‘La Gata’ invocó a Panenka

Tras empatar en tiempo corrido, los penales esperaban en el imaginario de diez cobradores. Chicago Fire comenzaba. Cuauhtémoc Blanco engañaba al arquero y cruzaba el disparo. Gastón Fernández colocaba el balón y le ponía sabor a la tanda: apenas había rozado al esférico y éste entraba sutilmente ante la incredulidad de compañeros, rivales y aficionados.

Varios han sido los que han golpeado al balón emulando al ingenioso checo Antonín Panenka. Desde increíbles réplicas hasta fallas imperdonables. Jugadores como Totti, Zidane, Abreu, Pineda, Casquero, Fernández, han probado la sensación de patear un penalti con sangre fría, mente helada y un toque delicado; aunque no todos se han vestido de gloria.

El penalti golpeado como una vaselina, como si el esférico estuviera hecho de manteca, data desde hace más de 30 años. Era la final de la Euro Yugoslavia 1976. Checoslovaquia contra Alemania Federal. Los últimos años del socialismo checo, se enfrentaban, en un país de ideología similar, al poder capitalista europeo alemán.

En el encuentro, los noventa minutos se habían extinguido tras un dos a dos frenético y los tiempos extras le heredaron a la final, diez penales que marcaron un parteaguas para la pena máxima del fútbol. Ambos equipos acertaron los tres primeros disparos. Fue el turno del checo Jurkemik y anotó. Uli Hoeneß, el delantero teutón (hoy director general del Bayern Münich), erró su disparo y dejó todo a disposición de Panenka y Sepp Maier.

Luego de un ligero movimiento del mejor arquero del mundo, Antonín decidió poner en práctica lo que había ensayado. Tras la carrera y el vuelo de la pierna para contactar, Panenka inmortalizó su nombre en la historia futbolística. Acarició al balón y éste salió bombeado hacia el centro del arco, con el arquero tendido al costado izquierdo. La gloria de Checoslovaquia, que nunca había sido campeona en la euro, se deslizó suavemente entre las redes del alicaído Maier. Así, Panenka pasó de ser un jugador de excelente técnica, a una técnica excelente del jugador.

Después de su definición, La Gata Fernández dejó un aire de estabilidad en el cuadro de Nuevo León. Se enfilaron Mike Banner de Chicago y Manuel Viniegra de Tigres y fallaron. El aire de seguridad de Gastón estaba rengueando, pero alcanzó para que todo se decidiera a favor del cuadro felino. Al final, Itamar Batista, el héroe, concretó la obra y Tigres aclaró un poco su nebulosa realidad, ganando el Superliga y el millón de dólares.

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