Relato del fútbol y las obsesiones

Hoy es el día: se cumplió la fecha. En unas horas Jacinto Camili, alias El Pervert, dedicará su último suspiro a los rostros acusadores de quienes lo han llevado a la horca. Reporteros y fotógrafos locales ansían “vivir” la nota, la imagen. Después de un proceso judicial que duró tres años la sentencia se había dictado y en unos momentos se aplicará. Los cargos que se dictaminaron para acabar con la vida del Pervert fueron: homicidio en primer grado, abuso sexual y perversión de indefensos.

Ubicados cuatro años atrás, Jacinto se hallaba sumido en una severa depresión, pues su pareja lo había abandonado. “Estoy harto de ti Jacinto, de tus celos malditos. Sí, me voy con el futbolista con el que me has visto”.  Jacinto no daba crédito a que Mauro lo dejara por un futbolista. Con el odio en la sangre buscó redimir el engaño. De una forma obsesiva, y obligatoria, se convirtió en fanático del fútbol. Iba al estadio cada quince días, veía todo partido que fuera televisado, se aprendió los nombres de todos los jugadores adscritos a la FIFA.

Los vecinos comenzaron a rumorar. “Ya no es la loca de antes”. “Anda muy misterioso”. “Pobre, se quedó loco”. Mientras tanto, Jacinto seguía alimentando su obsesión. En la intimidad de su casa disfrutaba de vestirse como portero y árbitro para posar de manera sexual frente a una cámara fotográfica. Sin embargo, seguía insatisfecho. Un buen día escuchó en un programa de radio a una locutora que decía: en la guerra como en el amor, todo se vale. Y se hizo la luz. Jacinto corrió a una tienda deportiva a comprar decenas de balones.

Los rumores crecieron más y más. Una vecina, de esas que nacieron para ser metiches, lo analizó de la cabeza a los pies. “Ya no se peina”. “Sus ojos denotan maldad”. “Hay días que parece no bañarse”. Intrigada y movida por el morbo, la vecina colocó su oído junto a la puerta del departamento del Pervert y escuchó lo que no debía. “Sí, sí, sí, así chiquito, así. Gime maldito escuincle, gime”. Ni tarda ni perezosa la vecina corrió a la jefatura de policía.

Un grupo de cuatro uniformados irrumpieron de manera violenta en el departamento de Jacinto, que comenzó a gritar como loco (o loca) asustado del allanamiento. Un coletazo lo tranquilizó. Un policía mal encarado lo tomó del cuello y le gritó: ¿dónde tienes a los niños, pervertido? ¿Dónde están las criaturas? Impávido por la acusación, Jacinto respondió: no sé de qué me habla, ¿cuáles niños? Y vinieron más coletazos… y la sangre abundaba en el cuerpo de Jacinto.

Los policías revisaron una y otra vez el lugar, pero jamás encontraron niños. Lo que sí encontraron fueron las fotografías de Jacinto vestido como árbitro acostado en una pose indecorosa sobre un balón, entre otras muchas imágenes. Lo que más impacto causó –que a la postre fue el escándalo en todos los medios- fue el descubrimiento de decenas de balones en todo el departamento; en cada esférico estaba escrito el nombre de Mauro. El refrigerador estaba abarrotado de balones inflados. En el microondas encontraron un balón desinflado con un poco de crema chantilly. Debajo de su cama hallaron balones desinflados y con resquicios de lubricante de manzana. Había violado… a los balones.

El policía que lo detuvo peleaba por ascender a la jefatura y había pedido a Dios un caso que lo llevara a cumplir su sueño. Y le fue concedido el caso del Pervert. En contubernio con la vecina y otros policías falseó la investigación: alteró pistas, inventó delitos y contrató mendigos para que sirvieran como testigos acusadores de Jacinto. Quizá el único delito del Pervert fue haberse ponchado –literalmente- a los balones marcados con el nombre de Mauro.

Falta poco para que Jacinto Camili diga adiós a este mundo por haber elegido una obsesión distinta con el fútbol. El jefe de la policía sigue disfrutando la gloria –y falsa- de haber detenido a un asesino serial y corruptor de menores. Los medios anhelan publicar la noticia y que sea vista (y leída) alrededor del mundo para que les caiga un contrato de los buenos. Mauro pelea por defender la homosexualidad en el ambiente del fútbol. La vecina sigue pegando oído a cuanto departamento se le ponga enfrente.

Ah!!!!, y la tienda donde el Pervert compró los balones es el sitio turístico más visitado de la localidad, además de haber elevado sus ventas al 200%.

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4 comentarios

  1. Isaura lunes 24, agosto 2009 at 0:48

    … no sé qué decir esta vez

  2. abril lunes 24, agosto 2009 at 15:17

    … q loco! … al igual q Isaura…. no sé q decir al respecto…
    buena historia querido elías! 🙂

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