Entre el fútbol y el bebé de Rosemary

Era domingo. Con el pisa y corre llegó Isaac al hospital hecho un manojo de nervios. No era para menos: Isabel y él debutarían como padres. Hizo caso omiso a la marabunta familiar que estaba esparcida por todos los pasillos. Ya saben: los abuelos ansiosos, los tíos llenos de juguetes y los primos pequeños que aprovechan el momento para llamar la atención. Isaac se dirigió a una joven enfermera para preguntarle dónde estaba su esposa, a lo que la enfermera no supo responder, pues sólo pasaba por el lugar.

Como loco se puso el hombre y comenzó a preguntarle a todo el que se le pusiera enfrente, incluso al de la limpieza, un joven apuesto al que confundió con un cirujano. Para su fortuna (en toda historia de este tipo debe haber alguien que calme las catarsis) se topó con una enfermera que asistiría el parto de Isabel. “No se preocupe, su esposa está bien y de un momento a otro tendrá a su hijo en las manos”.

Contrario a lo que se pensaría, Isaac no fue al quirófano (fue por cesárea) ya que le daba pavor ver sangre y escuchar gritos. Más calmado se dirigió hacia la marabunta familiar y mientras escuchaba todo tipo de consejos se percató de que nadie estaba al pendiente del partido de fútbol. Era la final, sí, la final entre sus Diablos Rojos del Toluca y la Franja del Puebla. ¡Ya se imaginarán el nivel de juego en el torneo!

Que se nos enoja Isaac de nuevo. ¡Cómo es posible que nadie esté viendo el partido!, ¿Dónde hay una televisión? ¿Dónde? La marabunta no daba crédito a lo que escuchaba. ¡Le importa más un balón que su propio hijo! ¡Que Dios lo perdone! ¡Los nervios lo hacen a uno imbécil! Eso sí, no puede faltar la tía que ni sabe qué sucede; que está ahí por la inercia de estar integrada a la marabunta. “No creo que Dios se enoje porque vaya a ser papá”.

En la cafetería. Desesperación pambolera / nervio paternal. Televisión encendida / parto en el quirófano. Comentarista: les diré por qué le puse Gatillero a Palencia / Enfermera: presión estable. Ataca el Puebla / nace un varón. Gol del Puebla / la marabunta ataca. Toluca a punto de perder la final / la marabunta ataca más. Se acaba el partido / que Dios lo perdone. Llovía en Toluca / calor infernal en la clínica. Contragolpe poblano / la marabunta corre con la madre. Gol del Puebla /  llanto de Isaac. Puebla Campeón / la marabunta festeja. Perdieron los Diablos Rojos / la marabunta se apodera de los cuneros.

Toluca perdió la final en casa. Triste y enojado por el resultado del fútbol, pero feliz de haberse convertido en papá, Isaac se dirigió al cuarto donde estaba Isabel. Estaba sedada, tranquila; él le besó la frente, le tomó la mano y le agradeció ser la madre de su hijo. Salió del cuarto y fue hacia los cuneros. Conforme se acercaba, Isaac escuchó las voces de la marabunta: tiene garitas… tiene cuernitos… tiene cola larga… y sus pezuñas…

Corrió Isaac hacia los cuneros, se asomó y ahí estaba su hijo: envuelto en pelaje de macho cabrío. La marabunta festejó con playeras y banderas del Puebla. ¿En verdad perdió el Toluca?

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