¡Bien abusados!

En la década de los noventa algunos jugadores de los Estados Unidos de América pisaron tierras mexicanas para jugar al fútbol y no llegaron de manera casual, pues recordemos que traían a cuestas el haber logrado la hazaña de clasificar al Mundial de Italia ’90 y, cuatro años después, llegaron a octavos de final.

Previo a esa época y a pesar de la cercanía con nuestro país, el fichaje de jugadores “norteamericanos” por parte de clubes mexicanos era inexistente. Fue entonces que después de figurar en dos mundiales consecutivos los directivos mexicanos voltearon hacia arriba y decidieron apostar por futbolistas que desconocían por completo el panorama futbolístico abajo del mapa. ¡Eso nos hicieron creer!

Fue así que el León le abrió las puertas a Marcelo Balboa y en un breve periodo a Eric Winalda. Los Tigres trajeron a Tab Ramos, que generó buenos dividendos en el equipo norteño. Cruz Azul, considerado uno de los grandes, le daba la oportunidad a Cle Koiman. En el Atlas jugaba, y cobraba los penales, Martín Vázquez, quien fuera auxiliar de Klinsmann en el Bayern Munich hasta hace unos meses. Dominic Kinnear vino al Necaxa en plena época de gloria lapuentista; no figuró pero bien podrá decir que formó parte de ese glorioso (ay de los Rayos) equipo. Mike Sorber vino a Pumas y no lo hizo tan mal. Incluso Santos le dio cabida a Tony Adams en la portería.

Si bien no fue una camada numerosa, fue pionera de la internacionalización del fútbol gringo y del operativo “durmiendo con el enemigo”; pues aprendieron rápidamente las mañas de nuestra liga (como rival directo de la zona) para comenzar el camino a dominar este deporte. Incluso fueron más allá: no pusieron trabas a utilizar jugadores naturalizados; mientras que a paso acelerado (y muy seguro) afinaban una liga, que sustentada en fuerzas básicas lograría que al día de hoy cuenten con una Selección conformada de auténticos norteamericanos ¡y en todas las posiciones! Quizá no sean muy buenos, pero le saben al asunto.

Increíble que en menos de 20 años hayan conformado una liga, que hayan pasado de un rival cómodo al enemigo a vencer en la Concacaf, que sus jugadores participen en las ligas europeas codeándose con lo mejor, y lo más importante, con minutos de juego. Increíble ver el respaldo y confianza que tienen a sus procesos y a los técnicos que los encabezan.

Penosamente, en México aún sigue generando polémica que jugadores naturalizados porten la verde. No sólo eso, sino que se ha descuidado el trabajo en fuerzas básicas y los procesos son prácticamente inexistentes. La continuidad de técnicos en los diferentes equipos es de risa: no pasamos de los mismos, y en algunos casos absurdos: José Luis Trejo como botón de muestra. Los internacionales apenas y juegan algunos minutos; y los que juegan se lesionan.

Así es esta historia: los gringos poquito a poco se fueron metiendo al mundo del fútbol y nosotros seguimos con las vendas, como momias. Como diría Sanz, y realmente perdonen la cursilería para la analogía, pero “maldito el maestro y maldito el aprendiz”.

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