Agua y aceite en el fútbol

Bueno, pues ahí tienen que el Vaticano, a través de la Fundación Juan Pablo II, para el deporte, criticó (así lo manejan algunos medios, aunque bien podrían decir despotricó, soltó la ira o se enojó) a la FIFA, más claramente Joseph Blatter, por “intentar” prohibir las manifestaciones religiosas en el fútbol. Esto después de la celebración que hicieran los jugadores brasileños al final del partido contra Estados Unidos donde se coronaron campeones de la Confederaciones en Sudáfrica.

Partamos de que el agua y el aceite no se mezclan, lo dice la química, comprendemos que hay tres temas que casi nunca se tocan por aquello de entrar en discusiones donde casi siempre se ausenta la razón, a no ser para los intereses particulares de quien se pronuncia; estos son: política, religión y fútbol. Ahora bien, tampoco es para tanto alboroto que un jugador o un aficionado manifieste sus creencias religiosas siempre y cuando sea con respeto. ¿Utopía? Digo, si tomamos en cuenta que barras argentinas identifican a Jesucristo como seguidor del equipo que son partidarios y no se ha generado mayor polémica por parte de la FIFA y de la Iglesia católica por estos casos, ¿por qué ahora si?

Hay que observar la realidad de descrédito que ambas influencias de las masas (fútbol y catolicismo) atraviesan actualmente y que el éxodo de sus fieles hacia otros deportes y religiones respectivamente es cada vez más inminente, deben alzar la voz y posicionarse para evitar una mayor fuga de sus devotos. ¡Qué mejor que ir de la mano y justo en el país sede del que será el próximo Mundial! Sin embargo, hay que ver que la FIFA no avala dentro del fútbol profesional a Palestina, donde reside comunidad musulmana, y que el Vaticano no se pronuncia de igual forma en apoyo contra el descrédito que sufre la mujer en Medio Oriente, por estrictas reglas del Islam, para integrarse sanamente como aficionadas a este deporte.

Y para no variar la opinión del aficionado no cuenta. A los partidarios de la Selección brasileña dudo (o sáquenme de la duda) que les afecte que Kaká sea cristiano, cuando lo que les importa es ver que el hombre-jugador derroche en la cancha el talento que le fue concedido por el Dios de su creencia y que cuando toca el balón el aficionado promedio (y somos muchos) no gastamos la mente pensando en la FIFA o en el Vaticano. Pónganse de acuerdo; el fútbol debe ser una fiesta.

Digamos que lo anterior son palabras mayores para los golpes de pecho que se da la Femexfut en nuestro país al prohibir que los jugadores celebren la máxima del fútbol, que es el gol, portando máscaras de sus luchadores favoritos o simulando la actuación de un personaje de sus películas favoritas. Si de por sí nuestra liga carece del fútbol espectáculo y ofensivo que ansiamos ver, peor aún es que un jugador que anota en un torneo acostumbrado a la defensiva no pueda soltar la tensión, estrés o alegría de haber anotado ¡un gol! Y para colmo, deba quedarse callado porque en su defecto lo amonestan o lo expulsan.

Uno ya no entiende nada, ¿y ustedes?

FacebookTwitterWhatsAppEmail

10 comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *