Inglaterra, Brasil u Honduras, que lo visualizara dominando un balón. ¿Qué creen? Mi amigo calló.

Cuarta inconformidad. Para él Hugo Sánchez fue víctima de la idiosincrasia del mexicano, que no puede comprender el éxito de una persona y lo desquita con envidias (no está tan alejado de la realidad). El colmo fue cuando dijo que Hugo necesitaba por lo menos otros ¡cinco años! para acoplarse al sistema del fútbol nacional y entonces sí México sería ¡¿campeón del mundo?! Sólo atiné a decirle que hay escalones firmes y de todos tamaños. ¿Cuál pisarías si fueras Hugo? El amigo puma concluyó su charla futbolera con la siguiente frase “salvo yo, nadie sabe de fútbol”. Un Goya para mi amigo el puma.

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