Aquel 1975 moría el fútbol, moría Pasolini

Franco cerraba los ojos y el franquismo ponía punto final a su relato, que en forma de dictadura aventuró a los españoles al exilio y la represión. Milos Forman conmovía al público con Atrapado sin Salida, donde un enorme indio liberaba a Jack Nicholson durmiéndolo para siempre con una almohada y después se liberaba a sí mismo escapando por una ventana. Era el año de 1975.

El desaparecido Atlético Español ganaba el torneo de la CONCACAF y el Toluca se proclamaba campeón en México. Bayern Munich se alzaba con la orejona, mientras que el Borussia Mönchengladbach se quedaba con la Copa UEFA.  Independiente se convertía en el mejor equipo de América con la obtención de la Copa Libertadores. El Real Madrid se coronaba en España y la Juventus en Italia.

Pero el 2 de noviembre de aquel 1975 una noticia consternó al mundo del cine, la cultura y el arte: Pier Paolo Pasolini fue asesinado. Durante la madrugada, junto al mar de Ostia, el realizador y poeta italiano moría atropellado después de haber sido molido a bastonazos.  Aquel 2 de noviembre (Día de Muertos en nuestro país) partía un hombre que en vida tenía miedo a no ser comprendido: pues para él la incomprensión era la verdadera muerte. «La muerte no consiste en no poder comunicar sino en ser ya para siempre incomprendido».

Su muerte también significó luto para el fútbol, especialmente para el lenguaje del fútbol. Pier Paolo Pasolini amaba el fútbol: aficionado, apasionado, jugador, pero sobre todo un romántico y un teórico con este deporte, se preocupó por darle un verdadero sentido al balón. Pasolini sostenía que las palabras futbolísticas son potencialmente infinitas, porque infinitas son las posibilidades de combinación de los “podemas” (los pases de balón entre jugador y jugador); la sintaxis se expresa en el partido, que es un auténtico discurso dramático. Uno de sus análisis concluía con lo siguiente: quien no conoce el código del fútbol no entiende el significado de sus palabras (los pases) ni el sentido de su discurso (un conjunto de pases).

El Pasolini aficionado dividía en dos partes (él les llamaba subcódigos) el fútbol: prosa y poético. El fútbol en prosa consistía en catenaccio, triangulaciones y conclusiones, es decir Italia. El fútbol poético consistía en descensos concéntricos y conclusiones, es decir Brasil. Como ejemplo de esta reflexión, y con cierta tristeza al reconocerlo, el mismo Pasolini puso el siguiente ejemplo: “En un sentido puramente técnico, en México ’70 la poesía brasileña ha ganado a la prosa estetizante italiana”.

El Pasolini jugador, de acuerdo al escritor Giovanni Santucci, era un lateral que, con el brazalete de capitán, trataba de gobernar  al conjunto de su equipo. Pero la referencia que hace el escritor no  tiene que ver con un partido cualquiera, sino al encuentro que sostuvieron el 16 de marzo de 1975 Pasolini y Bertolucci en Parma, ya que sus equipos de rodaje se confrontaron. Saló contra Novecento. El resultado no favoreció a Pasolini, quien optó por abandonar el terreno de juego al sentirse ignorado por el talento de sus propios jugadores. Alguien mencionó “no estaba para perder, lo tomaba con seriedad”.

Con esa derrota a cuestas, Pasolini moriría meses después. Algunas hipótesis señalan que él sabía cómo iba a morir, que lo tenía muy contemplado desde joven. Partía de este mundo quizá sintiéndose incomprendido tanto en su obra como en su ser; pero en lo que al fútbol concierne serían siete años después (en la tierra de Franco) donde la prosa estetizante de Italia daría sentido al análisis de Pasolini.

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11 comentarios

  1. Emiliano Castro Sáenz jueves 30, julio 2009 at 20:24

    ¡Olé Elias!. A lo Galeano. Mucho gusto y… Excelente

  2. MOLLETUCA jueves 30, julio 2009 at 20:37

    Admiro que escriba así de futbol.
    Un abrazo

  3. Israel viernes 31, julio 2009 at 10:35

    este tipo de comentarios son los que hacen puntualizar porque el futbol no es un deporte…. es una pasicion… muy bueno.

  4. George (chocho) viernes 31, julio 2009 at 10:41

    Gran, grandísima nota, quien fuera a pensar que uno de los directores de cine más controvertidos del mundo, sobretodo por su película Saló, fuera a ser un gran fanático a este deporte.

    Ahora habrá que hacer una nota así, pero sobre Fernando Sariñana, jajaja.

    Saludos

  5. Isaura viernes 31, julio 2009 at 11:06

    Pues bien, gran apunte Elías. Interesante (mucho) lo del futbo prosa, futbol poético. Quienes más o menos conocemos el tipo de juego italiano y el brasilero y medianamente entendemos el asunto de las letras, podemos ver el movimiento extraordinario que encierra esa frase. El juego de Brasil es poesía, claro… es canto. El de italia es más cuento, creo.

    Bien por éste, saludos a todos

  6. Miguel Sánchez martes 4, agosto 2009 at 21:28

    Elías, en verdad que has entendido tanto al cine como al futbol. Pocas veces he encontrado a gente que esté de acuerdo conmigo en cuanto a que una hermosa y precisa serie de pases le da sentido a nuestro juego preferido. Hubo dos selecciones que bordaban poesía y, sin embargo, no pudieron ganar la copa del mundo: Holanda, en 1974 y 1978; y Hungría en 1954, que terminaron ganando selecciones más aguerridas. Así que en el futbol se puede (y se debe) alcanzar una comunión entre la posía y la prosa, y no pensar que pertenecen a ámbitos incompatibles. Felicidades por tus notas; están excelentes.

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