¡Por dios hacelo Cuevas! ¡haceeelo Cueeevaas!

Jornada 16 del torneo Clausura 2002 argentino. Una definición de locura. Uno de esos momentos que nos recuerdan por qué no podemos separarnos de este juego.

River recibía a Racing en el Monumental. Los Millos llegaban como líderes sumando 34 puntos, sólo uno más que Gimnasia y Esgrima de La Plata que ya había jugado su partido. Atrás, con 28 puntos, Boca y justamente La Academia, quien necesitaba el triunfo o cuando menos el empate para seguir con vida y buscar el bicampeonato de la mano de Mostaza Merlo. De ganar River, dejaba fuera de la lucha a todos excepto a Gimnasia, de quienes se alejaría cuatro puntos con nueve por disputarse. Es decir, el triunfo millonario aseguraba más de medio título.

El trámite del partido hoy no viene mucho al caso. Podemos decir que el equipo de Ramón dominó la primera mitad depositando el juego en D’Alessandro y Chacho Coudet, con Cavenaghi luchándola adelante. Racing, en cambio, más precavido se soltó un poco para el segundo tiempo, pero siempre asumiendo que el empate aún lo dejaba con esperanzas.

Nos vamos hasta el minuto 89. Nelson Pipino Cuevas ingresó al campo en uno de esos cambios que el jugador nunca logra entender. El paraguayo, por cierto, nunca del agrado del Pelado. Ortega no estaba, Maxi López suspendido y Snaider lesionado forzaron el ingreso del último nombre que se asomaba en los pensamientos del técnico. Ni hablar, había que ganar y Pipino era lo único disponible.

Ingresó, y para ponerle dramatismo al asunto, inmediatamente el árbitro Daniel Giménez cobraba foul para Racing en los límites del área. Toda la gente de Racing veía ahí la última jugada del partido y la esperanza del triunfo que los metiera de lleno en la pelea por el título. Al mismo tiempo, en La Plata, los hinchas del Lobo escuchaban expectantes por radio la posible derrota riverplatense que les permitiera seguir soñando.

Sancionada la falta, Comizzo se hizo de la pelota, lo que provocó que un apresurado Arano se la arrebatara de las manos con una mini pelea mediante. La actitud del arquero enojó a más de uno, teniendo a Maciel como el hombre que fue a encararlo. Ángel David lo recibió con una patada bien vista por Giménez y lo echó. Hasta en eso se emparejaba, Bastía había recibido doble amarilla por lo que Racing jugaba con diez.

Los cambios se agotaron con Cuevas, lo que exigía que un jugador de campo tenía que ponerse los guantes. El valiente, o quizá el ingenuo, fue un joven e inexperto Demichelis.

Momento límite. River sin arquero, con tiro directo peligrosísimo en contra, último minuto del juego, con un 0-0 que le sabía a poco y con un Racing que al fin veía la puerta para llevarse el triunfo y revivir la ilusión del bicampeonato.

¿Quién para pegarle? Ya Bedoya había exigido a Comizzo en dos ocasiones. Demichelis no tenía idea cómo armar su barrera mientras se le notaba que ni siquiera se había puesto bien los guantes. El relator partidario de River anunciaba: “si acierta al arco va a ser gol de Racing lamentablemente”. Se alistaba Bedoya otra vez, Estévez y Ubeda. La sensación era que Racing se iba de Núñez con el triunfo o que River rescataría un empate milagroso.

Todo listo, Bedoya, el candidato de todos para pegarle tomó carrera y pasó de largo, Estévez tomó dirección al balón pero para tocarla suavemente hacia atrás invitando a Claudio Ubeda que reventara una portería defendida por un adorno. Claudio disparó en última instancia sólo para que el balón rebotara en Cambiasso y de ahí el rebote fuera ganado por Ricardo Rojas, quien ganó de cabeza, metió quinta, y de inmediato soltó la pelota para una flecha paraguaya que iba picando por el centro del campo sin más rivales que Campagnoulo y el destino. En menos de dos segundos el silencio se hizo estruendo, la gente se ponía de pie, los suplentes salían de la banca anticipando que verían la jugada histórica.

Campagnuolo, más solo que nunca, retrocedía con saltitos mientras advertía azorado que no había más que esperar a Cuevas en la jugada que definía el campeonato. ¡Imagínense todas las cosas que le pasaron por la cabeza en 2 o 3 segundos al arquero! Aguantar, salir a tapar, enfrentarlo, hacerle una falta exponiendo la expulsión, rezar para que un rayo le caiga al Pipino… Intentó la barrida en la media luna pero falló. Cuevas adelantó lo necesario para quedar solo frente al marco, Campagnuolo quedó sin posibilidad de nada más que cerrar los ojos y morderse la impotencia. Pipino empujó el balón a la gloria.

Todo fue tan fugaz que no dio tiempo de nada más que festejar el gol, el triunfo y medio campeonato entre gritos rojiblancos que 7 u 8 segundos atrás nadie hubiera imaginado.

Se dijo que sería el partido del campeonato y hubo razón. En realidad podemos reducirlo a “los 5 minutos del campeonato”, momento en donde realmente se condensó toda la pasión y toda la locura que brinda noblemente este juego.

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2 comentarios

  1. Sergio jueves 16, julio 2009 at 9:43

    inolvidable ese momento, lo grité más que el locutor, jaja, saludos Jairo y gracias por los recuerdos gloriosos, ojalá regresen pronto para la afición de Riveeeeeeerrrr!!!!!!

  2. George (chocho) jueves 16, julio 2009 at 15:01

    Que buena nota Jairo y muy buenos videos, ojalá en México existieran ese tipo de narradores, que no les importe que la gente sepa a qué equipo le van, que se desgarren la garganta coreando los goles. Jaja a ver si puedes hacer nota sobre el campeonato del américa en el 2002, en donde el misionero castillo nos hizo campeones chingaoooo!!!!

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