Del sueño a la pesadilla

Por muchos, muchos años, en México tuvimos el sueño de que nuestros futbolistas emigraran al fútbol europeo. La idea, en su momento, se fundamentaba en que el roce internacional le daría al futbolista mexicano la experiencia y la personalidad para enfrentar a las potencias mundiales, dejando de lado los complejos, las excusas y objeciones naturales de aquellos tiempos: “están muy grandotes”, “son más fuertes”, “no tenemos su técnica”…

El tiempo pasó y el fútbol mexicano comenzó a exportar jugadores al extranjero, ahora es ya muy común saber que algún jugador nacional emigra a equipos de Europa y por ahí a Sudamérica. Los resultados, sin embargo, no han sido los que se pensaban. Es triste darse cuenta que jugadores llenos de ilusiones y sueños, viven una pesadilla terrible fuera de su país, pues no logran colocarse en puestos titulares y son hasta relegados con el tiempo. Se ha llegado incluso a hablar de discriminación.

Pocos realmente han logrado sobresalir en esos niveles. Hablamos claro está de Hugo Sánchez como el mejor de todos los tiempos y ahora un Rafael Márquez, quizás un Andrés Guardado que a pesar de que su equipo, el Deportivo La Coruña, estuvo involucrado en la tabla baja del torneo, Andrés tuvo calificaciones altas individualmente hablando.

Es de resaltar que en sus clubes europeos los jugadores mexicanos han tenido regulares actuaciones a nivel general. Sin embargo, el aporte a la Selección nacional por parte de los denominados europeos ha dejado mucho que desear. Hablamos de un Carlos Salcido, del mismo Pável Pardo, Osorio, antes Aarón Galindo que incluso ya regresó a México sin pena ni gloria, y como ellos otros más que no han dado el paso importante y no han aprovechado la travesía por el viejo continente.

No se diga de algunos jugadores que han ido y regresado derrotados, como Kikín Fonseca, Manuel Vidrio, Carlos Ochoa, Omar Bravo, quienes de regreso a nuestro país no han vuelto a mostrar el nivel que los mandó a Europa en una primera instancia y su carrera decae tanto que pasan a ser jugadores del montón.

El año pasado Carlos Salcido pidió regresar a México a como diera lugar. No fue así, se quedó en PSV de Holanda y el técnico fue el que salió del equipo. Ahora es El Maza Rodríguez quien quiere regresarse a México pues la poca actividad lo tiene desesperado y la realidad es que ni en México llegó a ser un futbolista de características dignas de emigrar a Europa, dicho esto con todo respeto para el señor Rodríguez. ¿Quién lo llevó a Europa? ¿algún habilidoso promotor?

Me pregunto entonces, ¿qué objetivos se fijan los jugadores mexicanos al emigrar a otros países?
¿Por qué el aporte a la Selección es tan poco y sigue habiendo una actitud temerosa y acomplejada?

México ha formado a últimas fechas una Selección competitiva en el papel, pues hasta 8 ó 9 europeos han coincidido en las alineaciones, y no pasa nada, se siguen dando resultados pobres que siguen lastimando al aficionado mexicano, que si algo quiere es a su Selección.

La realidad de las cosas es que el jugador mexicano antes de lo futbolístico, pasa un proceso mental que lo enfrenta a sí mismo y que le cuesta superar. Pareciera que el simple hecho de emigrar a otras tierras debería ser más que suficiente para dar ese pasito que muchos no dan y otros ni siquiera saben que lo pueden dar.

Al jugador mexicano le falta sufrir, comentó alguna vez Julio Zamora, quien militó en Cruz Azul y que como argentino habló del crecimiento de futbolistas pamperos y de sus necesidades para salir adelante.

Regresamos al ya trillado tema de jugadores inflados por los medios y que no desquitan su real valor en una cancha de fútbol. Que se van y decepcionan a quienes los contrataron y regresan no igual, sino peor de como se fueron y a buscar un lugar en un equipo que le de la oportunidad de rehacerse.

Mientras el jugador mexicano no se quite ese estigma de que lejos de su país es complicado vivir por cuestiones culturales, de pensamiento, de inteligencia y hasta de alimentación, las cosas no van a cambiar. Pocos lo han logrado, pero esos pocos han tenido la determinación suficiente para hacerlo, la mentalidad para luchar y el carácter para sobreponerse a adversidades y dificultades que se les presenten dentro de un vestuario en donde quizás no son bien recibidos por el total de los nuevos compañeros.

Que si la esposa no está a gusto, que si los niños no se acostumbran a las nuevas escuelas, que si extrañan las tortillas y el chile, que si están llenos de pretextos para justificar algo que a simple vista es elocuente: al jugador mexicano, en la mayoría de las ocasiones, le falta raza para salir adelante por más triste que esto suene.

El futuro para el futbolista mexicano en otros continentes parece estar abierto y disponible, máxime ahora que los promotores, que tanto daño le han hecho al fútbol nacional, en algunos casos, llevan las de ganar con sus estrategias para colocar futbolistas en todas partes del mundo.
Será, como hasta ahora ha sido, responsabilidad única y exclusiva del jugador aprovechar esas oportunidades y demostrar el por qué son dignos de jugar en un fútbol más competitivo.

Sólo ellos tienen el poder de convertir sus sueños en realidades y de paso reivindicar al futbolista mexicano en esos países en donde por una causa u otra, no han podido dejar rastros de éxito.

Esperemos entonces y por qué no, sigamos soñando con un futuro brillante para nuestro fútbol en todos los ámbitos, quizás algún día el sueño se convierta en realidad.

Del sueño a la pesadilla

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