Rolemos banderas en suelo azteca

Disculpen por no escribirles estos días pero me tomé unas vacaciones. Pero bueno, no entraré en detalles. Recién desempaquetado de playas caribeñas me entero de que el Puebla contrató los servicios del Pescadito Ruiz, un jugador guatemalteco que es figura en su país y en su Selección. Bienvenidos sean los jugadores centroamericanos a nuestra liga. ¡De vez en cuando es bueno ver otros horizontes! ¿o no?

Basta ver que México ya no es el gigante del área y que países como Honduras, Guatemala, Costa Rica y Panamá nos han perdido el miedo y juegan sin temor. Recientemente alucinamos nombres como Carlos Costly o Carlos Pavón, quien ya ha probado las mieles del triunfo en estas nuestras tierras aztecas. No obstante, han figurado más nombres que se han ganado el respeto en la liga mexicana, como Felipe Baloy, por ejemplo. ¿A poco no?

Desafortunadamente seguimos empeñados en voltear hacia Sudamérica para la contratación de jugadores que ocupen las plazas de extranjeros en nuestros clubes. Ojo, no traigo nada contra ellos, simplemente es que nuestro fútbol requiere de variedad, de otras calidades (y cualidades). Digo, pensemos en que pertenecemos a la Concacaf y que los torneos que disputamos es contra equipos de la zona de Centro y Norteamérica (así les dicen). Nos hemos ocupado tanto de ir a Copa Libertadores y Copa Sudamericana (donde sin duda le jugamos al tú por tú a los equipos de las latitudes Conmebol) y hemos descuidado nuestra zona: tanto que vean cómo se nos aleja el Mundial. ¡Ahí vamos como devotos de San ¿algo? suplicando milagros!

Si hacemos memoria descubriremos que los futbolistas centroamericanos no han pasado desapercibidos en nuestro país. Algunos carentes de técnica, sí, pero saben portar la camiseta en la que han sido enfundados. Cómo olvidar a Hernán Medford en Pachuca, a Jafet Soto en Morelia, a Oscar Rojas en Jaguares y Morelia, a Carlos Pavón en Toluca y Necaxa. Al mismo Baloy en Monterrey. Más antaño a René Mendieta en Tampico Madero.

Voltear hacia otras ligas o países, que por soberbia consideramos inferiores futbolísticamente hablando, no tiene nada de malo. Por el contrario, enriquece el panorama de tableros reflejados en diversas canchas. Además nos une algo más que básico: el idioma. ¿Cómo es posible que hablando español no logremos entender la táctica para ganarles en la cancha? Quizá porque nuestros futbolistas hablan en pesos y ellos con el corazón. Quieta bandera, no es malinchismo. ¿Vemos la realidad?

Por hoy es todo. Dejen lavo la ropa que aún no saco de las maletas. Ya me fui a broncear y toda la cosa, como un anticipo relajante de las ¿tragedias? que se avecinan tanto en las eliminatorias mundialistas como en nuestra flamante liga “competitiva”. Con su permiso.

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