Relato de las costumbres y el fútbol

En algún lugar de México…

Es el cumpleaños del abuelo Tobías. Todo mundo llega con platillo y regalo para el festejo. Besos y abrazos al por mayor, sonrisas a la orden del día. El ejército de chamacos (nietos y sobrinos) corre por toda la casa: gritos y más gritos.  Como es común en este tipo de celebraciones: surgen los intercambios de experiencias, presunciones de nuevas adquisiciones y alguno que otro reproche por asuntos del pasado. El abuelo Tobías se acerca a su hija Lucía y susurrándole le pregunta que dónde está su nieta. “Ya sabes, para ella es más importante su novio que la familia”, respondió una malhumorada Lucía.

En alguna cancha de México

El partido está 4-3 y faltan 20 minutos para que termine. En la banca, Alfonso no deja de morderse las uñas; está nervioso: el resultado parcial, su novia en la pequeña tribuna y las ganas de entrar. Ramiro, el entrenador, le pide que caliente rápido y lo motiva, “tú puedes definir el partido”. Mientras tanto en la cancha ninguno de los dos equipos se quiere prestar el balón; un error puede ser fatal.

Ximena aplaude y aplaude, no deja de echarle porras a Alfonso. Ella entiende poco de fútbol, pero tiene bien claro que su galán es delantero: el encargado de meter goles. Comenzaron a “andar” hace tres meses y desde entonces lo ha acompañado a cada partido. Sabe que Alfonso no es titular, que está peleando su puesto a la buena con el Caimán, un goleador nato contra el cual tiene pocas posibilidades de ver acción. Ximena tiene fe en su chico, cree que con esfuerzo y paciencia se ganará su lugar. ¿Será que habla el corazón y no la razón?, quizá, aunque es muy temprano para enamorarse.

Caliente está el Caimán (como ya es costumbre) y va para afuera, Alfonso entra en su lugar. A pesar de todo el Caimán le desea suerte: “Vas, anótalo”. De inmediato Alfonso corre a ubicarse en su posición. Pasan 18 minutos y Alfonso apenas ha tocado el balón, pues el rival se ha defendido bien y les ha impedido el tránsito en la media cancha. Falta un minuto y cae el balón en los pies de Alfonso. El mundo en un sólo segundo: los gritos de Ramiro, la cara enojada del Caimán, los aplausos de Ximena y las leñas de sus rivales. Alfonso no lo piensa, tira a la portería. “¡Qué atajada!, tiro de esquina”.

Se cobra de inmediato y… zas, contragolpe del equipo rival. Todos cansados, agotados. Nadie puede detener al jugador que lleva el balón. Alfonso trata de alcanzarlo. El jugador se prepara para tirar, Alfonso lo incomoda con un ligero empujón, viene el disparo y… ¡Otra gran atajada!, ¡tiro de esquina! Contrario a lo que marcaría la táctica, el equipo rival manda jugadores al frente, quiere asegurar el partido. Ximena, Ramiro y el Caimán no paran de gritar.

Y viene el tiro de esquina, nadie remata, pero… el balón ha rebotado en Alfonso, que ha empujado el esférico a su propia portería. ¡5-3! El árbitro pita el final. Los jugadores del equipo rival celebran, algunos se acercan a Alfonso para darle las gracias. Alfonso voltea a ver a Ramiro y al Caimán, le vienen a la mente sus sentencias, los ecos inquisidores: “tú puedes definir el partido”, “vas, anótalo”. En efecto lo hizo, metió el gol del gane.

En alguna calle de México…

Ximena trata de consolar a Alfonso, que desangelado, frustrado y enojado le suplica que por favor no diga nada, que no es momento para hacerlo. Ella insiste en consolarlo y lo invita al cumpleaños de Don Tobías. Él le responde que no, que no está de humor para esas cosas. “Está bien, hacemos lo que tú quieras”, dice Ximena. Alfonso volteó a verla y tras pensar un segundo le hace la parada a un taxi.

En la cocina de algún lugar en México…

Corajes pega Lucía por la actitud de Ximena. No da crédito a que su hija haya faltado al cumpleaños del abuelo Tobías, toda una tradición (costumbre mejor) en la familia. Más que nada se siente avergonzada de que los hijos de sus hermanos, es decir sus sobrinos, sí acudieron a la celebración. No soporta quedar en el papel de la madre que no tiene autoridad sobre sus hijos, como una idiota pues. Don Tobías ni se inmuta, a él ni le va ni le viene  que su nieta no lo acompañe en tan “importante” día. “Total, ya me voy a morir”.

En un bar de una de las calles de México…

Entre alcoholes y cigarros, Ximena no deja de sentirse culpable por haber faltado al cumpleaños de su abuelo. ¿Por qué?, pues resulta que a Alfonso se le ocurrió la idea de ir al bar de sus amigos para discutir la importancia del autogol en el fútbol llanero.  Toda una costumbre (entiéndase tragos, amigos y fútbol) para él, ella siempre lo supo y no logra acoplarse.

