El espejo de Aguirre

«Pica bien Ramón, por el otro lado Flores descubierto… La tiene Patiño, es suya, se tardó Hugo, ¡goooool!»

¿A poco no se acuerdan? Era la narración canina en las eliminatorias mundialistas del ya lejano (como lo quisiéramos ahora), entrañable, 1994. El Tricolor que nos representaba en ese entonces estaba conformado por jugadores como Jorge Campos, Claudio Suárez, Raúl Gutiérrez, Ignacio Ambriz, Alberto García Aspe, Joaquín del Olmo, Jorge Rodríguez, Ramón Ramírez, Zague, Marcelino Bernal… hasta el mismo Hugol. El jefazo de la táctica era Miguel Mejía Barón. ¡Equipazo caray, equipazo!

Aquella Selección del ’94 (reitero la fecha para recordar que tenemos memoria) viene a colación porque justo ahora contamos con un equipo ¿completamente? incompleto, y no es redundancia, es la neta, totalmente opuesto a esa generación. ¿En qué hemos cambiado futbolísticamente a lo largo de 15 años? Curiosamente Javier Aguirre fungía como auxiliar de Mejía Barón en esos años mozos. ¡Ay Vasco, entendemos la pena de mirarte al espejo!

Pasemos a los detalles, que no comparativos, de lo que poseían los chicos del ’94 y carecen los chicos de hoy (hasta el apelativo les viene como anillo al dedo) y nomás no sé por dónde lo puedan hallar. Comencemos con la condición física. ¿Recuerdan a los Ambriz, Del Olmo o Suárez lesionados? Ahora vayamos a los tiros de larga distancia, ¿quién le pegaba mejor al balón, Ambriz, Aspe, Marcelino, Galindo, Del Olmo o Rodríguez? Ah caray, actualmente no tenemos tiradores.

Cómo no resaltar a los definidores: si no la metía Hermosillo, lo hacía Zague, y si no era él ahí estaban Luis García, Paco Uribe, Luis Flores y Luis Miguel Salvador. ¿Hoy quién define? A ver, vamos a tratar de pronunciar sus apellidos: Sab…, no, no, no. Vel… no, no, no. Gio…, menos. ¡Tampoco tenemos definidores! ¿Y laterales? Castro sube pero no centra y siempre tira el balón a su propia portería. ¿Qué creen? En la del ’94 Ramón no sólo subía y centraba, ¡metía goles!

Ni tiradores. Ni definidores. Ni laterales. Tres puntos básicos del fútbol no los tenemos en México. Uyyyy, los tuvimos, pero ya hace algunos torneos. Es más, eran campeonatos largos. América, Cruz Azul y Guadalajara no daban pena. Estaba el León en Primera División. El Cadáver Valdés tuvo la oportunidad de portar la verde. El Azteca era imbatible. No se jugaba con miedo. Los partidos amistosos eran contra Hungría, Bulgaria, Suecia (recuerden el escupitajo de Hermosillo a Ravelli). A Martinica se le metían 11 goles, a Estados Unidos de a 4 por lo menos. No teníamos jugadores en Europa. No existían las lesiones. Cinco equipos jugaban en la capital. ¿En verdad hemos cambiado?

Hay que tomar en cuenta que entre la del ’94 y la actual hay un periodo osasunesco y colchonero que como truco de magia transformaron el rostro de un vasco mexicano ¿o al revés? que lucha contra los resultados presentes causados por un lapso que no pertenece al pasado, simplemente algo pasó y Aguirre trata de comprenderlo, pero no lo entiende. Ojalá te veas al espejo y esté ahí Mejía Barón. Ojalá te veas al espejo y veas a la generación del ’94. No te asustes Aguirre, tan sólo te dejaron la generación de cristal. Mientras tanto, vivan los torneos cortos, competitividad pura: puros tiros de largas distancia, centros y excelentes tiradores. ¡Hurra!

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