Cuauhtémoc tiene una coartada

Se está despidiendo, no le queda mucho más. El talento no se acaba, pero el fútbol le gana a todos. También a los que son distintos. Cuauhtémoc Blanco es lo mejor que México le ha regalado al fútbol y me da tristeza pensar, que con cada pase, con cada gol, con cada gesto, lo empezamos a despedir con nostalgia adelantada.

Cuauhtémoc nos entiende. Sabe que algún día, cada vez más cercano, lamentaremos su adiós. Tal vez por eso nos ha ido preparando poco a poco con retiros fugaces. Ya en 2001, también con Aguirre, se fue de la Selección sólo para saber que sin él Japón-Corea no hubiera existido. Después de conducir al América a una final que casi gana él con un gol inolvidable, tomó un vuelo a Chicago para compartir su juego muy mexicano con los no menos mexicanos paisanos que viven en Estados Unidos. Más recientemente, se topó con un sueco que nunca entendió que sin él la Selección Mexicana no era mexicana, y también se despidió. No sabemos bien cómo, pero volvió a vestirse de verde y con él, la alegría del juego mexicano inundó a un equipo que estará en Sudáfrica.

Él juega, ¿de qué? todavía no lo averiguamos. Recordamos que inició como extremo por derecha y fue el mejor. Usando la 23 se cansó de desbordar y lanzar centros que pusieron a un camerunés en la antesala de un título de goleo. Unos años después algún ocurrente le dijo que sería delantero. Cambió el número por el 11, se metió al área y fue más goleador que cualquiera. Se llevó un campeonato de goleo para su casa. Ante tal indefinición ofensiva se fue por la fácil, se puso la 10 y jugó de lo que quiso. A ratos mediocampista, a ratos enganche, a ratos mago. Su posición ideal está entre la media cancha y la portería rival, ahí es donde debe jugar Cuauhtémoc, donde ha jugado siempre.

En ese lugar nos ha mostrado su eterno catálogo de exquisiteces. ¿Pases, dribles? ¡Qué va! Eso es de ordinarios. Este hombre utiliza la espalda, las nalgas, los talones, los hombros… Por eso todos van a verlo a él.

México derrotó a Honduras en el Azteca y puso un pie en el Mundial, pero la nota fue Cuauhtémoc Blanco, el único entre cien mil que no sintió nervios a la hora de patear ese penal. Por suerte, aún hoy, sigue en nuestro equipo.

Si nuestro fútbol sigue en busca de un rostro, de una identidad, ahí lo tenemos. Ése es el juego mexicano, el que alegra y divierte. Ah, para los que hablan nada más de resultados, les tenemos la noticia de que este hombre también ahí es generoso.

A mí me gusta el buen fútbol, pero hoy me arrepiento de ello. Caigo en cuenta que al apreciar la belleza del juego estoy aceptando sufrir cuando él no esté más. No me gusta seguir comprobando que es el mejor porque empiezo a extrañarlo anticipadamente.

El fútbol algún día decidirá que no puede jugar más. Por suerte, ante tal sentencia Cuauhtémoc tiene una coartada: ha sido el mejor de todos.

Disfrutémoslo.

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