Por ti, paisano…

La victoria que la Selección Mexicana de fútbol obtuvo la tarde del domingo ante los Estados Unidos en el marco de la Copa de Oro 2009, no fue sólo importante para efectos deportivos y de confianza entre los seleccionados, quienes, que de paso, vieron por fin terminada una racha negativa de diez años sin vencer al equipo de las barras y las estrellas en territorio gringo. La obtención del título y el 0-5 que México le propinó a los norteamericanos tiene definitivamente repercusiones en el ámbito social, sobre todo en lo que a nuestros paisanos que viven allá corresponde.

Sí, porque sabemos que el público mexicano siempre cumple con su Selección cuando visita la unión americana, que por cierto, es muy seguido. Porque los paisanos no sólo dejan su trabajo y esfuerzo de todos los días en aquella nación en donde son discriminados en su mayoría, también cargan con el estigma de ser latinos en un país que a pesar de necesitar la mano de obra hispana, los discrimina y trata, en su mayoría, de manera poco educada.

Porque habían pasado diez años en donde cada derrota de México ante los Estados Unidos terminaba con las ilusiones y regresaba a la dura realidad a nuestros compatriotas que al siguiente día con derrota y burlas en los hombros, tenían que regresar a partirse el alma para salir adelante. Porque vivir lejos de tu país, de tus raíces debe ser complicado para una gran cantidad de mexicanos que ven en el equipo tricolor un acercamiento con lo que más aman y añoran, sus familias y su país.

Los mexicanos de todo el mundo festejan este triunfo con alegría pero seguramente los que viven en tierras estadounidenses no sólo la festejan, también la viven, la gozan, la sienten, la saborean y la disfrutan seguramente como pocas veces lo han hecho, pues no fue sólo la victoria y el título, es la manera en que se dio, la forma en que México dominó al rival y de paso les mandó un mensaje de prudencia a los fanáticos norteamericanos que incluso al final del juego pecaban de soberbios adelantando que ellos sí iban a ir al Mundial y México no, pero que muchos de ellos se salieron antes de que el juego terminara por la pena y vergüenza que les transmitió su Selección y de paso la cargada de todos los mexicanos que se encargaron de colmar las tribunas del Giants Stadium.

La victoria del Tri debe ser dimensionada en todos los ámbitos de manera justa y no volar ni despegarse del suelo, pues se dio en un torneo donde ni gringos ni aztecas llevaron sus mejores selecciones. Los Donovan, los Bradleys y compañía, tendrán que venir el día 12 de agosto al estadio Azteca a jugar por las eliminatorias y aunque se confía en el triunfo del equipo mexicano y máxime después de este rimbombante triunfo, no podemos pretender ver un juego similar al de ayer y no porque no lo deseemos, al contrario, sino porque el fútbol al ser parte de la vida misma de los aficionados, tiene muchas vueltas y circunstancias.

Hoy es nuestro momento y los mexicanos seguimos festejando no sólo un triunfo y un resultado, festejamos un sentimiento que estaba reprimido y sin oportunidades de expresarlo pues los últimos años hemos tenido muy poco que alegrarnos de nuestra Selección nacional.

Seguramente ni las situaciones laborales ni las formas de trato van a cambiar con los mexicanos allá en el país vecino del norte, porque el fútbol no es el encargado de resolver esos aspectos de Estado, pero de lo que sí podemos estar seguros, es que el amanecer de la mayoría de nuestros compatriotas allá, hoy fue muy diferente y eso, eso si hay que festejarlo por mucho tiempo…

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