Sobre aviso no hay engaño

Sergio Sánchez
Por
Domingo 7, junio 2009

Y lo veníamos advirtiendo. Sí, México perdió en su visita a San Salvador en el debut de Javier Aguirre como Director Técnico de la escuadra azteca y lo peor no es la posición en la que quedan, que es la quinta de seis que buscan su pase, sino la lamentable actuación de un equipo mexicano que careció de fútbol primordialmente y de personalidad para sobreponerse a un ambiente hostil antes, durante y después del juego.

Seamos honestos, Javier Aguirre no tiene una varita mágica para cambiar algo que no es superficial sino de fondo. El fútbol mexicano atraviesa quizás, su peor momento en todos los niveles, directivo, cancha,(Federación Mexicana,  torneo regular y Selección Nacional), es un todo enfermo que tarde o temprano va a terminar por morir o tendrá que esperar un cura milagrosa y volver a vivir, volver a ser el que alguna vez nos daba gusto y orgullo seguir.

Nuevamente los medios de comunicación se han encargado de hacer del regreso de Aguirre, algo exagerado, hasta el grado de decirle al D.T., nacional que nos salve y que nos haga sonreír, cuando los que meten o fallan los goles son los jugadores. Esto va más allá de un sistema de juego o de un planteamiento táctico. Esto es de saber jugar fútbol y de dominar las emociones y los momentos específicos que se requieren para ganar un partido.

En mi punto de vista si hay algún jugador que rescatar es Cuauhtémoc Blanco, un jugador que sabe jugar, que juega bien y que domina al rival, domina el ambiente y que entiende de qué se trata el juego de fútbol.

Blanco entró en la segunda mitad y simplemente hizo correr el balón, abrió espacios, se movió, despacio pero se movió y con eso provocaba que el juego tuviese una fluidez y los delanteros vieran de frente al marco.

Blanco jugó 45 minutos y metió el gol mexicano desde los once pasos, con personalidad, con carácter y con eso que a los otros seleccionados les faltó y que no se compra en la tienda de la esquina.

Fue triste ver a Torrado equivocar el 90 por ciento de los pases que dio. Pardo que sigo sin entender por qué no nos regala ni tantito de lo que hizo en Alemania en su paso por aquella liga. No mostró liderazgo, no gritó, se espantó, se quedó frío ante el clima del Cuscatlán.

Fernando Arce se caía solo, no pasó, no tiró y la que intentó la decidió mal. En fin, cada quien jugando su partido. Adelante Nery Castillo y Franco simplemente estaban aislados, nunca se juntaron, nunca se entendieron, terminaron siguiendo a Blanco para donde éste se movía. Con Guardado no pasa nada y la defensa “ni fu, ni fa”.

Lo más preocupante es que la escuadra salvadoreña ganó con muy poquito, le puso ganas y listo. Es una película tantas veces vista que sigue siendo lamentable ver el mismo final.

Aguirre tiene mucho que trabajar con este equipo que en cuatro juegos lleva la vergonzosa cantidad de tres puntos, producto de una victoria como local y muy opaca. Resulta que ahora la alternativa más sencilla es ganar todos en casa y  con eso aseguraremos algún lugar para pasar directo o de perdida el famoso repechaje contra Sudamérica… así o más sencillo.

No se debe tener esa mentalidad tan mediocre. No se trata de eso, porque eso simplemente, es una obligación. Se trata de evolucionar, de progresar y de salir de ese nivel tan pobre en todos los sentidos.

México fue humillado desde que llegó a San Salvador. Los recibieron con tapabocas por aquello de la influenza. Les gritaron cerdos, enfermos, cochinos, nos pitaron el Himno Nacional, como es toda una costumbre siempre que se va a esos países y además, por si fuera poco nos volvieron a aganar.

A Blanco se le anuló un gol al final que era el 2-2 y que parecía estar en buena posición. Eso hubiera sumado un puntito, es cierto, pero no hubiese salvado la actuación ni a ninguno de los jugadores que esta noche en el Cuscatlán, faltaron a su profesión.  Porque puedes perder pero hay maneras, hasta para eso hay educación y esta noche México fue un equipo pelado, un equipo sin principios futbolísticos que no se le pueden achacar a Aguirre pues no ha tenido ni el tiempo para analizar a los jugadores ni la certeza de quiénes son los mejores para jugar una eliminatoria. De ahí que llamó a Blanco y a Óscar Pérez para nutrir de experiencia y confianza al resto de los jugadores, pero ni eso bastó.

México recibe el miércoles a Trinidad y Tobago en el Azteca y deberá ganar el partido para aspirar a calificar. No es opción otro resultado, es ganar si o sí. Se espera incluso la goleada y quizás llegue si se acuerdan de cómo meter goles pues hace mucho que no anotan de no ser por pelotas paradas y por ahí algún gol de Bravo que hizo a los ticos, pero no más.

Es hora de que este equipo ya despierte, ya reaccione ya se comprometa como equipo, como conjunto y como representativo nacional, pues un país entero se paraliza para verlos, para apoyarlos, les llena el Azteca y les festeja sus pocos logros y éxitos. Es momento de cambiar ya estos procesos repetitivos y tristes que cada cuatro años vive éste que es el deporte amado por los mexicanos.

La Selección Nacional tristemente es el reflejo del torneo de liga que promueve la mediocridad y el conformismo. De directivos mediocres que persiguen intereses económicos por encima de lo deportivo y de una prensa que habla y opina dependiendo si le caen bien o le caen mal los actores de este deporte, hasta eso hay que mejorar.

Las víctimas como siempre, los aficionados que hoy están tristes, decepcionados pero que seguramente el miércoles entrante, estarán con los ánimos por el cielo esperando ver un triunfo de su equipo, de su país y jugando su partido en las tribunas, ellos si cumplen, ellos si desean y anhelan, ojalá que la Selección en un día no muy lejano, esté al nivel de su afición.


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