Arias es… ¡otro vergarazo!

Tan sólo hace un poco más de seis meses se rumoraba fuertemente sobre la llegada de Raúl Arias al frente de la Selección Mexicana. Sin embargo hace un poco más de tres meses veíamos como el conjunto dirigido por Arias, Necaxa, se iba cabizbajo a su nuevo hogar: la Liga de Ascenso.

Mientras todo eso ocurría, en Guadalajara las cosas no iban del todo bien. Se iba Efraín Flores, llegaba Omar Arellano, se retiraba, aparecía Francisco Ramírez… y poco le duró el gusto. De mal en peor, Jorge Vergara decidía sobre la marcha, precipitado y con telarañas en la cabeza.  De mal en peor, las Chivas se hundían en un pantano del que no han podido levantarse.

Con todo esto, el señor de los poderes en el Rebaño Sa(n)grado, escogía el camino de la razón: el largo plazo. Trabajo bien pensado, con miras a futuro, con bases (no tan) sólidas; todo esto manteniendo al (convenenciero) técnico Paco Ramírez. Sin temple, sin carácter y sin mucha preparación, pero con un proyecto (sí, como no) a muchos años de gloria.

Ante los malos resultados que se han dado en el torneo para el Guadalajara, Vergara decidió cortar de una vez por todas la cabeza de Ramírez, quien probablemente es el que menos culpa tiene. Lo cierto es que nunca debió llegar al frente de la dirección técnica rojiblanca, al igual que nunca debió ni salir, ni llegar (en su momento) Omar Arellano, así como nunca debió salir Efraín Flores (amén).

A lo largo de la “era” Vergara, el equipo se ha caracterizado por su fútbol (cuando de verdad se pone a jugar) ofensivo, de conjunto y entendimiento. Siempre (salvo con Azkargorta) se ha mandado jugar con tres defensores, cinco mediocampos y dos delanteros.  Por momentos se rota, por otros se guarda el esqueleto dictado, pero durante toda la gestión ha sido así.

Hoy todo el discurso (como casi siempre) entra en una contradicción. Que si hay que trabajar con jóvenes (Arias gusta de adinosauriar sus equipos); que si hay que debutar técnicos (más colmilludo no pudo encontrar); que si ser ofensivos es la punta de lanza del proyecto (con Arias habrá que comprar almohadas y decirle a la defensa contraria que si gusta ver el partido desde el palco).

Aunado a estas características de incompatibilidad de discursos, está la caída en picada que vivió Arias (y del que ya hicimos referencia) hace un tiempo. Con todo y los millones de inversión, que desmantelaron al hermanito San Luis, con las figuras que ya había trabajado Raúl y con el calendario a favor (recordemos los encuentros entre miembros televisos en fechas clave), con todo y todo descendió.

Cierto es que no todo en Arias acarrea malas decisiones. Lo criticable es la falta de argumentos y compatibilidad para ponerlo. A lo mejor Vergara ahora está oyendo a terceros, y eso ya es ganancia. El hijo pródigo del lapuentismo (Arias) es capaz, sabe ver y analizar el fútbol y sabe defender en el fútbol… el problema es que no es autocrítico, y lo demostró cuando no pudo llegar a dirigir la Selección.

Es urgente para el Rebaño que se divida la presidencia y el dueño. Vergara tiene momentos lúcidos y otros desafortunados. Es un dueño que siempre está al tanto de su institución, que ve más allá y que se mete más allá. Él podría tomar decisiones, nunca dejar del lado al Guadalajara, como un Abramovic mexicano, y que hubieran elecciones… pero todo es utopía y lo real es que Chivas tiene nuevo técnico.

Así, en medio de un contexto extraño, nebuloso y con el ojo crítico sobre de é,; Jorge Vergara impone su ley y le cede el banquillo chiva a Raúl Arias. Bueno, malo, defensivo o constante, lo importante en la gestión de Arias sería la autonomía de decisión y un verdadero proyecto como tal (corto o largo, lo importante son la bases sólidas de su gestión), sin embargo lejos estamos de ver algo parecido.  El vergarazo del mes llama la atención, habrá que ver cuánto esperamos para el próximo anuncio espeluznante, o declaración polémica.

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