Correcaminos y el síndrome Beninca

Muchos aficionados jóvenes al fútbol, así como algunos despistados o seres ajenos a este deporte, ni idea tienen de que alguna vez existió un equipo tamaulipeco llamado Correcaminos, auspiciado por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Bueno, dicho equipo vestía con uniforme naranja como local y blanco como visitante. Su estadio: el Marte R. Gómez. En efecto, y como bien saben o imaginan, no fue un equipo tan importante como para permanecer en la Primera División de nuestro país.

Tras su ascenso en 1987, los Correcaminos vieron desfilar técnicos y jugadores que tomaron al equipo como si se tratara de un carrusel monetario o de año sabático. Nombres como Diego Malta, Carlos Miloc, Héctor Pulido, Héctor Hugo Eugui (hoy estratega de Indios), Ignacio Jáuregui, Juan Ramón Fleita, Jesús Bracamontes (padre de Jacqueline Bracamontes, digo, por aquello de los espectáculos) nunca supieron hacer de la escuadra un equipo de categoría, ni mucho menos. Sin embargo, sus esfuerzos no fueron en balde, pues escribieron en los anales de la historia del fútbol mexicano escenas verdaderamente tragicómicas.

Historia 1

Héctor Hugo Eugui tomó las riendas del equipo y entre sus refuerzos trajo a un jugador uruguayo, Aldo Beninca, del que habló maravillas y aseguró sería la nueva figura del fútbol mexicano, además de que sería el artífice para mantener al equipo en Primera División. Fue así que tras el arribo de dicho jugador, El Diario de Ciudad Victoria se congratulaba de ser el primer medio que fotografió al tan sonado refuerzo que estremecería la liga local. Toda era fiesta y júbilo en Tamaulipas.

No pasaron muchos meses -a las pocas jornadas- se revelaría que Berninca no contaba con las condiciones físicas para jugar ya que había estado en retiro ¡más de 1 año! Al enterarse de dicha afrenta, los directivos decidieron darlo de baja. Lo peor de todo es que la rescisión de contrato los obligaba a mantener al jugador durante lo que restaba del torneo, es decir 8 meses. Mientras ellos se sentían defraudados, Beninca se paseaba por los tacos ubicados en el ferrocarril de Ciudad Victoria.

Posterior a Beninca, figuraron varios jugadores extranjeros y mexicanos que llegaban al cuadro tamaulipeco recién sacados del retiro o con una edad en la que ya no se podía correr por un balón. Patricio Mcallister, otrora figura y estrella argentina que prácticamente no hizo nada en Correcaminos. Y entre los nacionales destacaban Raúl Arias, todo un nómada de los clubes mexicanos. Así fue el peregrinar de los Correcaminos.

Historia 2

En la temporada 1993-94, el mismo Héctor Hugo Eugui hizo debutar a un jugador de ¡53 años! Sí, de 53 años. “Es un novato con muchas facultades”, argumentó Eugui. Fue en un partido contra el América que Eugui daba la gran oportunidad a Humberto Filizola, que entre otras cualidades, era ni más ni menos el Rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

El partido terminó 1-1 y el Rector jugó los últimos 20 minutos, incluso tuvo la oportunidad de meterle un gol a Adrián Chávez tras una jugada de rebote. Aquella narración corrió a cargo de Raúl Orvañanos: “El balón le pasó muy rápido al señor Rector”. Pero lo increíble ocurrió después, cuando salía como elemento de banca. Se le promocionó por el Citlalli al Mejor Novato del Año y lo mejor: un equipo nicaragüense de primera división se interesó por sus servicios; a lo que Filizola respondió que él ¡no estaba en venta!

Ahora saben algo más un equipo tamaulipeco que existió en nuestro fútbol y nos dejó anécdotas increíbles, pioneros y fieles seguidores de lo que se denomina El síndrome Beninca: traer refuerzos sin comprobar su origen, sin reafirmar siquiera que son futbolistas, sin saber edades y que cobren poco. Así fue la historia de los Correcaminos.

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