El villamelón

En las edades en que apenas y sabemos limpiarnos los mocos, ya comenzamos a apoyar un equipo de fútbol. El primer paso de esa nueva comunión está ligado al vínculo familiar: que si mi papá le va a tal, yo también le voy. Ya con el sentimiento adoptado viene la etapa de aferrarse a defender la playera que nos simpatiza. “Es el mejor equipo porque lo digo yo… y mi papá”. Actuamos con la víscera antes de darle rienda suelta a la razón y al corazón. Claro, hay quienes si nacen tatuados con el equipo al que le irán.

Conforme pasan los años, y ya sin la influencia del “porque lo dice mi papá”, hay de dos: o sustentamos la devoción por el equipo o nos cae el veinte y por salud mental cambiamos de equipo. ¿Traición o inteligencia? Comportándonos como jueces caemos más rápido en la sentencia de castigar a Judas que cederle el beneficio de la duda y comprender su decisión (o angustia) de darle un giro a los colores de la playera. Es así como conocemos a los villamelones. Como diría Cantinflas: esos que deciden estar, pero no están y sí están.

En México cambiar de equipo es casi un sacrilegio, de no ser porque si el equipo elegido para ser adepto de una nueva institución son el Puebla, San Luis o Necaxa (con el debido respeto y guardando las proporciones). Pero imagínense si a un Rebel se le ocurre pasarse a La Monumental, o un Zorro cambia de piel a Chiva; ni que decir si de Rayado se toma la osada decisión de convertirse en Tigre. Aclaro: también puede ser a la inversa.

Dicha trasgresión a los principios éticos y morales del fanático es irreparable y por ende la condena es abismal. Más aún, si la decisión proviene de un impulso, de un momento de ira o desesperación, que la única solución en ese instante es decir: vamos a ver qué se siente estar del otro lado, “ellos si ganan”. ¡Ay de los villamelones!, no aguantan nada. No obstante, su cobardía tiene un precio más alto que el del rechazo vitalicio, además de la culpa por no ser valientes. Pongamos un ejemplo: un buen día deciden dejar de apoyar al Guadalajara por malas temporadas y su alternativa es irle al América, porque por lo menos gana los clásicos. ¡Oh sorpresa!, a la siguiente temporada de su traición el Guadalajara es campeón. ¿Ley de Murphy o Justicia Divina?

Ahora imaginemos al villamelón en otras latitudes. Pensemos en un hincha de Boca convirtiéndose a la hinchada de River. Visualicemos a un fiel seguidor del Barcelona frustrado y que la única opción, en lugar de someterse a una lobotomía, es castrar su fidelidad azulgrana e injertarse un miembro con el sello del Real Madrid. Disculpen si se lee vulgar, pero es una analogía que bien puede apegarse al caso. O a un olimpista que al puro estilo de “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” borra de su memoria el pasado y vive un nuevo presente como líder de una de las barras más importantes del Cerro Porteño.

¿Qué hacer con ellos?, ¿en dónde denunciarlos?, ¿cómo hacerles reflexionar?, ¿hay grupos especializados que atiendan esos casos?, ¿tienen identidad propia?, ¿su última palabra está libre de culpa?, son enigmas que sólo nos puede ayudar a resolver un villamelón. Si conocen alguno, díganle que no sea gacho y nos diga qué onda. Villamelón, si estás ahí: manifiéstate.

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8 comentarios

  1. Elías domingo 19, julio 2009 at 0:04

    jejeje… la villamelonía se da en muchos ámbitos, digamos que lo relaciono con la gente «tibia» que jala pa donde va la corriente, o por «salvarse» cambia de dirección, que grita y despepita contra algo o se apasiona con otras y a la hora de la verdad, se hace de la boca chiquita y deja al equipo hundirse solo, pero esperemos a que un villamelón se manifieste y nos explique qué pasa.

  2. Isaura domingo 19, julio 2009 at 0:06

    Disculpen, esa de arriba fui yo, pero usé la misma máquina de Elías y estaba el nombre grabado, disculpa.

  3. Marco domingo 19, julio 2009 at 18:29

    Los segundos equipos son cosa más común en México: gente que le va a Pumas cunado entra a la Unam, pero también a su equipo, a los dos, dicen. Y que ¿si entran a trabajar a Televisa o a Cementos Cruz Azul le irían a tres? Uno ya no sabe ni cuando burlarse de un resultado o preguntar por un partido. Monogamia panbolera, por dios.

  4. George (chocho) lunes 20, julio 2009 at 9:59

    En México es común el factor villamelón, pues me ha tocado conocer a muchos seguidores de Pumas, que previo a apoyar a los de la UNAM, apoyaron a 2 o hasta 3 equipos antes y se respuesta siempre es: ES QUE YA LE VOY A PUMAS PORQUE ESTUDIO EN LA MÁXIMA CASA DE ESTUDIOS, como diría Juan Camaney «AY NO MA…», personalmente creo que es una de las excusas más tontas (por no decir otra palabra) para cambiar de equipo. No dudo que existan otros villamelones que hayan cambiado a otro equipo, pero de mis conocidos, el 95% se ha cambiado a Pumas y esa ha sido su respuesta…

    • Elías Leonardo martes 21, julio 2009 at 19:22

      Mi estimado George, gracias por compartir su aversión por los Pumas. Pero le recuerdo que también hay Chivas que utilizan la excusa del «porque somos mexicanos», o americanistas que dicen «porque es el equipo a vencer». Y sin embargo, no es fundamento suificiente para ser villamelón. Imagínese que usted ahora quisiera portar la playera auriazul, ¡que tal! Saludos

  5. Izrael Blanco lunes 20, julio 2009 at 23:53

    Los que le van a Pumas son toooooodos villamelones y seudoestudiantes jejeje que casualidad que nunca se ponen la playera y ahora que fue campeon ya salen pumas por todos lados… y pero aun la estampita que pegan en sus coches de familia puma no bueno por favor eso es ser villamelon y ridiculo…

  6. Marco viernes 24, julio 2009 at 13:14

    Ah claro, no son sólo los Pumas (aunque se dan más por aparecer derepente) hay gente que le va a Atlas y Chivas, por que «le gusta Guadalajara» pero bueno, eso es sí es ser villamelon. El aficionado de verdad solo sufre por un equipo, llora por una camiseta y se llena de alegría verdadera por un sólo escudo. Los demás nomás le hacen al cuento. Y vale que todos suframos por el Tri en su momento.

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