La historia sí juega

Hoy en los medios se escucha de todo, desde lo insensible hasta lo insensato.

Este sábado Cruz Azul y América sumarán otra historia al Clásico que se resiste a crecer (por lo de Joven, no por rivalidad). Ya conocemos la historia del número de partidos sin derrota amarilla, y aquella historia sustraída de una inoportuna mini declaración caribeña que instaló del lado azul la supuesta presencia del miedo.

Primero dejemos claro que miedo no siente ningún futbolista, al menos no por saltar al campo o por ver una camiseta. Eso no existe. Lo que sí hay es presión, inseguridad y duda. Una vez que éstas invaden al jugador, muy difícilmente librará favorablemente el partido. Peor aún, se van generando fantasmas que no pierden la oportunidad de visitarlo cada vez que se ve ante un desafío que requiere temple, seguridad y confianza.

Decía de barbaridades periodísticas. En columna por La Afición, Rafael Ocampo sentenció que el resultado del partido del próximo sábado estará obligadamente separado de los antecedentes que hoy llenan los espacios futboleros previo al partido. Lógicamente, como él lo dice, los resultados de torneos pasados no definirán el marcador del fin de semana, que se escribirá exclusivamente dentro de los 90 minutos. Sin embargo, está pasando por alto los factores externos que juegan en la cabeza de los jugadores, y que sin ellos, sería imposible ligar rachas positivas y negativas. Total, analiza sin análisis.

El futbolista es como un músico que ejecuta sin partitura. Hay una táctica, un orden, una repartición de funciones, pero el balón exige ingenio e imaginación para crear juego. Otra contra, el músico tiene enfrente a once más que intentarán impedir su recital. Sumemos otro problema: el concierto es un examen que evalúan miles de personas en la tribuna y millones por televisión. Si a este panorama agregamos una racha de 14 partidos sin ganarle a tu rival de toda la vida, estamos frente a varios ingredientes que condicionan la libre expresión del jugador, rasgo fundamental para encontrar el juego y el fútbol que te acercan a los triunfos. El broche de oro es el público, tu gente, que ante los antecedentes convierten un suceso común en algo excepcional. La traducción a excepcional, en este caso, es mayor influencia (positiva o negativa).

La estadística no cuenta a la hora de dar un pase o definir una pelota de gol, pero sí determina un entorno que puede devorarse a jugadores y técnicos, específicamente en la toma de decisiones, y el fútbol desemboca siempre en una constante elección de caminos.

Hay más sobre lo mismo. Existen jugadores que mantienen una relación idílica con su gente, lo que les otorga licencia para cometer errores sin ser el centro de las hostilidades. Esa inmunidad sólo la tienen Guillermo Ochoa y Salvador Cabañas de entre los 22 actores que salten a la cancha del Azul. Esto reduce el margen de equivocación para casi todos, que puede proyectarse a nerviosismo y duda. En ese renglón los Cementeros también inician con desventaja.

Si estos problemas aparecen, Cruz Azul llevará siempre las de perder. Primero porque tendrá más seguidores a su favor, que pueden convertirse en enemigos si las cosas no funcionan bien desde el inicio; y segundo, porque para efectos mediáticos sólo le sirve el triunfo. Un empate no le caería mal revisando sus puntos y su posición en el grupo, pero para sacudirse el tema americanista necesita ganar. Otro condimento que agrega presión.

Nadie puede saber si América alargará uno más los partidos sin perder, o si Cruz Azul se sacudirá ese pesar. A final de cuentas los antecedentes nunca han marcado un gol y cada juego es una historia nueva. Sin embargo, aunque el resultado se define exclusivamente dentro de los próximos noventa minutos, decir que la historia no significa nada es reducir el fútbol justamente a eso, a la nada. Decía Kipling que el éxito y el fracaso son dos grandes impostores. El marcador revela alguna parte de la verdad, pero no toda, porque existe un entorno que participa. Ya será tarea de jugadores y técnicos decidir si el contexto les juega a favor o en contra, pero créanme, existe, y de que juega, juega.

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