Aquellos años maravillosos…

Hace unos días conversaba con amigos (contemporáneos) de lo diferente que es ahora el fútbol en todos los sentidos. En esencia el juego es el mismo, ciertamente, pero créanme, qué diferente era este deporte, en México al menos, en aquellos 80 y principios de los 90, en aquellos años maravillosos.

Recordábamos aquellas liguillas extraordinarias de principios de década y de esos equipos que hacían de esas fases eliminatorias verdaderas batallas medievales, se partían el alma, sudaban la camiseta y nos transmitían toda la pasión que se vivía en cada juego.

El torneo de liga tenía una primera vuelta de 19 jornadas en donde normalmente los equipos “grandes”, “tradicionales” por así llamarlos, iniciaban un tanto despacio y no faltaba que en la jornada 10 el Atlas fuera súper líder del torneo y América, Guadalajara, Cruz Azul, Pumas, por citar algunos, estaban en lugares poco habituales para su grandeza. La segunda vuelta era a todo galope y cerraban muy fuerte el torneo, motivo por el cual, las liguillas eran apasionantes y paralizaban a todo un país, jugase quien jugase.

Cómo olvidar al Tampico Madero que era casi imbatible en el Estadio Tamaulipas, que como dato curioso les comento, que del medio campo hacia la portería norte el estadio pertenece a la ciudad de Tampico y la mitad sur pertenece a Ciudad Madero. Bueno, ese estadio vio nacer a Benjamín Galindo, sí, al Maestro de Tierra Blanca, Zacatecas, y qué decir de un Joaquín del Olmo, quien futbolísticamente le debe mucho a la famosa Jaiba Brava, como le denominaban al equipo local.

Recordábamos aquella semifinal entre América y Guadalajara en la temporada 1982-83, en donde con un récord de 61 puntos del América (eran dos por victoria), Guadalajara los eliminó en el Azteca con goles del Snoopy Pérez, Demetrio Madero y Sammy Rivas, lo que ocasionó una batalla campal con arbitraje de Edgardo Codesal.

Un años después y con el vaticinio de Carlos de los Cobos, América le regresó la humillación al Guadalajara y lo venció en la final del torneo en el Estadio Azteca ante la locura de la afición americanista. Bacas, Tena y Aguirre anotaron para el América. Por cierto, es esa la única final de torneo de liga que han disputado los más grandes de nuestro fútbol.

Algunos jugadores de aquellos años. Por América: Héctor Miguel Zelada, Vinicio Bravo, Alfredo Tena, Armando Manzo, Eduardo Bacas, Daniel Ruso Brailovsky, Carlos Hermosillo, Mario Trejo, Carlos de los Cobos, Javier Aguirre, Batata, Zizinho, Juan Antonio Luna, Cristóbal Ortega, Gustavo Pedro Echaniz, Norberto Outes. Por Guadalajara: Javier Zully Ledesma y a Celestino Morales, que eran los porteros que peleaban la titularidad, curiosamente El Zully no jugó la final soñada pues jugaba en Morelia ese torneo y fue Celestino el que tuvo esa oportunidad. Al poco tiempo regresó Ledesma a Chivas para quedarse muchos más. Seguimos con Demetrio Madero, Fernando Quirarte, Sergio Lugo, Roberto Gómez Junco, Sammy Rivas, Pelón Gutiérrez, Eduardo Cisneros, Eduardo de la Torre, Jaime Pajarito, José Manuel Chepo de la Torre, Snoopy Pérez y Concho Rodríguez.

Cómo olvidar a los Pumas de Mauricio Peña, de Ricardo Tuca Ferretti, Enrique López Zarza, Hugo Sánchez, Manuel Manzo, Cabinho, Carlos Olaff Heredia, inolvidable arquero universitario con el número 20 en los dorsales. Tiempo después a Raúl Servín, Félix Cruz, Pablo Luna, Guillermo Vázquez, Miguel España, Manuel Negrete, Alberto García Aspe y Luis Flores.

