Tiro de esquina

Era la segunda semana de entrenamientos del equipo y estaba nublado. Yo formaba parte de las Águilas de Brasil, más por el dinero que había aportado mi madre para la compra de uniformes, que por mis habilidades con el balón. Tenía seis o siete años y mi historia con el fútbol apenas comenzaba.

Antes de que las familias de la calle Brasil decidieran armar el equipo, jugábamos todas las tardes esquivando los carros. Poníamos dos piedritas por portería y abarcábamos un buen tramo de largo y todo lo ancho de la calle. No pasában tantos carros como ahora, se podía jugar. Así formamos lo que terminó siendo mi primer equipo.

Mis compañeros, que para mí eran unos cracks, eran un poco más grandes que yo. Desde el Diarreas, pasando por el Gordo, llegando al Archi. A mí me colocaban en la banda izquierda, lo más lejos del balón posible. El director técnico tenía que alinearme, pues el patrocinio del uniforme (como el de Brasil, con un águila en el pecho) le había ocasionado un conflicto moral y siempre me ponía de titular. “Por la banda izquierda”, repetía, “Tú nada más corre de aquí para allá”.

Y efectivamente, era todo lo que hacía. No era buen jugador, no le aportaba mucho al equipo y ahí estaba. Divirtiéndome, jugando con la tierra, pateando piedritas, huyendo del balón, por la banda izquierda. Algunas veces tomaba la pelota y conducía y daba un pase y me regresaba corriendo contento a la banda, la izquierda.

Aquella tarde de nubes practicábamos jugadas de estrategia. Ya había pasado el trabajo físico dos vueltas a la manzana y reproducíamos situaciones de tiro de esquina. Casi todos los compañeros eran más altos (tendrían unos 10 o 12 años) y siempre ganaban los cabezazos.

El portero, conocido como el Archi (por la impresionante cantidad de pecas contenida en su cara), era bueno y elástico; detenía todas. De repente vino un esférico desenfrenado hacia donde yo estaba. La guerra entre las piedras y la basura, que yo estaba representando en el área, de cuclillas, llegó a su fin. Me gritaron, me marcaron, me empujaron. Entonces, por algún instinto futbolero, me despegué del piso. Cerré los ojos y apreté los dientes. El centro que habían mandado desde el córner derecho me pegó directo entre los ojos, nariz y boca, me aplastó la cara.

Entonces cambió de dirección el balón sintético (muy duro por cierto). Abrí los ojos con la lágrima en vías de desarrollo. Vi de reojo al Diarreas (un flaco malhablado y abusado por el barrio entero), estaba tirado. A su lado el delantero. Según yo, seguía en el aire. Volteé la mirada hacia la portería. El Archi volaba hacia el lado contrario de mi disparo, la pelota rebasaba lentamente la línea imaginaria de gol. ¡¡¡Y gol!!!

Corrieron a felicitarme, por fin había anotado. Yo, en cambio, lloraba del dolor. Tenía sangre en los labios y la nariz. Me tiré al piso, cual jugador profesional, me tomé la cara. Ese fue mi primer gol de cabeza, o, mejor dicho, de cara entera.

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6 comentarios

  1. Laguna miércoles 2, septiembre 2009 at 22:04

    EXCELENTE NOTA! QUE MANERA MÁS LINDA DE HACERLE HOMENAJE A LA INOCENCIA, LA LIBERTAD Y LA ALEGRÍA QUE VIVISTE EN ESA FAMOSA CALLE. LA CALLE DE TU INICIACIÓN, DE TU EQUIPO VERDE, DEL QUE TODAVÍA TE VIBRA EN EL CORAZÓN. GRACIAS POR LA FRESCURA!

  2. Emiliano Castro Sáenz miércoles 2, septiembre 2009 at 22:10

    Gracias Laguna!
    Eres siempre bienvenida al BuenFútbol.
    Se aprecian mucho tus comentarios, seguiremos recordando pasajes con los que siempre vibramos. Aunque la nostalgia sea parte fundamental, la manera de estar cerca y divertirnos un rato, pasa siempre por lo bueno de la vida, por el buen fútbol.
    Un saludo para el lago, para Guatemala y para la vida.

  3. Sergio Sánchez miércoles 2, septiembre 2009 at 23:43

    Bueno, a la mente me vinieron infinidad de jugadas que me catapultaron como goleador del equipo del salón de tercero “B”, justo en el terreno de atrás de la primaria, jajaja, muy bueno Emiliano, ahí seguimos, cuidese…

  4. Emiliano Castro Sáenz viernes 4, septiembre 2009 at 0:59

    Gracias Sergio…
    Qué buenos momentos, siempre viviran dentro de nosotros. Sin duda nos formaron como lo que somos ahora, son parte de la historia de cada quién, pero que se convierte en la historia de todos.
    Salut!

  5. Zucaro viernes 4, septiembre 2009 at 1:53

    debes guardar alguna calceta, camiseta o short de aquel equipo … tal bez una memorable foto carajo

  6. Emiliano Castro Sáenz sábado 5, septiembre 2009 at 15:19

    Así es Zucaro, hasta donde yo tengo entendido, están las playeras y aditamentos que fueron usados en la infancia. Pero lo más importante, es conservar la memoria, saber de dónde vienes, para saber quién eres.
    Gracias por comentar.
    Un saludo!

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