Cuando despertó, el buen fútbol todavía estaba allí

Dos años de tragedias, una depresión futbolística y una gran impotencia, se esfumaron en noventa minutos que fueron suficientes para que la Selección Mexicana de Fútbol lograra convocar a una multitud al Ángel de la Independencia de Reforma. En ese tiempo se sentaron en los laureles, perdón, trabajaron arduamente al frente de la Dirección Técnica verde, Hugo Sánchez y Sven-Göran Eriksson. Catástrofes más, catástrofes menos, podríamos resumir que la crisis se había hecho presente en el combinado azteca.

Los aproximadamente 24 meses humillantes lograron desvanecerse como llegaron: de la nada. Sí, tras las ilusiones, sentimientos y todo lo que generó el fenómeno Hugo, el fútbol (que también se traduce como negocio deportivo de la Femexfut) se plasmó un abismo de juego cotidiano.

Ese deambular sonámbulo que decapitó a Eriksson, absorbió las energías incluso del torneo liguero.  De nuevo, los grandes cayeron y los torneos se sintieron más largos que de costumbre.

La catástrofe llegó a su clímax en el momento en que los archirrivales y vecinos del norte, triunfaron en la Confederaciones. Más oscuro el panorama, imposible. Podría compararse con el River de último, o el América sosteniendo a todos los demás, o el Cruz Azul mediocre, o La Albiceleste goleada y sin pulmones en La Paz, o el Perú… sin ton ni son.

No es como para que se me echen todos y digan – ¡Qué pesimismo! ¡No me jodás! – pero es la realidad.

Luego de todo ese panorama nebuloso, donde México estuvo dormido, en coma, moribundo; un resplandor dorado abrió los ojos del público, jugadores y entrenadores.  La dupla Carrillo/Aguirre entendió que era el momento de despertar y ponerse a jugar (¡Por fin!).

Un baile, cual jarabe tapatío, con mariachis, con chile y con amígdalas, se apoderó del alma del estadio de los Gigantes de NY y con ello apabulló a los norteamericanos, los aplastó y se burló de ellos. Diez años después, México pudo ganarles en territorio yanqui.

Así, jugando un fútbol que no se veía desde hace mucho tiempo, México alzó la fea pero anímicamente invaluable Copa Oro. El quinto trofeo, el cinco a cero y el bailongo, no se visualizaba en la agenda de nadie, pero apareció mejor… imposible.  Sin embargo la ilusión que resurge en el vestidor mexicano, debe mantener los pies bien clavados a la tierra, ya que la historia de los Ratones Verdes habla por sí sola y estar despiertos nunca será suficiente.

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3 comentarios

  1. Luis Fernando Castelán López viernes 3, diciembre 2010 at 23:49

    Cuando vi el título di click inmediatamente, pensé que por lo menos hablaría un poquito de Augusto Monterroso. El título me engañó.

  2. Emiliano Castro Sáenz sábado 4, diciembre 2010 at 0:21

    Lo siento Luis Fernando. Fue una buena manera de establecer, que como dinosaurio, pesado y gigante, estaba dormido el fut mexicano… hasta que salió del letargo en ese entonces.
    Saludos y, aunque involuntario, pero gracias por visitarnos.

  3. Luis Fernando Castelán López lunes 6, diciembre 2010 at 8:01

    Pues le quedó perfecto.
    Gracias por los saludos y, mis visitas no son involuntarias.

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