Hosanna en las canchas

Hace 10 años

A finales de junio de 1999 en Chile se disputó un partido muy peculiar, llamémosle un “clásico religioso”. El equipo B, o filial, de la Universidad Católica se enfrentó al Hosanna (que significa Salve Ahora), equipo recién ascendido a la tercera división y formado por evangélicos. El marcador fue una goliza de los católicos hacia los evangélicos. ¡6-1! Algunos periodistas bromearon (sanamente) y dijeron que Dios había ayudado a los cruzados (así se les conoce a los jugadores de la Universidad Católica). ¿Pero quién era el Hosanna?

Origen del Hosanna

Un pastor boliviano de nombre Ítalo Frigoli fundó (y evidentemente se autoproclamó presidente del mismo) el Club Social y Deportivo Cristiano Hosanna. Su creación marcó una nueva historia en el mundo del fútbol: se convertía en el primer equipo cristiano (confeso abiertamente) de América que competía en un torneo reconocido por la FIFA. La fecha que marcó este precedente fue el 5 de noviembre de 1996.

Como todo buen dirigente, Frigoli debía contar con alguien de su confianza, su mano derecha pues, y el elegido fue un ex jugador de la Universidad de Chile (no la misma que la Universidad Católica) de nombre Luis Alberto Ramos, quien asumió el cargo de Director Técnico. No pasaron cuatro años cuando vinieron las fricciones y tras una discusión Ramos decide deslindarse tanto de Frigoli como del Hosanna para fundar su propio equipo: el Club Deportivo Cristo Salva.

Peculiaridades en sus orígenes

Antes de iniciar cada partido los directivos, jugadores e ¡hinchada! del Hosanna rezaban para que el partido fluyera sin “problemas” y alguna que otra vez para pedir que el resultado les fuera favorable. Previo al encuentro, en los vestidores, se reunían para orar y lanzaban la invitación al equipo rival, que en muchas ocasiones les rechazaron la invitación. En las tribunas, la porra y los aficionados entonaban cánticos religiosos exentos de ofensas al árbitro y a los rivales.

Ya en el campo, los integrantes del Hosanna regalaban Biblias a los jugadores del equipo rival. Durante el trámite del partido si cometían alguna falta no cesaban la petición de perdón hacia los adversarios (Dios no mete la pierna). Ya ni que decir de las decisiones arbitrales: jamás eras cuestionadas, a pesar de atentar en su contra. Al final del partido, fuere cual fuere el resultado, se reunían en la media cancha para orar y dar gracias de tan dichoso encuentro.

En los vestidores algunos jugadores aseguraban haber tenido contacto con Dios a lo largo del juego. Así lo asegura el defensa central Felipe Cabezas: “Algunos compañeros y yo, hemos visto al Señor en la cancha… fue un regocijo muy grande, que me motivó a trabajar más arduamente, para darle al Señor lo que se merece”. Por cierto, el sueño de Cabezas era jugar ¡para la Universidad Católica!

Similitudes (y no tanto)

En Córdoba, Argentina, el Ministerio Evangelístico Dios es Amor (M.E.D.E.A) se inauguró en 1984, pero fue hasta 1998 que cambió su razón social a la Asociación de Fútbol Cordobesa. El pionero de dicho movimiento futbolísticoreligioso fue Mario Bevilacqua, ex delantero de Talleres. A diferencia del conjunto chileno, M.E.D.E.A aprovechaba las ventajas “divinas”, tales como anotar en fuera de lugar. “Si hacemos un gol en offside no vamos a ir a decirle al juez de línea que no estaba habilitado por más cristianos que seamos», confesaría Bevilacqua.

¿Se imaginan un equipo así en México? Los árbitros serían los más felices…

FacebookTwitterWhatsAppEmail

7 comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *