‘Ora verás, se llamaba…

De entre las benevolencias que ofrece el fútbol es la no obligatoriedad de memorizar los nombres de futbolistas en la mente de un aficionado común y corriente, que aún no vive la experiencia máxima de la pasión que posee un fanático sano o un hincha. Entablar una charla con un aficionado que cuente con esa característica puede resultar muy entretenida y amena. Escucharlas por accidente pueden resultarlo al doble. Aquí algunos ejemplos de lo que les comento.

El señor 1 le pregunta al señor 2 su opinión acerca del triunfo americanista sobre Estudiantes. El señor 2 responde con un ¡vaya goliza!, enalteciendo la figura del Rolfi Montemayor (sic). “Ese Montemayor es un jugadorazo, qué bárbaro”. El señor 1 se nota confundido por un momento porque cree que el Rolfi no se apellida Montemayor, pero sucumbe ante la confianza del señor 2. “Sí, Montemayor es el refuerzo que necesitaba el América”. Y siguieron hablando de Montemayor, cuando en realidad su apellido es Montenegro.

El joven 1 quiere lucirse sobre fútbol argentino con el joven 2. Ninguno de ellos argentino. Joven 1 dice ser seguidor de River Plate, equipo que ganó su aprecio desde que jugaba Francescoli (no ha de ser muy joven que digamos). La cosa es que cree que el error está en haber contratado a Goytisolo (sic) como entrenador. El joven 2 le da la razón respecto a que el problema está en la banca, pero duda sobre el apellido del entrenador. “¿Goytisolo?, ese es escritor ¿no?” Al joven 1 le enoja que hieran su sapiencia y responde categóricamente “ese es otro, éste Goytisolo es otro”. Hablaron de Ortega y Gallardo después. En fin, ni modo de interrumpirlos para decirles que el técnico de River es Gorosito, no Goytisolo.

Ya siguiendo con la juventud, un joven lee el periódico (ojo, ni leyendo se aprendió el nombre) y le dice a su amiga “ese Amburacor la está haciendo en el Manchester City”. La chica no tiene ni idea de lo que su amigo le dice: desconoce qué es Manchester City y quién es Amburacor. Yo también desconozco quién es ese hombre. El morbo y la intriga por ese nuevo jugador, me lleva a pararme junto a él –simulando buscar nada- y leo una nota sobre ADEBAYOR, no Amburacor. Evidentemente me río hacia adentro por respeto a él: está muy emocionado contándole a su amiga sobre Amburacor.

Pero sin duda una de las mejores anécdotas es la de un taxista que dijo ser aficionado, que le gustaba el fútbol “pero hasta ahí”. De chavo veía al Cruz Azul de Marín, al América de Reinoso, al Toluca de Pereda, pero el equipo que le gustaba y le caía bien era la UANL, Tigres. “Cuando no era Pilar Reyes era Mateo Bravo. Tenían un equipazo, ora verás, estaban… Tomás Boy era un fuera de serie, un jugadorazo. Pero tenían un defensa de esos locos, parte madres, un fregón, se llamaba Osvaldo Benedetti. Ah, qué bueno era ese Benedetti, era un perro”. Y siguió contando su gusto por el fútbol en sus años mozos. No tuve de otra más que poner atención, eso sí, todo el viaje estuve con la duda sobre si decirle que no se apellidaba Benedetti, sino Batocletti. Por otro lado, tampoco pude revivirlo, ya que él dijo “se llamaba”, cuando aún sigue vivo. Viéndolo bien, fue la premonición fúnebre del deceso de Mario Benedetti, no Batocletti. El asunto es que él admiraba a Osvaldo Benedetti y a los Tigres.

Es una dicha que existan jugadores como Montemayor, Goytisolo, Amburacor y Osvaldo Benedetti en el imaginario de aquellos que disfrutan el fútbol, que sin querer generan una pasión inocente al darle vida a personajes que les alegran el día, incluso la vida.

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