De árbitros, perros y ¿fútbol?

En el fútbol mexicano como en otras ligas, la española por ejemplo, la figura del árbitro es pilar fundamental para justificar la derrota. La responsabilidad de jugadores, directivos y cuerpo técnico bien puede ser una alusión al pasado; un tiempo lejano donde si existía el compromiso de toda una institución por salir a ganar cada partido que se disputaba. El siglo XXI trajo consigo un nuevo esquema táctico para desarrollar dentro y fuera de la cancha: la culpa es del árbitro.

Sí, en efecto, la figura del nazareno siempre ha sido polémica, incluso necesaria para dotar de una dosis de pasión a este deporte. Recordemos la figura de Joaquín Urrea: sin él la rivalidad América-Pumas tan sólo se quedaría en una anécdota pactada en un 0-0 cada torneo. Bien, por el otro lado, después de ver la mediocridad que vive actualmente la liga mexicana resulta hasta irrelevante culpar a los árbitros de malas actuaciones.

Seamos sinceros. Si el partido estuviera 3-3 y los dos equipos se están despedazando por conseguir el triunfo, ¡órale!, todos contra el árbitro (incluida su jefa) por marcar un penal o falta inexistente. Sin embargo, tratándose de un encuentro donde el 0-0 predomina con la ausencia de fútbol -situación de cada jornada- pues el sonido del silbato viene a romper con ese hielo y bien que mal ya hay algo que opinar. (Hasta el mismísimo Can Bermúdez se podría dar el lujo de hacer un comentario digno, y miren que sería un lujo para todo lo que ¿comenta?)

Recientemente Jesús Ramírez se contradecía al puro estilo cantinflesco: “no quiero hablar del arbitraje, aunque sí nos perjudicó, pero dije que no hablaría de ellos; ustedes vieron el penal, pero quedamos en que no hablaríamos de ellos”. Caray, tan sencillo que es decir “no sé a qué juega mi equipo” o “perdimos porque nomás no damos una”. ¿Qué pasaría si Jesús Ramírez, Leaño, Miguel Herrera, entre otros, pertenecieran a la Liga Premier?

Bueno, pues resulta que la Federación Inglesa de Fútbol prohibirá a entrenadores, directivos y jugadores realizar cualquier tipo de manifestación respecto a los árbitros antes de cada partido para evitar cualquier tipo de intimidación o influencia. De igual manera, se permitirán comentarios después de cada partido siempre y cuando no ataquen la integridad del árbitro o desacrediten la imagen del encuentro. Además, se sancionará a los jugadores que rodeen al árbitro con el fin de increparlo o insultarlo.

Bien, sonaría a inmunidad total para el árbitro y atentado contra la libertad de expresión. ¡Es Inglaterra! Nos llevan años de distancia en materia futbolística (y en muchísimas otras, casi todas) y sus integrantes, incluidos hooligans, se preocupan por la actitud y juego del equipo. ¿Qué pasaría en nuestra liga si se aplican esas medidas?, pues quizá hasta jugadores, técnicos y directivos tengan la capacidad de reconocer sus errores, debilidades y mediocridad reflejadas dentro y fuera de la cancha.

Vamos bien. Sigamos culpando a los árbitros y evadiendo responsabilidades. ¡Ah! Y cuando no son los nazarenos, son los medios de comunicación los responsables. Sí, también los medios debemos aceptar nuestras fallas al consentir, solapar o no contribuir con soluciones en esta decadencia llamada fútbol mexicano. Ya dejemos los 0-0 y los empates, dejemos las gárgaras, ¡queremos fútbol!

Mientras escuchemos la misma anécdota del Can Bermúdez cada vez que juegan los Pumas, o equipo donde juegue Francisco Palencia. “Ufff, ¿saben por qué le puse Gatillero?

FacebookTwitterWhatsAppEmail

6 comentarios

Responder a Elías Leonardo Cancelar la respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *