El fútbol, ¿para imbéciles?

En días recientes chateé con un gran amigo que vive en Playa del Carmen y que se promulga como un fiel devoto del Atlante; equipo al que tiene cerca, en Cancún. Entre tantos temas, el más importante fue el referente al fútbol, tema que terminó siendo polémico y controversial (como debe ser). Él criticó que los aficionados al fútbol seamos tan clavados en todo aquello que rodea a este deporte, que parecemos ingenuos e imbéciles.

Argumentó que el juego sólo consiste en 22 idiotas corriendo tras un balón y que no había nada más allá que valiera la pena comentar o analizar. Su posición me extrañó, ya que él de chico jugó en canchas llaneras y en las reservas juveniles atlantistas, por lo que conoce circunstancias ajenas a la cancha y ligadas al fútbol. Por ejemplo, los sueños de alguien que quiere ser goleador, debutar en Primera División, así como los problemas familiares de jugadores y entrenadores.

Debo confesar que su personalidad es intransigente, por lo que no da cabida a una respuesta que contradiga su opinión (también uno que se busca amigos así, caray). Sin querer queriendo dio pie a la polémica, consecuencia proveniente de lo que acontece con el fútbol. ¡Ya había algo más que 22 idiotas corriendo tras de un balón! Como la charla quedó inconclusa, le dejo en este espacio mis comentarios al respecto. (Ah, porque deben saber también que es fiel lector de ELBUENFÚTBOL*). Amigo, deja te digo que:

Si el fútbol sólo consistiera en una camada de imbéciles corriendo para pegarle a una bola de cuero, Pelé no tendría razón de ser en el deporte. No existirían las anécdotas de Borges realizando exámenes a la hora del fútbol, ni de las lecturas poéticas que organiza Günter Grass con el fin de recabar fondos para apoyar al Friburgo, su equipo. De igual manera, no tendría repercusiones de carácter religioso como en el caso de los países islámicos, donde a las mujeres se les prohíbe asistir a un estadio. Incluso los ateos no encontrarían una creencia en la que su fe se convierte en pasión, llevada al límite en el canto de un gol o en la integración de una hinchada.

Si nos vamos a tonos sentimentales habría que citar los miles de niños que viven en barrios y situaciones de extrema pobreza que encuentran consuelo en una cascarita, en un pedazo de tierra donde los problemas y el hambre se olvidan. También sirve como una terapia para aquellos seres juzgados como enfermos o personas con capacidades diferentes, que en el balón encuentran la mejor (en ocasiones la única) forma de expresarse. Recordemos a Garrincha, que padecía de retraso mental y tenía una pierna más corta que la otra. En Italia, el balón es utilizado como parte de una terapia para esquizofrénicos.

Por otro lado, también es cierto que al fútbol se le han dado atribuciones que pueden implicar repercusiones negativas y dañinas. Hay aficionados que se deprimen cuando pierde el equipo, eso en el mejor de los panoramas. Hay casos donde se suicidan o asesinan a un contrario. Ni qué decir de la violencia registrada en los estadios y sus alrededores. Aquí es cuando el fútbol se ha llevado a un extremo injustificable; pero el problema ya está ahí y hay que encontrar soluciones para erradicarlo. De alguna u otra manera el balón está inmiscuido.

Otro punto a tratar con el fútbol está basado en lo concerniente a los medios de comunicación, la economía y la política. Muchos de nosotros no tendríamos el gusto por este deporte de no haber sido por el contacto con la televisión; que a últimas fechas ha perdido la magia que anteriormente poseía. Respecto a los billetes, imagina la entrada de capital que vivirá Sudáfrica con la organización del Mundial; un país que padece pobreza y es víctima de enfermedades como el Sida. Si los recursos son aplicados adecuadamente, se invertiría en infraestructura, empleos, salud, educación y combate a la pobreza.

Recordemos el partido entre Irán y E.U. en Francia ’98. Ambas naciones no se pueden ver por motivos bélicos y políticos. Sin embargo, en aquella Copa del Mundo jugaron un partido memorable y lleno de deportivismo, donde Irán ganó 2-1 sin necesidad de armas nucleares. No vayamos tan lejos, Honduras acaba de conseguir su pase al Mundial. ¿Sabes lo que significa para el pueblo hondureño esta hazaña en estos momentos? Claro, esperemos que no sirva como un distractor de la situación política que aqueja a este país.

Hagamos memoria y abramos los ojos. ¿Qué sentimos cuando pateamos un balón? ¿Qué sentimos al meter o festejar un gol? ¿Qué sensaciones experimentamos la primera vez que fuimos a un estadio? En verdad, el fútbol, ¿es para imbéciles?

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