Aquella trilogía de juegos para definir al campeón de la temporada 1984–85 en donde Pumas y América propiciaron una de las finales más accidentadas pues después de tres juegos polémicos y con dimes y diretes, América se levanta como bicampeón, pero el pasaje oscuro fue la tragedia ocurrida en C.U., en el marco del segundo juego, pues en los túneles del estadio murió gente aplastada debido al sobrecupo en aquel juego que terminó empatado a cero y se decidió en un tercer juego en Querétaro, rodeado de polémica también tras el arbitraje de Joaquín Urrea.

En los ochentas se dio un gol olímpico de Eduardo Moses del Atlante, ante el Cruz Azul, en la liguilla de 1988–89, en el estadio Azteca. Moses mandó centro a primer palo, nadie fue por ella y Pablo Larios sólo vio pasar el balón entre su pierna y el poste. Inolvidable el gol de Moses.

Recordábamos al Cruz Azul de Carlos Eloir Perucci de principios de la década, de un Agustín Manzo, Martín Gálvez, Carlos Jara Saguier. Más adelante recordamos a Pedro Duana, Capitán Porfirio, Ignacio Flores, Juan Morales, Edgardo Fuentes y en la puerta Pablo Larios, unos jugaron juntos y otros fueron parte de esa década en la que Cruz Azul no consiguió títulos, es cierto, pero era un equipo tremendo en las liguillas y muy pasional en toda la república.

Que tal aquel Morelia del Fantasma Figueroa, de Humberto Rhon, Mario Díaz, Juan Carlos Vera, del portero Félix Gato Madrigal, quien anotó un gol de portería a portería a Víctor Manuel Aguado en el estadio Venustiano Carranza de Morelia, Michoacán.

Los Tigres de Tomás Boy, de Batocletti, de Horacio Rocha. El Atlante de Moses, de Cabinho, del polaco Grzegorz Lato, de Ricardo La Volpe. Aquellos Tecos del Oso Salazar, quien en una temporada no erró ni un solo penal y fue en una liguilla ante Cruz Azul que Pablo Larios le detuvo su única falla desde los once pasos y quedaron eliminados… inolvidable ver el rostro de Salazar y de nosotros mismos pues pensábamos que nuca fallaría. Ese día se cayó el ídolo. Éramos niños.

La Selección del ’86 y la cancioncita del Mundial que la ponían todos los días al iniciar las transmisiones televisivas a las 6 de la mañana. Inolvidable en la escuela todos en los salones con su tele gritando el gol de Quirarte a Bélgica en el Azteca. ¡¡¡El Golazo de Negrete!!!!

El América de Antonio Carlos Santos, de Farfán, de Zague, Hermosillo y su gol en la final ante el Cruz Azul de Patricio Hernández, de Héctor Esparza, de Narciso Cuevas, Porfirio, Duana, Raúl Arias, Ricardo Mujica entre otros.

En fin, aquella década de los 80’s fue importante en todos los sentidos. No sólo el futbolístico, sino el musical, el político, el económico. Tuvimos una crisis tremenda en el año 1982, el terremoto en la Ciudad de México en 1985 y cómo olvidar el cometa Haley visto por última vez en 1986. Inolvidable la hazaña de Rodolfo Neri Vela, quien tripuló el Trasbordador Espacial Atlantis en 1985, siendo el primer astronauta mexicano y segundo astronauta latinoamericano en volar al espacio. Por supuesto el Mundial de México 1986 y la magia de Maradona que llevó a la Argentina a obtener su segunda Copa Mundial.

Podemos seguir charlando de mil anécdotas y recuerdos. De un sin fin de jugadores y de muchos partidos que hoy día seguimos recordando y que créanme es difícil olvidar, máxime ahora que nuestro fútbol pasa una de sus más terribles crisis tanto en lo deportivo como en lo federativo.

Que vivan pues aquellos años maravillosos, aquella década donde el fútbol era algo más que un simple juego de pelota…

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