Relato de un poblano peculiar

Una tarde cualquiera en una parroquia de Puebla. Un hombre delgado y sin cabello camina lentamente desesperado hacia el confesionario. La miradas inquisidoras y persecutorias de las imágenes religiosas que reposan en el templo cohíben al hombre; que al sentirse “vigilado” apresura su andar. Llegando al confesionario, se hinca con las piernas temblorosas. Una ventanilla de madera vieja lo separa de su tranquilidad.

Ave María Purísima / No, soy el Chelón / Ave María Purísima (enojada la voz) / Ah, ya entendí. Sin pecado concebida, padre / ¿No eres religioso o qué? (más tranquila la voz) / En estos tiempos ya no sé / Anda, mejor cuéntame tus pecados / Es que no quiero contar mis pecados / ¿Entonces? / Necesito hablar, que alguien me escuche / Sólo porque le voy al Puebla te escucharé / Gracias padre. Estoy harto de que me multen por expresar mis opiniones…

Chelón le contó al sacerdote su sentir sobre el arbitraje, las diferencias de sus directivos, la persecución de los federativos hacia la libertad de expresión, los empates que aquejan a su equipo y de paso sobre su admiración por Javier Aguirre. Por su parte, el sacerdote lo conminó a la mesura en sus declaraciones, le sugirió algunas variantes tácticas, externó su desconfianza hacia los federativos y le recomendó un psicólogo para que acudiera a terapia.

¿Algo más, hijo mío? / Lo último. Quisiera saber si es soberbia sentirme ser el más apto para dirigir a la Selección el próximo Mundial / No lo creo, te lo mereces / La cuestión es que mi amigo Tuquita y yo andamos hurgando un plan para llegar a la Selección / ¿En qué consiste su plan? / En desesperar a los federativos con base en insultos y mentadas de madre, provocando que la afición se levante en marchas y manifestaciones

El sacerdote le indicó que el camino de la violencia verbal no es el adecuado para sus propósitos. Chelón le rebatió que es la única forma de ser escuchado en nuestro fútbol. El sacerdote le insistió en que hay otras vías. Chelón se puso a llorar y lleno de sentimiento le pidió que lo abrazara porque se sentía solo en esos momentos. El sacerdote terminó la confesión dejándole de penitencia rezar treinta padres nuestros y cuarenta aves marías, después lo abrazó.

Contento salía Chelón del templo cuando el sacerdote lo alcanzó, llevando una canasta en las manos. Le dijo que se había olvidado que en su penitencia también estaba la expiación por medio de un diezmo superior a los veinte mil pesos. ¿Por qué tengo que pagar? / En tu confesión utilizaste malas palabras y eso es un pecado, digamos un “delito divino” / Discúlpeme padre, pero no voy a pagar / Como quieras hijo. Sólo te digo que en dos horas viene a platicar conmigo, o a confesarse, un directivo del Pachuca.

Chelón pagó y salió del templo. Ya afuera encendió un cigarro y rompió en llanto… porque le ganó el sentimiento. Para su fortuna, Tuquita lo esperaba a mentadas de madre.

*Una ficción humorística ajena de la realidad.

6 comentarios

  1. Izrael Intolerante jueves 10, septiembre 2009 at 16:30

    Delgado y sin cabello se merece todas las penas del planeta maldito calvo… DOY LUSTROOOOOO!!!!!! Puebla a 2da division por tener seguidores calvos….

  2. Miguel Sánchez jueves 10, septiembre 2009 at 21:41

    Jajaja. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Mira que acercarse al clero para encontrar tolerancia y apertura. La inquisición no ha muerto, sólo se ha transformado (o andaba de parranda). Excelente relato de ficción, Elías. Felicidades.

  3. Isaura jueves 10, septiembre 2009 at 23:26

    jejeje Amo a esta pareja cómica: Tuquita y Chelón, jajajajaja… sólo de imaginarlos me vuelve el alma al cuerpo. Y Chelón llora, porque a Chelón le gana el sentimiento. En Puebla, a dónde más si no una iglesia… habiendo tantísimas, jé.

    Saludos.

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