Pep, este sí es el buen fútbol

Dentro del fútbol nunca me pareció un elogio calificar a alguien como un gran profesional, al contrario, yo elogiaría diciendo loco, soñador o hasta inconsciente.

Un poco tomando una frase de Fernando Trueba, director de cine: “Debemos evitar a toda costa que el ejercicio de la profesión nos convierta en profesionales. Todo el buen cine es amateur”.

Hoy muchos pueden calificar de amateur a Pep Guardiola, y con toda seguridad lo es, pero ¿eso qué significa? ¿que es bobo? ¿que no sabe lo que hace? Al revés. Guardiola tiene todo claro, desde la época de jugador, se permite riesgos y audacias que en el fútbol se toman como inocentadas, las cuales hoy han dado una lección respecto a lo que el juego requiere urgentemente.

Este día el mundo futbolístico aplaude a Guardiola por la razón equivocada. El joven técnico catalán recibe los máximos elogios por haber conseguido el histórico trébol, logro jamás visto en algún equipo español. Pero aún así, Guardiola había ganado desde mucho antes, no por las copas, no por el récord de puntos, ni mucho menos por los millones de euros que su Barça ha representado para el Club. No. Guardiola merecía esta ovación por su filosofía de juego, por su interpretación del fútbol, y sobre todo, por plasmarlas en la cancha tal y como alguna vez la soñó. Puso en riesgo su reputación y su trabajo, se la jugó a cumplir un sueño a pesar de las críticas y las descalificaciones. Nunca claudicó, nunca cedió un centímetro en cuanto a modificar lo que él aseguraba era el camino hacia el éxito, ni siquiera cuando asumió el puesto de entrenador del primer equipo. Y al fin llegó. El Fútbol Club Barcelona jugó bien, enamoró a sus aficionados, cautivó a millones de futboleros y obtuvo el reconocimiento como el equipo que mejor juega en el mundo. Ése es el éxito y ningún otro.

Los trofeos y las copas ayudan, sí, alimentan estadísticas, elevan el volumen de los aplausos y llenan las portadas de los diarios alrededor del mundo. Pero a pesar del prestigio que brindan los títulos, campeones vemos todos los años y en todos los torneos por montones, aunque no jueguen como le gusta a la gente. La gesta de conseguir el triplete no es poca cosa, sin embargo ya otros cuadros lo consiguieron anteriormente como fue Celtic, Ajax o el mismo Manchester United. Es decir, en cuanto a trofeos este Barcelona no consiguió nada que alguien no haya conseguido, pero en cuanto a fútbol, juego, alegría y emoción, este equipo ha ganado más que cualquier otro, por lo que ya tiene su lugar asegurado junto a los mejores equipos en la historia.

Revivo algunas palabras que Guardiola decía desde su época como jugador: “Claro, el fútbol se trata también de ganar, pero a veces… cuántas veces te vas a tu casa ganando, pero no feliz, aunque sepas que mañana te pondrán buena puntuación porque has ganado, pero has jugado de pena. ¿Y por qué te aplauden? Porque han invertido millones y ganaste, y para ellos todo está bien. Pero yo al menos no me siento bien porque sé que he jugado mal”.

El sentido del fútbol es jugar, alegrarse, divertirse y soñar, eso es lo que yo llamo ELBUENFÚTBOL*, el que le gusta a la gente y hoy no hay como el Barcelona.

La lección es darle el reconocimiento y la autoridad no al que ganó, sino al que respetó el buen juego. En esta ocasión coincidió que el mismo equipo que ofreció el mejor fútbol fue el que se llevó los campeonatos, pero lamentablemente no siempre es así. Otro que dio una muy buena definición respecto a esto fue Bill Wilder, también director de cine, quien luego de recibir un premio, ante la pregunta de cómo se sentía ser un ganador, respondió: “Mire, las distinciones y los premios son como las hemorroides, antes o después llegan a todos los culos”. Ojalá el juego alegre y vistoso se pareciera cada vez más a las hemorroides…

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