Relato para la cruda

Llegó borracho. Algo habitual cada 15 días. Pero ese domingo a Tomás se le olvidó algo, un pequeño detalle: América contra Guadalajara en el Estadio Azteca.

Al notar que su esposa e hijos no estaban y se habían llevado todo lo necesario para el partido, Tomás salió de la casa trompicándose y delirando la cruda. Calor intenso, sofocante, encerrado. Apretujado por otros pasajeros, sudó y sudó y sudó, secándose los estragos de la resaca con las mangas de su camisa. Sí, traía camisa. Agobiado por la situación se bajó del vagón, huyó del Metro y corrió al Oxxo más cercano para comprar agua mineral ¡al tiempo! (ni cuenta se dio el pobre).

Con la cruda y el calor a cuestas, Tomás abordó un taxi. Caos vial de los buenos, sello distintivo de la urbe: nadie avanza. La ciudad está colapsada, abarrotada de vehículos sin movimiento. Frustrado por el tránsito estático, bajó del taxi no sin antes pagar 100 pesos, cuando en verdad tendría que haber pagado 40. ¡Taxímetros alterados! Tuvo que caminar, su destino estaba a 10 cuadras.

Observó aficionados de ambos equipos por toda la calzada. “Ojalá alcancemos boletos”. Al escuchar esas palabras, Tomás sufrió y más aceleró su paso. Sed, mucha sed. Cabeza, dolor de cabeza. Con todo y todo llegó al Azteca.

Visualizó a su esposa e hijos en la explanada, quienes lo esperaban sin ganas de verlo. Tomás se acercó a ellos y su apariencia sirvió de justificación para ahorrarse explicaciones. De inmediato, esposa e hijos le dieron sus boletos. “Ya vendimos unos cuantos, te toca. Vamos a echarnos un taco”. Tomás se puso de inmediato a (re)vender sus boletos.

-¿Quiere boletos?

-¿Cuánto?

-¿Platea alta o platea baja?

Esposa e hijos fueron con un policía. “Oiga poli, el señor que anda revendiendo los boletos, aquél de la camisa toda mojada, no me quiso dar mi cambio y dijo que ustedes se la pelan, que son sus achichincles”. Si algo no soporta un policía es que le digan que es subalterno de alguien que no sea su jefazo, por lo que el uniformado se fue sobre el revendedor, sobre Tomás.

-Revendiendo, ¿no?

-¡Qué pasó! Me los encontré tirados, oficial.

-Ya me contarás tu historia en la delegación.

Y que se llevan a Tomás. Crudo, sudoroso, empapado, con frío y calor a la vez, hambriento y con mucha sed. Un bulto en los separos. Le decomisaron sus 50 boletos, mismos que desaparecieron por debajo del agua; acto de magia con uniforme de policía. En la casa, esposa e hijos disfrutaron de una película (pirata).

-Mamá, ¿cuándo volverá papá?

-Hoy mismo, pero tiene que aprender que al trabajo no se llega tarde, ni borracho. Cuesta mucho ganarse la vida como para gastársela en alcohol.

En el Azteca, Águilas y Chivas sellaron un 0-0 carente de emociones. Más de 100 mil gargantas se lamentaron por haber derrochado su dinero en un partido que les vendieron como espectáculo de primer nivel. Bebieron y bebieron cerveza para sentir algo en el cuerpo, para que valiera el boleto.

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12 comentarios

  1. Itsu lunes 17, agosto 2009 at 11:56

    jajaja, con una mujer no se juega!!!

  2. Isaura lunes 17, agosto 2009 at 12:11

    Jajaja… uy con el comercio informal, uy.

  3. MOLLETUCA viernes 21, agosto 2009 at 5:03

    Jajajaja, la mujer tiene la razón!
    Pero igual puede uno llegar borracho, mas no tarde, bueno, no sé, me imagino que así les pasa a algunos…
    Jajajajaja
    Saludos!

    • Elías Leonardo viernes 21, agosto 2009 at 11:57

      Molletuca, no sé si tengan la razón. Pero como bien dicen por ahí «hay que quererlas y no entenderlas». Ahora bien, llegue o no llegue uno borracho ¿dónde está el amor por la chamba?, al amigo revendedor se le fue el asunto. Un saludo

  4. MOLLETUCA viernes 21, agosto 2009 at 5:07

    Por cierto, cuidado con los revendedores: un día tuve que correr, literal, y escapar de ellos porque confundieron a un cuate con uno, y alegaban que era un tranza… no esperé a averiguar si eso era cierto!
    En general, los evito, son una mafia, me dan miedo.

  5. Miguel Sánchez lunes 24, agosto 2009 at 2:48

    Hay cosas que no son para hacérselas a una mujer. ¿A qué le sabrían sus alcoholes si ella era quien ganaba el dinero? Y del ejemplo que daba a sus hijos mejor ni hablamos… Y no lo digo por beber ni por revender boletos, sino por el escaso amor al trabajo (y a su mujer) que demostró. Un abrazo, Elías.

    • Elías Leonardo lunes 24, agosto 2009 at 20:22

      Miguel, gracias por el abrazo. En efecto, hay cosas que no se hacen, o mejor dicho, que no hay que dejar de hacerlas. Sin querer queriendo dejó plantada a la familia en pleno clásico. ¡Era el momento del bisne! Un saludo

  6. Ingrid Alcazar martes 11, marzo 2014 at 16:55

    Me encanta el humor en este relato (yo habría hecho lo mismo que la mujer) y es bueno leerte Elías, tu estilo está más fresco que antes. Un abrazo.

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