El efecto galáctico

Dicen que el deporte más hermoso del mundo, que esos noventa minutos de pasión y locura, de amor y odio, de dolor, tristeza y plenitud, carece de lógica y gira dentro de una esfera impredecible. No basta con resultados que dejan perplejo a millones de espectadores, no es suficiente con las pasiones desbordantes que inundan el escenario verde, campirano, y tampoco termina con el simple hecho de que veintidós tipos sobrehumanos pateen una pelota y sean observados, acosados y explotados por el mundo entero.

Además de todo, el negocio cambia texturas, fanatiza intempestivamente a seguidores y compra-vende-adueña-diseña a equipos, jugadores y multitudes. En el fútbol de hoy, el impacto que se produce tras el anuncio de la llegada o salida de cracks, la derrama de millones y millones de monedas, se ha vuelto el pan de cada verano e invierno y se ha vuelto necesario.

Ahí tenemos a un niño que salió de la pobreza y ganó la lotería, trabajando en lo que más ama. Y no es precisamente la historia de Salim en Slumdog Millionaire, o en femenino, María la del Barrio con Fernando Ernesto… Pero el paralelismo es grande. En una villa nació, con una zurda/diestra inmortal y bueno, ustedes conocen la historia.

En fin, regresemos al tema. El diseño del sistema futbolístico de Havelange, perfeccionado por Blatter, aceptado por el público y cada vez más incongruente con el curso del mundo y la realidad de la sociedad, tiene cada vez más éxito entre los clubes, chicos o pequeños; entre los dueños, de uno, dos o tres equipos; entre los representantes.

Ahí un jugador que olvida sus tradiciones y es seducido por los enemigos. Allá un directivo obsesionado con tal pieza de colección. Más lejos un país conquistando a un desorientado y cambiándole culturas, idiosincrasias, recuerdos, reinventando vidas.

El Efecto Galáctico. Sí, en el mundo impera el fichaje contra la cantera. Reina lo mediático a lo productivo. El Efecto Galáctico como diseño integral del fútbol mundial. El efecto Florentino, tiene en el fútbol asociación, una historia y un arraigo inamovible.

Por eso, Real Madrid no produce Butragueños, Raúles o Casillas desde hace unos diez años. Por eso debutan jóvenes (niños) en las regiones subdesarrolladas, para que sean vendidos a equipos mejor situados económicamente. Por eso si el Madrid ficha a CR¿9?, Benzema y Kaká; el Barça se desvive por Villa, Adebayor o Ibrahimovic, tras ser multicampeón e imparable y con un vestidor más unido que nunca. Debido al Efecto Galáctico, se olvida la crítica al gastadero y se obsequia a otro Club a un goleador, un préstamo y millones, por el verano mediático.

Y sí, es emocionante, apasionante: ver cómo se arma un equipo, quiénes llegan y se van. Sí, es emocionante, apasionante: conocer la cantidad de dinero invertido en un espectáculo, que nos hace felices. Sí, es desconcertante: Al fin de cuentas, la revolución del mercado se lleva con todo y el dinero, las miles de emociones, recuerdos y expectativas del público, que también exige ganar a al precio que sea.

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