Relato del Viejo Oeste y el fútbol

El Viejo Oeste no es una leyenda. Tampoco es cosa del cine o de los libros animados de vaqueros. Al hablar del Viejo Oeste es remontarnos a nombres como Butch Cassidy, Sundance Kid, Pat Garret, Billy the Kid o Ned Kelly en la vida real. James Stewart, Gary Cooper, Henry Fonda, Clint Eastwood y Lee Van Cleef en la pantalla cinematográfica. Buscadores de tesoros, bandoleros, caza recompensas, alguaciles o pistoleros le dieron vida a las espuelas. Se ha hablado de la fiebre del oro en California, de las vetas en Mackenna y Hot Dog Springs. Poco, o nada, se ha dicho sobre dos amigos pistoleros que en su camino se toparon con los Yaquis. Hablamos de Bruno Rencores y Jaime Venganza, los pioneros del fútbol en el país.

Cansados de asaltar bancos en el norte, Rencores y Venganza querían algo de mayor calibre: robar el tren que venía de California a Sonora.  Se asentaron a las orillas de Gómez Palacio. Estudiaron los alrededores: brechas, atajos. Poseían un viejo mapa -que perteneció a un banquero de Parral- que contenía las rutas ferrocarrileras y era su guía para planear el robo. Sin embargo, no tomaron en cuenta que al llegar a Mapimí se toparían con la tribu Yaqui.

Los indígenas los agarraron de inmediato. Los Yaquis enfrentaban sequías, por ende falta de alimentos. La noche del día anterior en que los pistoleros serían sacrificados como parte de un ritual, el jefe Saeta Veloz les preguntó cuál era su último deseo. Ambos respondieron que robar el tren. Nada tonto, Saeta Veloz no sólo les cumpliría su última petición, sino que los ayudaría a cambio de la mitad del botín.

Durante un mes, Rencores y Venganza enseñaron el arte del revólver a los hombres Yaquis y ayudaban en labores de campo a las mujeres. Saeta Veloz les proporcionó dos caballos y dos hombres para que estudiaran la zona. Fue Tepehuanes el sitio elegido para llevar a cabo el plan. Comenzaron a planear el asalto. Saeta Veloz les dejó en clara una cosa: nada de balazos, nada de muertos.

Llegado el día, Rencores, Venganza y un grupo de 20 Yaquis esperaban atentos en unas piedras altas. El tren detuvo su marcha porque un cúmulo de enormes rocas bloqueaban el paso. De todos lados salieron Yaquis para rodearlo, mientras que Rencores, Venganza y los 20 hombres se incorporaron de inmediato. No hubo necesidad de violencia, poca gente venía en los vagones. Con dinamita hicieron volaron la puerta trasera del último vagón: guarida del botín.

Repartidas las cajas y bolsas cada quien tomó su camino. Los Yaquis volvieron a Mapimí cargados con oro y dinero, que se supone sería depositado en el Banco de Gómez Palacio. Los Yaquis invirtieron en nuevas formas de producción para solventar su agricultura. Además, acapararon las tiendas ubicadas en las ciudades, se hicieron de cuanto alimento les fuera posible adquirir. Saeta Veloz no perdió el tiempo y se hizo de una enorme cantina.

Rencores y Venganza cabalgaron y cabalgaron con una enorme caja. Creyeron que iban para el norte, pero la adrenalina del sueño cumplido los despistó y estaban por llegar a Pachuca. Cansados y hambrientos se detuvieron en Real del Monte y de un tiro abrieron la caja. ¡Oh sorpresa! Nada de dinero, nada de joyas, nada de oro. La caja estaba repleta de diez esféricos de cuero con una leyenda que decía “para ser pateados”.

El acabose emocional que les representó el robo del tren los llevó a transformar su vida. Cansados de ser bandoleros optaron por dedicarse a una vida sana y productiva, es así que encontraron trabajo como mineros en Pachuca. Mientras trataban de convencer a sus compañeros de que efectivamente habían sido ladrones reconocidos, pateaban los esféricos (el botín) en los campos pachuqueños después de salir de trabajar. Así nació el fútbol.

*Una ficción de que el Viejo Oeste no sólo está ligado al fútbol, sino que fue la época en que se creó y llegó a México.

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