Firmaron la Paz, ¡en penales!

Semanas atrás Fernando Palomo, cronista de ESPN, celebraba el gol de último minuto de Andrés Iniesta ante el Chelsea en la semifinal de la Champions League. Gritaba de una manera descomunal, y no era para menos. Emocionado se le formaban frases simples, pero poéticas. “Las cosas que tiene el fútbol”, decía al punto del llanto.

Seguramente Palomo remarcaría la frase de aquel día para describir el partido final de la Copa de la Paz. La Cartuja, estadio olímpico de Sevilla, fue el testigo principal del mar de vaivenes que surgieron durante el encuentro. Dos equipos, Aston Villa y Juventus, que alistaron un once inicial sin sus principales figuras, trataban de llevarse a casa la jugosa cifra de dos millones de euros, firmada por Sun Moon, El Reverendo.

Más allá de lo que ocurrió en los noventa minutos, donde nadie podía imponerse y los jóvenes villanos le dictaban a los bianconeros de Ciro Ferrara las modificaciones de su equipo. Más allá del tiempo suplementario donde Juventus sacaba la casta y por poco lograba el triunfo, aunque al final cerraba semi-ahogado por Aston Villa. Más allá del partido en sí y del corte antes de tiempo del central, que cansado silbó el final dos minutos antes, estuvieron los penales.

Los de Turín, se notaban relajados, confiados y con el cheque en el imaginario. Los de Birmingham un poco más serios, demostraban concentración y preocupación. Juve comenzaba fallando y el ánimo de Guzan (el arquero villano) se postraba en las almas de los compañeros. Seguía la segunda tanda, donde se intercambiaron las cosas y todo se emparejaba.

Buffon se tendía al mismo lado siempre y el balón viajaba en la dirección contraria. Ambas escuadras encajaban todos los disparos. Hasta el quinto penalti. Fallaban los ingleses y acertaba Gianluigi. Todo en bandeja de oro, de 2M de € para Alessandro Del Piero. El mismo Pinturicchio que aniquila al Madrid cuando lo ve, el mismo que se rifa en la selección cuando lo llaman. El mismo que al encarrerarse al manchón se visualizó levantando la Copa de la Paz.

Un gol más en la tanda y el estudioso Ciro Ferrara se estrenaría al mando del conjunto bianconero. Lo mismo pensaba Del Piero en su carrera: “Cómo lo meto, hacia dónde lo coloco”. Y entonces tomó la decisión: Al centro y quedo. Bueno. Brad Guzan, el norteamericano, se había quedado parado esperando la decisión del diez y atajó fácilmente el balón. Un chiste, un regalito decía José Hernández, al micrófono de ESPN.

Luego vino Cuéllar, defensa del equipo inglés y anotó. Ante su gente, o al menos, ante los españoles que estaban ahí. Entonces llegó Legrottaglie. El cronista Hernández lo había sentenciado durante su caminata al área. Y cumplió. Voló la pelota y con ello toda la ventaja que había desperdiciado Del Piero, que había servido en bandeja Buffon y que dio vueltas, cambió de dueño. Las cosas que tiene el fútbol, diría Palomo.

1 comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *