Relato del fútbol y cosas del pito

Cansada de que su marido no le diera lo suficiente para los gastos de la casa y no la tomara en cuenta como mujer, Catalina tenía que hacer algo urgente para ganar lana y no dejar a sus tres pequeños hijos sin comer. Por si fuera poco, justo en ese momento de tomar decisiones, reflexionó y se dio cuenta de que había sacrificado sus pasiones (su vida) para cumplir cabalmente con el rol de ama de casa y esposa abnegada. Fue entonces que su vecina Isabel le dijo: es cosa de que te animes y mandes al carajo los prejuicios: anímate, acá hay billete.

Sin pensarlo mucho, Catalina se aventó al ruedo; pero tenía que prepararse. Después de dejar a los chamacos en la escuela volvía a casa para arreglarse: pants y tenis de correr. Iba a un Deportivo ubicado a tres cuadras de la calle. Le dedicaba hora y media al ejercicio. Así fue durante un mes. Eso sí, su marido ni en cuenta: un tipo de estos que trabajan en un banco y sólo se sienten superiores por portar corbata.

Sin desatender las labores del hogar y su rol como madre –sí un poco el rol de esposa sumisa, por fin- se ejercitaba más. Iba al gimnasio y poco a poco su figura comenzó a tener dimensiones similares a una diosa. Reitero: su marido no se daba cuenta, pero sí los vecinos y mirones. Ya entrada en la evolución física, prosiguió con las lecciones. Tras inventarle a su suegra que estaba yendo a un curso escolar para madres incomprensivas, los chamacos no estorbarían en sus planes; pues la abuela los cuidaría cuatro horas. Apenas daban las 5 de la tarde y se iba con Isabel. ¿A dónde? Fu así durante un mes.

Un buen día el marido se cautivó al ver el cuerpo de Catalina. “Mi amor, estás…buenísima”. “Sí, mis amigos me lo dicen todos los días”. Zas, la bronca matrimonial. ¿Cuáles amigos? / Unos por ahí. ¿Andas de golfa, verdad? / digamos que me gusta quererme. Con razón los niños tienen ropa nueva/ tú jamás se las comprarías. Te advierto que de mí no te vas a separar tan fácil / ya lo hice. ¡¿Qué?! / ya existe el divorcio exprés. ¿Y mis hijos? / si quieres puedes verlos los fines de semana.

Ya separados, Catalina se las ingenió para seguir con sus lecciones y no descuidar a sus hijos. Para equilibrar las cosas, los metió a practicar natación. Eso sí, los cursos eran pagados por su ex marido: asesorada por un buen abogado lo obligó a que no dejara de pasar la pensión mensual. Pretendientes no le faltaban, pero ninguno que le atrajera (emocional y afectivamente hablando) salvo en lo referente a lo sexual. Total, que tanto es tantito.

Solamente Isabel conocía el secreto de Catalina. Todo mundo: ex marido, suegros, vecinos metiches, madres chismosas y maestras: se preguntaban a qué se dedicaba la mujer; siempre tenía dinero para sortear los gastos. Cabe decir que la intriga y la duda se acrecentaron cuando Catalina desaparecía todas las noches de viernes y sábado, así como gran parte del día los domingos.

Y llegó el momento de la verdad, después de un año. Catalina pidió a sus hijos que la acompañaran. Bien arregladitas las criaturas le preguntaron ¿a dónde, mamá? Ella les respondió: es hora de que sepan a que se dedica su madre. (En los últimos fines de semana el ex marido les metió la idea de que Catalina, su madre, era una prostituta). Subieron a un taxi y todos en marcha.

Llegaron a un edificio, que en su interior emanaba un ambiente escolar. Entraron a un auditorio y una ceremonia estaba por comenzar. Isabel y Catalina estaban felices, los chamacos desconcertados. Y la ceremonia comenzó con un discurso de bienvenida, para después proseguir con la siguiente revelación:

“Nos congratula tener entre nosotros a dos extraordinarias mujeres, que el día de hoy reciben el título y la acreditación como árbitros profesionales de fútbol. Gracias a su desempeño y compromiso con su profesión han sido designadas a ejercer el arbitraje en la Segunda División…”

Y todo mundo aplaudió de pie, sobre todo los chamacos. “Ésa es mi mamá…”

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3 comentarios

  1. Itsu viernes 21, agosto 2009 at 11:54

    jajaja y una pensando que se dedicaba al tubo :0P

  2. George (chocho) lunes 24, agosto 2009 at 14:07

    Por qué somos tan malpensados caray?? siempre pensando mal, pero vaya que ser arbitro para una mujer, no debe ser nada sencillo tampoco

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