En el baño del bar de una de las calles de México…

Ximena termina de orinar y saca su teléfono celular. Mientras marca piensa “maldita costumbre de fijarme en estos tipos”. Lleva el celular a su oído y… “perdóname mami, no lo volveré a hacer. Voy para allá”. Cuelga.

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18 comentarios

  1. Itsu jueves 6, agosto 2009 at 10:11

    jajajaja…esa maldita costumbre!!!!

  2. Israel jueves 6, agosto 2009 at 11:12

    la culpa la tiene ximena por no andar con el caiman pero noooo va con el poncho mal muy mal…. jejejeje buena historia… cada dia son mas llegadoras jejeje

  3. XANATL jueves 6, agosto 2009 at 13:09

    SI A WEPO!!!!! HAY KE HACER SENTIR A NUESTROS HOMBRES KE NO SON TAN IMBECILES, COMPADECERLOS Y CONSOLARLOS, HACERLOS SENTIR KE TIENEN EL CONTROL PERO KE AVECES FALLA EL BALON, O EL JEFE, O EL OTRO KE NO LE DIO EL PASO Y LE PEGO A SU CARRO,….

    • Elías Leonardo jueves 6, agosto 2009 at 15:08

      Xanatl, tanto como compadecernos no, pero si el consuelo y ¡si el control! Y en efecto, aceptar y reconocer las fallas, tales como un autogol, o la costumbre de volver siempre a lo mismo. Gracias por tu comentario y esperamos nos sigas visitando

  4. vergarasteam jueves 6, agosto 2009 at 16:08

    el mejor es el abuelo, ajaj y si…esa costumbre de los futbolistas» q bueno q ya se me quitó, ajajaj

    • Elías Leonardo jueves 6, agosto 2009 at 16:55

      Vergarasteam, pues el abuelo es sensato y prudente debido a que en efecto tiene los pies sobre la tierra y con la muerte romperá la costumbre de vivir. Por otro lado, que bueno que rompiste una costumbre, pero no rompas con el Buen Fútbol. Gracias por tus comentarios y síguenos visitando

  5. George (chocho) jueves 6, agosto 2009 at 16:49

    Que me perdonen todos, pero las personas grandes se vuelve un lastre (con todo el debido respeto) con el cual todo mundo debe cargar (como ya es costumbre) hijos, sobrinos, hermanos, nietos… Dejen a los muchachos ser como quieren y si Ximena quiere andar con otro futbolista, pss allá ella, que entienda doña Lucía…

    • Elías Leonardo jueves 6, agosto 2009 at 16:57

      George, grandes o chicos nos convertimos en lastres (hijos-padres-abuelos), no paramos de cargarnos unos a otros. Y sí, que dejen a los muchachos ser como quieren. Eso sí, una suegra con yerno en la primera división de nuestro país de tonta se enoja con su hija ¿o no? Un saludo

  6. Miguel Sánchez jueves 6, agosto 2009 at 19:57

    No hay como hacer lo que uno quiere y después no arrepentirse de haberlo hecho. En realidad no es tan difícil hacerlo y nadie puede estar en dos sitios a la vez, pero el amor y la pasión son demasiado poderosos y casi siempre terminamos complaciendo a la pareja. Ya nuestros padres y nuestros abuelos nos aguantan a diario, y algún día nosotros tendremos que aguantar a nuestros hijos y nietos (recuérdalo, George), y ojalá que tengamos la paciencia necesaria.
    Que vivan las buenas costumbres y que cada quien haga lo que mejor le parezca. Un abrazo, Elías. Excelente nota.

  7. MOLLETUCA jueves 6, agosto 2009 at 20:06

    ¡Es genial!
    Yo creía que la costumbre era más fuerte que el amor, por ejemplo, pero nada mejor que romper con los esquemas y dejar la costumbre de culpar a la costumbre de cosas que no sabemos justificar.
    Pero bueno, yo me quedo con los acostumbrados domingos futboleros, con la costumbre de festejar a la abuela y con la de acompañar al susodicho al juego de casa semana.
    Saludos!

  8. Isaura viernes 7, agosto 2009 at 1:17

    Ah caray… vengo con la espada desenvainada porque es jueves y los jueves me apasionan (bueno, ya es viernes, pero traigo el mood del jueves). Decía, que ahí les voy: eso de hacer lo que los otros esperan de uno es mucho más que una fea costumbre, es una coacción de la voluntad y eso es magia negra, venga de donde venga. Si la muchacha no quiere ir donde el abuelo que no vaya pues, pero si tampoco quiere estar con el futbolista y los amigotes, entonces tenemos un problema. ¿Qué quiere la muchacha?, que lo pida y si el muchacho no quiere, digamos, acompañar a la chica donde el abuelo, pos que se quede pero sin hacerla de jamón, ambos. Me gustó la estructura, don Elías.

    Saludos a todos

    • Elías Leonardo viernes 7, agosto 2009 at 9:53

      Isaura, gracias por el comentario. Como dice Miguel anteriormente: no hay nada como hacer lo que queramos. Pero como usted dice: ¿qué queremos?, es cuestión de tomar decisiones; en este caso aventarse a romper las costumbres. Claro, el fútbol no es costumbre, sino una pasión que en lugar de romperla hay que fortalecerla. Un saludo

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