¿Y si no vamos al Mundial?

Hoy México está muy lejos de Sudáfrica, ubicado en el penúltimo lugar de la eliminatoria más débil de todo el mundo. Ya por todos lados leemos y escuchamos críticas letales contra un equipo que muestra argumentos muy frágiles como para pensar en una tranquila calificación a la Copa del Mundo. Aún así, estas críticas parecieran basarse en la sorpresa por encontrar a México tan lejos de los primeros puestos con casi media eliminatoria jugada. Como si la actualidad tricolor asombrara a quienes se encargan todos los días de hablar del equipo de todos que ya sabemos es de unos cuantos.

Lo que le sucede a la Selección Mexicana es normal y explicable. ¿Dónde está el asombro? En tres años han pasado tres técnicos, los jugadores europeos apenas y participan con sus equipos, los torneos mexicanos tienen todo menos calidad, el juego está envenenado por las dos televisoras, se ha exagerado en el uso de extranjeros y naturalizados, no existe trabajo a nivel de divisiones inferiores, los equipos grandes están terminando en último lugar de los torneos y se han alejado de las liguillas, los dueños de los equipos opinan mucho y trabajan poco, los aficionados se han alejado de los estadios y el periodismo se preocupa más por vender que por desmenuzar los temas que tienen al fútbol mexicano hundido en la pobreza futbolística.

Es decir, si hubiera un manual para tener el peor fútbol del mundo, México lo cumpliría al pie de la letra, obviamente con la exclusión del Mundial de por medio.

Sí, todos queremos que la Selección Mexicana viaje a Sudáfrica aunque aún no tenemos muy claro para qué. No vamos a ganar el Mundial, no vamos a llegar a semifinales, no vamos a vencer a ninguna potencia y no vamos a sorprender al mundo con un juego excepcional. Si vamos, y esto todavía está por verse, la participación mexicana sólo será eso, una participación que siempre se reduce a jugar cuatro partidos, jugando uno muy bien y otros tres no tanto, para terminar eliminados en octavos de final y esperar otros cuatro años para realizar exactamente lo mismo.

No es que México esté destinado a ser eternamente mediocre en temas futboleros, porque hay muchas formas de fomentar un crecimiento deportivo para pensar en resultados más favorables. Pero, y aquí es donde viene el problema, para eso habría que cambiar todo el sistema del fútbol mexicano, el cual está monopolizado por unas cuantas personas y dos televisoras.

Mientras el fútbol se administre igual y por los mismos el desenlace será siempre igual, y de vez en vez, tendremos uno que otro revés, llegando incluso al extremo de perderse una Copa del Mundo. No se calificó al Mundial Sub-17, tampoco al Sub-20, para los Juegos Olímpicos tampoco se logró el boleto, y no se participará en la Copa Confederaciones porque en la Copa de Oro se logró un subcampeonato bastante discutido. ¿Por qué tendría que ser diferente para el Mundial? Todo se ha hecho para no calificar y es de ingenuos sorprenderse hasta ahora.

El miércoles México le ganará a Trinidad y Tobago, la situación en el grupo empezará a nivelarse conforme se jueguen los partidos en el estadio Azteca y ahí la suerte mexicana puede sacarse un boleto a Sudáfrica, aunque la calificación seguro se definirá hasta las últimas jornadas. Pero las preguntas siguen siendo la mismas: ¿Merece la Selección Mexicana clasificar? ¿los dueños y directivos han trabajado para tener un mejor fútbol? Y ya en la Copa del Mundo, ¿México será un contendiente al título o sólo un participante más?

Ya sabemos las respuestas, y con base en ellas habría que plantearse una nueva organización para nuestro fútbol.

La última sería preguntarnos qué pasaría si no vamos al Mundial. Habría millonarias pérdidas, por supuesto nada más para las grandes empresas, no para los aficionados. Sería una tristeza para todos los que somos futboleros, pero tampoco sería una tragedia. Hablando de justicia deportiva, por lo que ha hecho México, tendría muchos menos méritos que lo que está haciendo Costa Rica, Honduras y El Salvador. Suena duro, pero México bien ganado tendría quedarse fuera del Mundial. Al menos los que conducen el fútbol han hecho hasta lo imposible porque así sea.

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