Chelís ¿chitón?

En estos tiempos de crisis ¿qué significan 205 mil pesos? Sin duda alcanzaría para que 200 familias compren los útiles escolares de sus hijos y no tengan que verse en la necesidad de sacarlos de la escuela. Servirían para pagar la carrera universitaria de 20 jóvenes que carecen de recursos para continuar con sus estudios en una institución pública. También podría invertirse en viajes, vivienda, cirugías o lujos como un automóvil. Ahora bien ¿Qué harían ustedes con 205 mil pesos ensuciados de inmundicia? Es decir, sabiendo que esa cantidad proviene de una multa impuesta por algunas autoridades contra los súbditos malcriados, irreverentes y trasgresores de la ley que hacen de su boca y sus labios armas incitadoras al pecado: algo así como un mal ejemplo para la sociedad.

Pues sí, resulta que de forma inquisidora se ha  catalogado como delito el acto de  realizar ejercicios de habilidades adquiridas por nacimiento y fortalecidas por la evolución (en este caso el habla) o pongan en práctica sus libertades sin previo aviso (en este caso la expresión). De haber hecho caso omiso a la “ley”, la multa consiste en cantidades fijadas al instante, o séase, lo que se le ocurra a un “impartidor de justicia” al momento de dictar sentencia monetaria.

Lo anterior trata de describir el panorama que enfrenta actualmente José Luis Sánchez Solá, Chelís, que por haber expresado públicamente su inconformidad hacia la parcialidad del arbitraje ha sido multado por 205 mil pesos. Previamente había recibido otra multa por manifestar -con una mentada de madre- su desacuerdo ante la intromisión de Concacaf para retirar a equipos mexicanos de la Copa Sudamericana. De los pocos colegas, que sin temor y con tamaños salieron abiertamente a brindarle apoyo se encuentra Ricardo Ferreti, quien defendió la libertad de expresión como un derecho de todos.

Tomemos en cuenta que en el fondo Chelís no daña ni perjudica a nadie. De todos es conocido, como aficionados más, que arbitrajes localistas y parciales siempre habrá. En este caso la papa caliente le tocó al Pachuca, pues ni modo, que aguanten. Muchos años fue el estigma del América y ahora es de a como se sienta la pedrada. Por otra parte, la intromisión de CONCACAF para retirar a equipos mexicanos de un torneo sudamericano, salvo Chelís, no fue ni siquiera cuestionada abiertamente por la gente de pantalón largo que nos representa en fútbol. Lo más grave del asunto es que ya se censura la libertad de expresión y pobre del que se atreva a decir algo, porque le cae su multota.

Vamos a la otra barrera. ¿Cómo se sanciona a un árbitro que no marca un penal clarísimo en la final Toluca-Cruz Azul, donde incluso Villaluz fue a dar al hospital? Es sencillo, dos o tres partidos que no pite bastan para que aprenda la lección. Ahora bien, los árbitros nunca quieren hablar ni opinar. Sería interesante escuchar sus opiniones, darle cabida a su voz y que manifiesten lo que se siente de ese lado. Pero no, la mordaza debe ser severa y mejor quedarse chitón.

El mismo Javier Alatorre, en su noticiario Hechos, quedó impactado al escuchar la noticia dada por André Marín: Sánchez Solá, multado por haber dicho que el arbitraje favorecía al Pachuca. Alatorre reaccionó con sorpresa y se cuestionó “¿acaso no está en su derecho de decirlo?, ¿dónde queda la libertad de expresión?”. Así son las cosas en este nuestro fútbol, pero no hay que dejar que sigan siendo así. A este paso, al rato los aficionados tendremos prohibido gritar porras o lanzar cánticos porque perturbamos la concentración de los jugadores. Venga Chelís, bien lo dice Voltaire: “podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”.

Dos casos de libertad de expresión ejercida al paso de los años.

1)      No hace muchos años, unos tres si la memoria no me falla, el Snoopy Pérez, ex jugador chiva, reveló en W Radio que en un clásico América-Guadalajara, Codesal les dio venia libre para coser a patadas a los americanistas. Dijo que durante el descanso del medio tiempo, el árbitro les había dado permiso para patear lo que quisieran todo el segundo tiempo y no habría sanciones.

2)      Jorge Castrilli, ex árbitro argentino, confesó en alguna ocasión que le habían girado la instrucción de marcar un penal inexistente, esto en el marco de una Copa Libertadores, a fin de favorecer a un equipo de su país. Así lo hizo.

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