Un jogo bonito… ¿Atlantista?

Por momentos parecía que el control total del juego estaba en los botines azulgranas. Un Jogo Bonito susurraba cada golpeo del potro al balón andaluz. Los cánticos ingleses enmudecieron por un rato, tras ir ganando por 1-0 al Aston Villa al inicio del primer tiempo: El Atlante relinchaba e invocaba su época dorada.

Cuando en México el deporte era un poco más puro y los intereses de los dueños y dirigentes de los clubes iban orientados al crecimiento del equipo, al desarrollo del fútbol y la obtención de títulos como máxima; el Atlante representaba al pueblo.

La época amateur funcionó para el equipo popular, como un aparador ambiguo. Allí estaba el conjunto que combatía en la Liga Spalding, tricampeón, que jugaba los clásicos contra el Necaxa y se dedicaba al ataque; allá los Potros que eran base de la Selección Nacional con Manuel Rosas, Horacio Casarín, El Trompo Carreño, Rodrigo Servín y Javier Urbina; acá los azulgranas que recibían visitas internacionales y terminaban exterminando a sus rivales; y más cerca la pésima defensa que no permitía alzar la Liga, cuando éste lo merecía, escalafón que acaparaba Necaxa o Atlético Español.

Luego vino el turno de la profesionalización del torneo, en 1943. Cuatro años pasaron y Atlante consagró a sus fieles y humildes seguidores, levantando la Liga de 1946-1947. De ahí siguieron tiempos oscuros, pero siempre con la premisa de ir hacia delante.

Fue hasta los ochentas que revivió la llama ahogada de Tepito y sus alrededores. En el ´83 se llevó la Copa de Campeones de la Concacaf y siete años más tarde se le vino encima el dolor del descenso. Invencible en segunda, Atlante ascendió inmediatamente.

Entonces cambió el rumbo, nuevamente, de los Potros de Hierro. En 1991, Ricardo La Volpe retomó el timón del banquillo que había saboreado en la temporada 88-89 y no lo soltó hasta el ’96, cuando se instauraron los torneos cortos.

Así la vida de los atlantistas perfeccionó el estilo ofensivo que habían maquinado desde su nacimiento. Ricardo Antonio creó un sistema que hasta hoy ha perdurado en el balompié azteca. El lavolpismo obtuvo el primer galardón con la liga ganada por el Atlante en 1993. Tras esto, se graduaron personajes como Miguel Herrera, Daniel Guzmán, Wilson Graniolatti, René Isidoro García y José Guadalupe Cruz, entre otros. Futbolistas que fueron fieles alumnos del estilo y hoy son técnicos probados.

Desde La Volpe, en el conjunto azulgrana desfilaron técnicos con cierta idea de ofender. Mejía Barón, Ángel Cappa, Carlos Reinoso… también figuraron algunos lapuentistas, como el mismísimo Manuel Lapuente o Javier Aguirre. Pero la historia del Potro reclamaba el control del balón e ir al frente por decreto. Así que el polémico José Antonio García respaldó el proyecto lavolpista, con Miguel Herrera. Varios años de buen juego y siempre estar cerca, terminaron en la salida del Piojo y la llegada del Profe Cruz, que dio continuidad. Tras un tiempo de trabajo y de resultados aceptables, el Profe abandonó al equipo y éste fue retomado por René Isidoro, quien trabajó de manera aceptable. También Salió de la institución, llegó Sergio Bueno y con él otro cambio más.

Después de toda esa turbulencia de vaivenes, regresó José Guadalupe Cruz. El Profe seguía con la idea de que tratar a la pelota con paciencia e ir al frente a través de un sistema integral de juego, con cambios constantes e impredecibles para el rival. De ahí en adelante conjuntó al equipo campeón en 2007, mismo que siguió debatiéndose entre los baches de victorias que permean temporalmente; y la obtención de la Liga de Campeones de la Concacaf de este año, tras un torneo local para el olvido.

Con todo el coraje histórico interpretado por la idea posesiva de la redonda de Guadalupe Cruz en el conjunto (ahora) de la Riviera Maya, el Atlante salió del vestidor de La Rosaleda con el empate a cuestas. Durante una parte del segundo tiempo, Atlante continuó silenciando al Aston Villa. Regresó el fantasma de la bipolaridad éxito/fracaso y con ello, los goles del conjunto villano, a desatenciones de los mexicanos.

A pesar de todo, el estilo de juego no se perdió. Las modificaciones del cerebral Cruz siguieron dando frutos. Tocaron la puerta a cuestas de los lances de Solari, Maldonado, Márquez, Pereyra, Guerrero y Bermúdez.

Se fue apagando el despliegue, el ánimo y la precisión atlantista. Aston Villa reclamó su lugar dentro del nivel futbolístico pretemporero y acabó con el sueño acuapotro en la Copa de la Paz. Llegó a su fin la preparación del torneo para el Atlante. Terminó la ligera probadita del Mundial de Clubes de noviembre.

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3 comentarios

  1. Elias viernes 31, julio 2009 at 9:51

    Don Emiliano, te devuelvo la cortesía y con creces. Al puro estilo cronista de Pitol, y qué mejor, con el equipo del pueblo: el Atlante. Excelente

  2. Xunik martes 4, agosto 2009 at 22:19

    ¡Viva el equipo del pueblo!. En sus mejores tiempos, antes de los Garcías y Burillos, en la época de mi General Nuñez, y más remotamente, cuando los americanistas les llamaban los “mugrositos”, el Atlante derrotaba a todos los equipos extranjeros que llegaban a jugar, despistadamente a México. Sólo tengo una mi aclaración: Horacio Casarín es de la época profesional, campeón en el 47. Y hay que hablar de otros jugadorazos, como Basaguren, Puente, el Manolete Hernández, los hermanos Medina y muchos otros más, mexicanos y extrnajeros que dejaron el pellejo en la cancha…
    Un placer leerte.

  3. Emiliano Castro Sáenz miércoles 5, agosto 2009 at 11:11

    Gracias Xunik, bienvenido al mundo de El Buen Fútbol. Atlante es un equipo con una historia riquísima y que vale la pena reconocer. Estaremos al tanto de lo que sucedió con el señor Casarín. De nuevo gracias por comentar y leernos.

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