El precio de una identidad

Cuando escuchamos hablar de los jugadores de antaño y del amor a la camiseta nos damos cuenta que esos son valores que se han ido perdiendo y que el futbolista es, hoy por hoy, uno de los productos de mayor comercialización en el mundo. Hay quien critica mucho que ciertos jugadores cambien de equipo con la ligereza y rapidez que cambian de ropa interior, pero ¿no será que ese comportamiento es parte natural de lo que en el mundo se vive comercialmente hablando hoy día?

Este lunes 13 de julio se ha hecho oficial el traspaso de Carlos Tévez al Manchester City. Cabe recordar que durante las últimas dos temporadas, el famoso Apache, como se le conoce a Carlitos, jugó para el equipo vecino del City, equipo que incluso abrió la opción de comprarlo de manera definitiva pero que no pudo retenerlo.

Las razones por las que Tévez haya decidido emigrar al City sólo él las conoce y en mi particular punto de vista es válido que el futbolista actual decida el lugar al que quiere emigrar, y lo haga feliz y dispuesto para seguir haciendo su trabajo. Sin embargo queda algo ahí flotando, algo que quizá los futbolistas han dejado a un lado cuando se trata de negociar su pase a otros equipos, sobre todo cuando se manejan cifras altísimas. Me refiero a la afición.

Tévez estaba convertido, si no en el ídolo, sí en el consentido de la afición del United, al grado de corear al unísono su nacionalidad cuando ingresaba en los partidos, sobre todo de Champions League. El grito de ¡argentino, argentino! era estremecedor cuando Carlitos pisaba la cancha del Old Trafford. La afición del United a pesar del cariño que le ha tenido a este jugador pampero durante dos temporadas, ahora está dolida pues Tévez rechazó una oferta de cinco años para enrolarse en el equipo y rival directo de los rojos, me refiero al City.

Me llegan a la mente los casos de Luis Figo, que pasó del Barcelona al Real Madrid. Otros casos de jugadores, que aunque no de manera inmediata pero vistieron dos camisetas antagonistas entre sí, el de Roberto Baggio, quien jugó en Milan e Inter. Clarence Seedorf igualmente con los equipos de Milán, Michael Laudrup del Barça al Madrid, Schuster el mismo caso y que después fue al Atlético de Madrid. Javier Saviola, Ronaldo, Luis Enrique, Crespo, Christian Vieri. En Sudamérica Batistuta de River a Boca, y Caniggia igualmente. En México aquel sonado y ruidoso caso del pase de Ramón Ramírez del Club Guadalajara al América. También Luis García y Ricardo Peláez, que aunque a éste se le recuerda más en Necaxa, inició su carrera en América y pasó por Guadalajara. Carlos Hermosillo, Joel Sánchez también, y la lista se puede hacer más grande cada vez.

Razones por las que un jugador decida cambiar de camiseta y vestir la del rival deportivo directo de donde viene, hay muchas: mala relación con el entrenador, poca continuidad, no estar de acuerdo con los objetivos deportivos del club, mala relación con directivos, etc. Pero cuando hay identidad con el club y con la afición, cuando interesa el jugador para quedarse mucho tiempo más y sobre todo cuando está en un equipo ganador y además bien pagado… sólo queda el plano personal y ese es muy respetable.

La identidad futbolista-club se está perdiendo y esto ya se está haciendo normal, y cuando escuchamos a jugadores como Kaká, Cristiano o Benzema hablar de que su sueño de niños ahora es realidad y que ese sueño era jugar en determinado equipo, en este caso, el Real Madrid, creo que en vez de criticarlo debería aplaudirse pues nos hace pensar que aún existe el amor a la camiseta y que esos jugadores darán lo mejor de sí no sólo por ser profesionales sino por el sentimiento que los une a los colores que ahora defienden.

Igual de aplaudible es la actitud de un Messi, que al ser blanco de rumores dejó claro con mucho respeto y educación que si el Madrid se interesa en sus servicios definitivamente él no dejaría al Barcelona por su sentimiento, y claro está, por la afición que quedaría lastimada.

En fin, la identidad del futbolista con un club no quiere decir que toda la vida tiene que quedarse a jugar ahí ciertamente, además que el futbolista económicamente también tiene derecho a ganar lo que su fútbol y sus aspiraciones le permitan.

Las cifras que se están manejando en Europa por los traspasos de los jugadores están rompiendo con el mercado e inflando cada vez más al futbolista que al verse halagado por la cantidad de dinero que vale su pase opta por emigrar al mejor postor.

Casos como el de Figo que a la fecha no puede pararse en Barcelona para jugar un partido de fútbol, juegue con quien juegue, pues su pase al Madrid simplemente no ha sido perdonado por la afición culé, es un ejemplo de una identidad perdida que a final de cuentas le dio dólares y euros, ¿pero a qué precio? Figo actualmente está cerca del retiro, nadie duda de su calidad pues fue un crack, pero lamentablemente ha sido recordado mucho tiempo por el ruidoso traspaso de aquellos años.

Y me pregunto si finalmente los jugadores que pasan por estos casos terminan ganando o perdiendo credibilidad como futbolistas. ¿Eso afectará en determinado momento aspectos de sus vidas o realmente es ya tan normal que todo se olvida?

Esa respuesta sólo ellos en su interior podrán saberla.

FacebookTwitterWhatsAppEmail

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *