De locura…

Valió la pena la desmañanada. Sí, a las 7:30 am tiempo de México (jaja perdón pero en domingo, para mí es muy temprano), se transmitió el derbi entre los Manchester, United que recibía al City en el mítico Old Trafford, que lució pletórico con más de 75 mil fanáticos que presenciaron un juego inolvidable.

Sin duda, ver un clásico es ya motivación suficiente para las fanaticadas que ven en juegos de este tipo la razón de su locura futbolera, y es que si el fútbol en el mundo se jugara con la intensidad y pasión que se jugó este clásico, entendería aquella frase de que el mundo está loco.

Y es que lo que sucedió hoy en Manchester fue una locura. Además, como ingrediente extra, el regreso de Carlos Tévez al Teatro de los Sueños, pero ahora enfundado en la casaca azul del City, era todo un evento que aderezó este clásico de la ciudad y que superó las expectativas por mucho.

De inicio las emociones comenzaron a moverse. A los dos minutos Rooney ya había adelantado al United. La presión sobre Tévez era incesante, apenas recibía le balón y el ¡buuu!, de los aficionados era monumental. Aún así el argentino ex consentido de los rojos, propició el empate a los 16 minutos en un gol que la tercera parte del mismo se la podemos adjudicar a él, porque fue por un balón que estaba perdido, lo ganó al portero y en vez de tirar le pasó a Gareth Barry, quien de primera intención pateó para poner el empate momentáneo. Ese fue el tenor del juego. Lucha, garra, entrega y mucha pasión.

Cabe comentar que ya para esas horas el sueño se me había esfumado. Bastaron 15 minutos del juego para darme cuenta que iba a ser un partidazo y que prometía mucho más.

El City emparejó el marcador y las acciones también. Las intenciones de los dos eran ofender la meta contraria y eso siempre habrá que agradecerlo.

Curiosamente el inicio del segundo tiempo fue muy similar al inicio del juego, pues el United se fue al frente de manera rápida por conducto de Darren Fletcher, a los ’49 de tiempo corrido, pero tres minutos más tarde Craig Bellamy igualó los cartones. Todo seguía igual, el juego estaba en plan grande y las emociones al cien.

El festival ofensivo debería tener resultados, recompensas. Cierto es que el Manchester United tuvo mayor tiempo el balón de ahí en adelante. Digamos que fue el más ofensivo de los dos si así lo podemos ver.

FINAL DE LOCURA
A los 80 minutos Fletcher puso el 3-2 para el United. Parecía terminado, quedaban diez minutos. Momentos antes de ese gol, Berbatov había dejado su lugar a Michael Owen, sí, ese Owen que inició su carrera a una edad muy temprana y que en Francia ’98 le hizo un golazo a Argentina. Ese al que le apodaban el Chico Maravilla y que lo sigue siendo sin duda alguna. Ese mismo que hoy es un “veterano” de las canchas, y su rostro de niño sigue con la misma expresión de alegría que cuando empezó a jugar.

Todo estaba controlado, corrían los 90 minutos. Ferdinand con balón a tierra en la mitad del campo a favor del United, no había peligro, pero el fútbol no se acaba hasta que se acaba. Rio Ferdinand quiso cucharear la pelota para ponerla en juego, la entregó a Bellamy, quien inmediato se dio a la carrera. Lo persiguieron pero nadie lo iba a alcanzar. Entró al área, se quitó a Ben Foster, portero que suplía a Van der Sar, y mandó el balón al fondo.

Locura en la banca del City. Silencio en Old Trafford y parecía que el 3–3 estaba consumado. Pero nuevamente el fútbol mostró que es una caja de sorpresas y Martin Atkinson, árbitro central, dijo que se jugarían cinco minutos más. Sí, cinco más, ¡gracias!

Manchester se lanzó con todo. Se cumplieron los cinco minutos y el empate seguía. Ahora, cinco minutos y segundos. Owen recibe dentro del área, es la última jugada, Michael controla y define como maestro. ¡Gol del United! ¡no lo podía yo creer! Y el enojo y fastidio en la banca vistante era latente. Mark Hughes, director técnico del City, estaba furioso. Reclamó, con cierta razón, que el tiempo ya había acabado y el rostro descompuesto lo decía todo.

Sir Alex Ferguson saltaba, el juego terminó, se tenían que dar la mano como indican las reglas de la caballerosidad y así lo hicieron. Hughes de inmediato partió hacia el vestidor y el United festejó junto a los 75 mil fanáticos un triunfo de película, de historia de fantasía, de esas que no se ven muy a menudo y que por cierto, terminó con mi sueño y desmañanada apenas iniciado el juego.

United 4-3 City. De locura.

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