Estupideces habemus

A toda hora y en todos lados hay alguien que dice alguna grosería (majadería o insulto para todo tipo de oídos) que pueden ocasionar reacciones diversas, como pueden ser molestia o simpatía, dependiendo de la forma en que se expresen. Hay quienes todavía se ofenden por una mentada de madre cuando la progenitora no está presente. Chale, los seres humanos somos tan aprehensivos con cuestiones insignificantes. La mentada nos recuerda que tenemos (o tuvimos) madre. Bueno, pero hay a quienes se les resbalan los improperios. “Hijo de la…”. Uno más, uno menos, ¡no pasa nada!

De alguna u otra manera la grosería podría estar ligada a la estupidez, y no precisamente por la falta de cultura para usar el lenguaje, sino porque de manera manifiesta la llevamos a la práctica. ¡Ser y nacer estúpido si es una ofensa! Citemos el caso de un banco donde hay más de 13 ventanillas de atención a los clientes y de las cuales sólo funcionan tres. Una estupidez del banco y una ofensa para el cliente (que también estúpido se tiene que aguantar). Y ya que hablamos de bancos y dineros, la estupidez (entiéndase grosería) irradia en el fútbol.

Nos parecen de antaño frases como “por amor a la camiseta”, “lleva los colores en la sangre”, “nada como la Selección”, «se mueren en la raya”, “sudan sangre”. No, nos engañemos, son añoranzas de lo que alguna vez fue (si no pos cómo). Hoy en día son groseras las cantidades que se fijan para la venta de boletos, playeras y chunches de los equipos. ¿En verdad los valen? Digo, basta ver el nivel de juego que hay en nuestra liga y que se ve reflejado en los torneos internacionales que disputamos tanto en clubes como en Selección. ¡Yupi, se le ganó a Trinidad… con todo y Tobago! Si bien no hay que ser malinchistas, tampoco seamos estúpidos.

Digno de mención honorífica a la estupidez (quedamos en que es grosería) es el costo de los futbolistas, que tal cual mercancía no tienen voz y voto para elegir su destino y transitan sin ¿espíritu? a donde el patrón diga. Kaká y Cristiano Ronaldo, dos jugadores, dos, le costaron más de 200 millones de dólares al Real Madrid. También seamos honestos, paga el que puede y el que quiere. Ojo, no está en duda la calidad de ambos jugadores, pero con ese dineral ¡qué no podríamos hacer millones de estúpidos!

Billetes van, billetes vienen. Futbolistas van y vienen. Los aficionados van y… (grosería), no se enojen, es el sentimiento que deja el espectáculo pambolero en quienes confiamos nuestros salarios, ahorros, quincenas, préstamos y robos para ver una pasarela de piernas sin sudores, de monitos montados en una plataforma pastosa imitando (actuando) lo que alguna vez fue llamado el juego del hombre. Venga, sigamos ofendiéndonos e insultándonos, sigamos con este nivel de juego, sigamos apoyando la mediocridad que vive nuestro fútbol, sigamos pagando por nada, sigamos creyéndonos las excusas de los federativos. ¿Vale la pena enojarse si México no llega al Mundial? ¿vale la pena seguir yendo a los estadios? Mientras la estupidez no diga otra cosa, no nos alteremos por una mentada de madre. ¡Qué tanto es tantito, hijos de…!

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