¿Y por qué en Cancún?

Se efectúa el draft del fútbol mexicano, bien llamado el mercado de piernas, en la ciudad de Cancún, Quintana Roo. Hasta aquí todo se escucha bonito, pero en esa encerrona de chequeras con corbata se compra y se vende más que un par de piernas. Hagan de cuenta que es el puesto de las chácharas en un mercado sobre ruedas, es decir, un comercio construido por una manta sobre el suelo donde un hombre con gorra nos remata herramienta (o piezas sin sentido) poco funcional o de plano inservible.

El salón elegante de un lujoso hotel funge como una pequeña bolsa de valores, o una casa de empeño, donde directivos de los equipos son unos banqueros que con toda calma pugnan por la mejor oferta, que siempre será la más baja. Pero ahí van los pobres (los ricos no hacen acto de presencia) futbolistas con su corazón en la mano, con la pena de saber si sus familias comerán carne o frijoles la siguiente temporada. ¡Ya jugar ni les preocupa!

En algunos casos, jugadores corren con la suerte de llegar a equipos billetudos, donde si bien es cierto que no tocarán el balón, contarán con más pesos que serán bien recibidos a cambio de estar en la banca. Y caso contrario, hay jugadores que llegan a equipos sin lana para la despensa, pero eso sí, de que juegan, ¡juegan! Digo, si la panza estará vacía que por lo menos dejen el corazón en la cancha para que sepan que siguen vivos. ¡Algo hay que agradecerle a la vida! ¿no?

Desafortunadamente también existen jugadores que acuden en busca de una oportunidad para tocar el balón y para ello gastan sus ahorros en un boleto de avión, comen lo que otros dejan, duermen donde no los vaya a agarrar la tira. Frustrante es el regreso a sus hogares, donde se encuentran de nueva cuenta con la madre que necesita de sus medicamentos, con el niño que llora porque no hay pañales para cambiarlo. Forjan sus sueños en una cancha de tierra y se los destruyen en la arena del mar, ¡y sin haber mostrado siquiera unas dominadas!

Pero tenía que ser Cancún el lugar apropiado para el trueque de voluntades e ilusiones futboleras. ¿Por qué no elegir Iztapalapa o Ixtapaluca para dicho suceso? Total, los que consiguen equipo y billete lo saben con anticipación, por lo menos se los dicen en su celular y no tienen que acudir a pasar lista. ¿Y los que no consiguen nada? Pues seguirán sin equipo.

A los señores directivos: tengan un poco de… caridad y no los hagan gastar, de perdida mándenles un telegrama.

¡Una porra para el draft y para el silencio de los futbolistas!

A los futbolistas no asistentes: por lo menos escondan la cartera frente a sus compañeros los fregados.

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