Del Chanfle al Chido Güan

No hace mucho tiempo un amigo me decía que la mejor imagen para ejemplificar al fútbol mexicano era El Chanfle, personaje protagonizado por Roberto Gómez Bolaños Chespirito en la película del mismo nombre, que incluso tuvo segunda parte con El Chanfle 2. Su argumento consistía en que nuestros jugadores, técnicos, comentaristas, medios y aficionados somos un entramado de estupidez que impedimos de manera colectiva el progreso de este deporte llamado fútbol. Me puso el ejemplo de Luis Hernández cuando llegó a Boca Juniors y metió tres goles en un entrenamiento. “Todo mundo aplaudió y se congratuló de los tres goles que metió. Fue la noticia de toda una semana. Era el ídolo por sus tres goles en el entrenamiento, similar a lo que hacían en el Chanfle con el personaje de Valentino”. Ni cómo contradecirle el claro ejemplo de la estupidez.
Pero dejando de lado al Chanfle, hay otros filmes que retratan la realidad del fútbol mexicano en diferentes épocas, diferentes circunstancias y con diferentes actores, muy distantes de Chespirito. Ahí están los casos de Las Chivas Rayadas del Guadalajara, protagonizada por Clavillazo y Salvador Reyes. En ella Clavillazo plantea una estrategia poco usual para ganar el partido: jugar al autogol, es decir, todos deben jugar en el área propia para jalar la marca del equipo rival y distraerlos; como quien dice el contragolpe. Un documento real e histórico para los aficionados chivas que quieran ver al campeonísimo Guadalajara bajo el mando de Sara García.

En el filme México vs Estados Unidos, Eric del Castillo protagoniza a un entrenador impetuoso y aguerrido que le pide a sus chavos partírsela de a “devis” para ganarle a los gringos. De fondo hay una historia de migración; los mojados que siempre van al otro lado en busca de una mejor calidad de vida. Una película que pasó desapercibida y que fue pionera de la fuerte rivalidad que se vive con Estados Unidos en materia futbolística, además de los problemas migratorios que enfrentamos actualmente.

Sin duda uno de los filmes más fieles a retratar las corruptelas y vicios que se viven en el fútbol mexicano es Tacos de Oro, El Chido Güan, dirigida por Alfonso Arau y protagonizada por Fernando Arau (el Chicho de los Cachunes) y Mario Almada (el mero mero de nuestro cine). Mario Almada protagoniza a un anciano lisiado, ex jugador del Monterrey, que busca ayudar al Chido Güan (Fernando Arau) para que cumpla su sueño de jugar fútbol en Primera División. Arau retrata a los promotores que negocian contratos a escondidas de los jugadores, las extorsiones para que jugadores cedan la mitad de su contrato a un directivo a cambio de ser alineado en la temporada. De igual forma, muestra la discriminación que enfrenta el jugador que viene de barrio bajo y tiene que pelear la titularidad con los yuppies de alguna escuela de fútbol o familiares de algún directivo. Retrata los vicios de la drogadicción, alcoholismo y sexo que viven los jugadores que por nada de fama se sienten intocables. Los medios son representados por periodistas que se empeñan en volver al pasado, temerosos de ver el panorama desalentador que ofrecen los de pantalón largo al mundo del fútbol. La presencia de Mario Almada, Ignacio Retes y Wolf Ruvinskis como ex jugadores de Monterrey no es en balde, Arau ya presagiaba el poder económico y de aficionados que tendría el norte al paso de los años. Alguna similitud entre el filme de Arau y el fútbol mexicano en la actualidad es mera coincidencia.

Me quedo con una encrucijada. ¿Sugerir que primero se hagan fans del Chido Güan antes de agarrar gusto por un equipo, o al revés? Total, ustedes véanlas y apoyen al equipo que sea, pero amen al fútbol.

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