¿Cinco árbitros? ¿Y si mejor quitamos uno?

La UEFA junto con la International Board anunciaron como medida experimental la incorporación de dos árbitros más en los partidos de la nueva UEFA Europa League que inicia en su fase final el 17 se septiembre. Esta decisión surge luego de ponerlo en práctica durante el Europeo Sub-19. Si la medida tiene éxito, dicen, se extenderá a todos los partidos del Viejo Continente.

“Además del árbitro principal y de dos asistentes en las bandas, otros dos asistentes se colocan detrás de la línea de meta, con la misión de centrar su atención sobre los incidentes que ocurren en el área de pénalti, como las faltas o la mala conducta”.

En el fútbol el árbitro es sinónimo de polémica, ni más ni menos. Cualquier tema que se relaciona con los silbantes es punto de discusión.

Si bien la medida va dirigida a «mantener el sentido humano en el fútbol», es decir, evitar a toda costa utilizar la tecnología para reemplazar el limitado ojo humano que no puede ver y estar en todas y cada una de las situaciones que suceden en la cancha.

Normalmente el futbolero se resiste a la tecnología, porque más allá de tener el deseo romántico de que el fútbol se mantenga casi intacto respecto al juego que se reglamentó hace más de cien años, hemos visto infinidad de ejemplos en donde los comentaristas dividen opiniones respecto a una jugada determinada aún con la herramienta de la repetición a sus órdenes. Esto quiere decir que la herramienta de la repetición tampoco elimina completamente la duda y la discusión.

Pregunto: ¿No será que con más árbitros tendremos más indecisión, más duda? Pienso: El jugador está predispuesto al engaño y al reclamo como hábito para contrarrestar lo que ellos suponen como un silbante que sí o sí cometerá errores en su trabajo. Punto de partida: En un cascarita llanera, con árbitro, en la cancha más olvidada del mundo, vemos exactamente la misma actitud de parte del jugador. Al señalarse una falta, no importa si la decisión fue correcta o incorrecta, los jugadores afectados reclamarán al árbitro por la injustica, mientras que los favorecidos también reclamarán ya sea por una amonestación o una expulsión. Continúo: Si el árbitro se equivoca, los jugadores inmediatamente salen disparados contra el asistente para que éste oriente al central y remedie su error. Por supuesto nunca ocurre, aunque el asistente sepa que su compañero equivocó la decisión. Pongo en la mesa otro dato: Si esta misma cáscara recóndita se juega sin árbitro, cuando un jugador comete una falta, por supuesto no pitada por nadie, el mismo infractor cede el tiro libre al rival, primero porque acepta que la hubo, y segundo porque sabe que al ceder la infracción, más adelante se habrá ganado la cortesía de ser tratado de la misma forma. Termino: Además, al no haber silbante, no habrá clavados, no habrá engaños, no habrá reclamos. La razón es sencilla, no hay a quien engañar ni hay nadie a quien reclamar. ¿Para qué tirarte dentro del área si el encargado de cederte la infracción es aquel que no te ha cometido falta alguna?

Ante esto mi solución es muy simple: Una medida, al menos que merecería el beneficio de la experimentación dentro de algún torneo juvenil, sería retirar uno de los tres árbitros. En este caso el sacrificado tendría que ser el central, porque los líneas son imprescindibles para efectos del fuera de lugar.

Propongo dejar fluir el juego con una dinámica aún más antigua, aún más básica, en la que los mismos jugadores dispongan del derecho de señalar sus propias infracciones y elevar al grado máximo el bonito, pero enjaulado término del Fair Play. Por supuesto hay que entender esta idea con la supervisión de los asistentes, ya que ellos serían los que definitivamente oficialicen mediante un silbatazo la marcación ya acordada por los involucrados.

Desde ya les digo que con esto se eliminarían por completo las actuaciones, los clavados, las exageraciones y los reclamos. Insisto, si no hay a quien engañar ni a quien reclamarle nada, eso sería cosa del pasado. Y vuelvo a insistir, con un árbitro en la cancha, el jugador afectado reclamará siempre, en todos los casos, incluso cuando él sepa que el árbitro ha decidido correctamente. Visualizando lo que será un juego con cinco árbitros, les garantizo que ante la primera decisión polémica veremos una locura, un absurdo, habrá jugadores corriendo en cinco direcciones para reclamarle ¡a cinco personas distintas! Esto sin contar lo patético que sería ver a cinco tipos discutiendo, sin ponerse de acuerdo, la decisión de una jugada.

Esto lo he charlado con conocidos y ha dado para todo, desde el asombro por la lógica que esto lleva, hasta el reconocimiento de que es buena la idea, pero imposible por utópica.

Acepto que hay algo de ingenuidad en la propuesta, pero debo decir que hasta hoy no he encontrado a nadie que deseche al cien por ciento la idea, porque como eso, y nada más como eso, no suena nada mal.

La reciente decisión de la UEFA da para explicar esta idea que me viene dando vueltas desde hace un rato. Además, me adelanto antes de que a alguien más se anticipe. Así que si alguna vez escuchan esta locura, tendré el ¿orgullo? de haber puesto el ocio futbolero al servicio del fútbol.

Al final lo que todos queremos es que el juego mejore y que el espectáculo sea más bondadoso con el público.

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