Y eso que Redondo no usó zapatos rosas…

Vaya polémica desató el defensa del Querétaro, Luis Daniel Cano, por haber utilizado zapatos de color rosa en su juego contra Pumas. Y digo ¡vaya polémica! no porque sea un hecho importante, sino por la incredulidad que genera estar debatiendo estos temas en pleno siglo XXI. Si bien comenzó por comentarios machistas de Alberto García Aspe, lo lamentable es que termine en un acto de autocensura.

Y eso que Redondo no usó zapatos rosas...Vamos por partes. Alberto García Aspe tiene todo el derecho de expresar su opinión respecto a su aversión al color rosa. Lo desafortunado es que se haya referido a que dicho color solamente deba ser utilizado por las mujeres, pues en los hombres se ve mal. ¿Acaso una mujer denigra al hombre por usar pantalones? ¿Los futbolistas deben ser catalogados como homosexuales por usar el cabello largo o diademas?

Apenas asumió la dirección técnica queretana, Carlos Reinoso prohibió a sus jugadores utilizar zapatos rosas, o de cualquier otro color, y en caso de osar hacer una “tontería” de esas serán echados de la institución. Lo lamentable es que Luis Daniel Cano y algunos compañeros prefieren omitir comentario alguno por temor a ser sancionados, y además acatan la orden de utilizar zapatos negros. De nuevo la censura.

El color rosa no está peleado con la identidad sexual del individuo, no que yo sepa. Tampoco creo que el uso de aretes o arracadas, cabello largo o peinados poco comunes tengan que ver con una sentencia definitiva de la sexualidad de quien lo hace. Es por demás aberrante que a estas alturas del partido estemos discutiendo este tipo de trivialidades que lo más que hace es darle una bofetada con guante blanco a machistas aludidos por su nula comprensión de la expansión personal, siendo el deporte (fútbol) una de ellas.

La dignidad se gana en las canchas. Para el Mundial de Francia ’98, Daniel Alberto Pasarella, técnico de Argentina, ordenó a los jugadores con cabello largo pasaran con el peluquero. Hubo uno que no lo hizo, Fernando Redondo. El jugador alegó estar contento con su persona y eso incluía el cabello. Sostenía que le gustaba sentirse libre en el campo y para ello debía estar bien consigo mismo. Herido en su orgullo de hombre, Pasarella quiso castigarlo y no lo convocó a La Albiceleste argumentando rebeldía por parte de Redondo. ¿Aceptarse y quererse es rebeldía? Lo importante es que Redondo no se quedó callado, porque a final de cuentas el paso de Argentina en dicho Mundial fue intrascendente. Redondo no necesitó situaciones ridículas y extra cancha para mostrar al mundo de sus capacidades futbolísticas. Conocido por ser un caballero en las canchas y fuera de ellas, Redondo incluso dio cátedra de lo que significa la dignidad en otras dimensiones. Jugando para el Milan se lesionó y vaya que no era un jugador que ganara poco. Al saber que su rehabilitación llevaría tiempo, el argentino habló con su directiva y les comentó su decisión de no cobrar su salario. “Estoy aquí para jugar, si no juego no cobro. La gente paga por verme jugar”. ¡Imagínense a Redondo en nuestro fútbol multado por jugar con zapatos rosas! Dios nos libre (léase sarcasmo).

Cabe resaltar que las dimensiones son otras, pero Cano bien podría defender el uso de zapatos rosas sin explicar los motivos de su gusto; es algo que nos tiene que importar un comino. Pero no, como buen mexicano, y jugador mexicano, guarda silencio y elige el “sí señor” como una alternativa de conservar su dignidad como futbolista. La autocensura.

Vamos al estadio a ver a los equipos ganar, no a fijarnos en los zapatos que utiliza cada jugador. Siendo así, habría que analizar la ociosidad de García Aspe para fijarse en este tipo de detalles. O qué, ¿de plano estuvo muy aburrido el Pumas-Querétaro?

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