Javier Aguirre: el iluminado

Un gol de Matías Vuoso a los canadienses en octubre de 2008 cambió la historia y calificó a México al hexagonal final del clasificatorio por la Concacaf. La suerte no le auguraba mucha esperanza a los dirigidos por el sueco Sven-Göran Eriksson y la oscuridad era primera plana cotidiana para la Selección Mexicana.

Empezó la fase final de la eliminatoria y el fútbol continuó su curso apagado y lamentable, sin lucidez, sin carisma, sin rumbo.  Sudáfrica estaba más lejos y el nudo en la garganta se generalizaba más allá de las cien mil almas del azteca. Las visitas, los goles y el fútbol estaban en una caja negra.

De repente llegó el Vasco Aguirre, de la mano de un par de decisiones interesantes de la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut). El otro arribo fue Néstor de la Torre y con él un supuesto proyecto de fútbol de primer mundo con miras a ser campeones en 2018.

Sin saber que ocurrirá dentro de once años, pero con la certeza del trabajo que se ha plasmado sobre la cancha en el México que se quería. Se fue prendiendo la luz conforme avanzaba el tiempo de Aguirre al mando de su segunda gestión. El fútbol reapareció y el año y medio de oscuridad, fue tomando calor, luz y esperanza.

Así, México se encontró y reanimó a una afición que estaba cansada. En el momento justo, Aguirre motivó a los convocados y le devolvió la sonrisa al país. En fin, luego de ese año, donde Vuoso parecía prender la vela que nunca logró a deslumbrar, hoy la Selección Mexicana está en la edición 19 de la Copa Mundial de fútbol.

México se clasificó a Sudáfrica después de un partido cerrado en su primera parte, contra El Salvador. El portero salvadoreño fue una pieza sobresaliente en el encuentro y clave en el esquema de Carlos de los Cobos. Un autogol le dio la ventaja a México, en la primera parte y ya en la segunda se abrió el juego y el marcador. Cuauhtémoc, Palencia y Vela le dieron voz al estadio Azteca, que gritó al unísono, contento como cada cuatro años después de la etapa oscura de Italia ’90.

Sin embargo, la calificación al Mundial vino acompañada por un lazarillo que guió la ceguera mexicana a poder abrir los ojos, hoy 10 de octubre de 2009.

Con Cuauhtémoc Blanco como pieza clave, con un Efraín Juárez inamovible en la zaga derecha de la defensa, con Israel Castro fundamental en el centrocampo, con Rafa Márquez recuperado y a expensas de saldar la deuda con el aficionado y con un Memo Ochoa en un momento resaltable.  Así acude México a su decimoquinta cita a la fiesta más grande del mundo futbolero.

Hoy, con la luz encendida, con la pasión devuelta y el corazón palpitando fútbol de nuevo, sólo falta confirmar el momento en tierras africanas.  Como dicen mis compañeros, ¿qué pasará si le toca a México Inglaterra, Ghana y Paraguay? ¿y si toca Corea del Norte, Suiza y Sudáfrica?

El trabajo dio para que se calificara al Mundial. Hoy, el Vasco, junto a sus veinti-tantos convocados, iluminan el camino que va directo a el país más desarrollado del continente más olvidado. Esperemos que en verdad se haga un buen papel, pensando más en el buen fútbol que en el quinto partido y de ahí se juegue con la mente en cada momento, para ir iluminando, paso a paso, lo que se esté jugando en ese momento.  Hoy, México dice: ¡Nos vamos al mundial, nos vamos al Mundial!

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