¡Vélez Campeón!

Vaya manera de proclamarse campeón la del equipo de Vélez. Cuando uno ve una definición de estas características, debe ser honesto y aceptar que la pasión que se vive en la Argentina por el fútbol es única.

Esta vez no había de otra para el club Vélez Sarsfield, era ganar o ganar y ante el rival directo en la lucha por el título, nada menos que el Huracán de Ángel Cappa que llegaba al Amalfitani con la posibilidad de empatar y ser campeón.

Un escenario más dramático no podía darse, la última jornada, los dos punteros y la copa y título del fútbol argentino en juego.

Día nublado, lluvioso y el temor de la suspensión del juego por unos minutos se hizo presente cuando Gabriel Brazenas, árbitro central, decidió suspender el juego unos minutos debido a la granizada impresionante que se dejó caer sobre Liniers.

A los 8 minutos Eduardo Domínguez anotó para Huracán pero Brazenas lo anuló por supuesto fuera de lugar. Decisión equivocada que influyó definitivamente en el marcador. Vélez se salvaba, pues hasta ese momento era Huracán quien manejaba la pelota de mejor manera.

El día presagiaba una tarde poco tranquila y bastante polémica. La suspensión del juego se hizo llegar por unos minutos cuando una verdadera granizada se dejó caer y sentir sobre el Amalfitani. Eran rocas heladas que tapizaron la cancha. La integridad física de los jugadores estaba en riesgo y correctamente se suspendió por espacio de 14 minutos esa primera mitad.

La reanudación de la misma fue complicada y máxime para los jugadores que se enfriaron y retornaron medio desconectados, aunque pronto se volvieron a encender las acciones. El juego era cada vez más ríspido, se llegó a jugar muy fuerte pero siempre buscando el balón y el trato correcto del mismo.

Se presentó la primera gran oportunidad del juego cuando Hernán Rodrigo López tuvo un tiro penal para Vélez y parecía que el juego se empezaba a aclarar, pero erró el disparo y la figura de Gastón Monzón se hizo grande en el marco de Huracán.

Vino a menos el equipo de Liniers y Huracán terminó la primera mitad con el ánimo por las nubes.

La cancha lastimada por la lluvia y el granizo fue determinante en el transcurso de la parte definitoria, pues las barridas se hacían cada vez más fuertes y el pretexto de la cancha mojada dejaba la duda de las reales intenciones de cada entrada.

Para el segundo tiempo el partido estaba encendido. Los minutos corrían y Huracán veía cerca la otra orilla y se empezaba a sentir el fracaso en Vélez. La desesperación comenzaba a hacer acto de presencia y los jugadores daban el todo por el todo. Vélez fue, paradójicamente, un huracán de ansias y deseos. Eran ya más ganas que fútbol por parte de las escuadras que tenían a sus fanáticos con el corazón a mil por hora.

Cerca del final, se dio una jugada de penal clarísimo a favor de Vélez, pero el central dejó pasar pues la jugada fue apretada y realmente complicada. Un minuto más tarde y faltando escasos siete para el final del juego, la explosión de júbilo se hizo presente pues Maxi Moralez en un rebote puso el balón dentro de la portería y la locura no se hizo esperar. Vélez acariciaba su séptimo título de la historia.

En ese momento se perdió el control de todo y no sólo por el gol, sino porque la jugada vino precedida de una falta clarísima sobre Gastón Monzón, meta de Huracán, quien en el disparo previo recibió una plancha tremenda, quedó tirado, lesionado, y Moralez aprovechó y empujó el balón al fondo.

Ángel Cappa era un dragón furioso. Los reclamos fueron tremendos y el juego se ensució. De ahí se reanudó y los recogebalones desaparecieron por arte de magia. Cappa molestísimo comenzó a insultar a todo el que se le atravesaba en el camino. El juego se suspendió por casi ocho minutos nuevamente en lo que el orden regresaba.

El central del juego perdió totalmente el control del mismo. Se agregaron 13 minutos y, para colmo, el anotador del gol fue expulsado en el festejo del mismo pues se quitó la casaca y ya estaba amonestado.

El final era un monólogo con Huracán encima de la meta de Germán Montoya, quien salvó una jugada en la que se cantaba ya el gol de los visitantes pero que increíblemente no entró. Sebastián Domínguez se crecía y adelante Vélez dejó dos jugadores en punta para contragolpear a Huracán.

Cerca estuvo Vélez de hacer el segundo en una gran combinación entre Rodrigo López y Leandro Vázquez, pero éste en un mano a mano estrelló el balón en la humanidad de Monzón y se fue a esquina.

Enésima trifulca en ese momento y una pedrada para Sebastián Domínguez quien terminó el juego con el rostro ensangrentado en un guión de cine no apto para cardíacos. Cappa seguía furioso en la banca, debió ser expulsado mucho antes pero al árbitro ya le urgía terminar una pésima actuación, ya ni cuenta se daba de lo que pasaba.

El juego llegó al final, ¡Vélez Campeón! Los cánticos estaban en todo lo alto, Huracán fue dignísimo subcampeón, terminó aceptando la derrota yendo a agradecer a sus fanáticos en una de las tribunas que se les dejaron.

Invasión total a la cancha, los fanáticos se metieron, dieron la vuelta olímpica, el llanto y el drama de unos contrastaba con el llanto de felicidad de otros. Los jugadores sin ropa prácticamente levantaron el trofeo de campeón, el trofeo que gana el mejor del torneo y que hoy le pertenece a Vélez Sarsfield, que merecidamente levantó su séptima liga y dio a sus aficionados la alegría del año.

Huracán se fue con las manos vacías, pero dejó una estampa sensacional de lucha y de coraje en una cancha que este domingo fue testigo de un capítulo más en la historia del fútbol argentino. 

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