Por suerte nunca lo sabremos

Y de la nada emergió Kazán como un lugar al que hay que seguir en el mundo del fútbol. No es para menos, el Rubin de aquella ciudad derrotó hoy al Barcelona en el mismísimo Camp Nou.

Hace unos meses les decía que en el fútbol también ha caído el Muro de Berlín, en referencia a los nuevos equipos de Europa del Este que están siendo protagonistas en los torneos continentales. Ya vimos al Zenit y al Shakhtar levantar la Copa UEFA, y nos hemos acostumbrado a los nombres Dínamo, CSKA, Lokomotiv y Spartak, tanto por ser continuos participantes, como por presentar en sus equipos a jugadores y técnicos con reconocimiento internacional.

Kazán es la capital de la República de Tartaristán, por supuesto dentro de la Federación Rusa. Su población está compuesta principalmente por tártaros, nombre colectivo aplicado a los pueblos túrquicos de Europa Oriental y Asia, quienes según los censos suman casi 10 millones en la parte sur y centro de Rusia. Lo que son las cosas, el término tártaros hoy suele utilizarse despectivamente como «invasor».

En el fútbol europeo ya no escuchamos las grandes historias del Ajax, del Benfica o del Celtic. En cambio, los nuevos invasores que le compiten a los «burgueses» son cuadros de Rusia y Ucrania.

Nunca sabremos hasta qué punto logran juntarse ADN y fútbol, pero sí sabemos que arte, literatura y cultura son las mejores herramientas para averiguar sobre lugares y personas. A esto agrego que las muestras más antiguas de literatura tártara son poemas épicos de epopeyas guerreras. Tal vez no tenga nada que ver una cosa con la otra, pero tengo la sensación de que el gol de Gökdeniz Karadeniz, así como su conmovedor festejo en Catalunya, pudieron haber sido los temas principales de las baladas líricas tártaras del siglo XII.

Por suerte nunca lo sabremos.

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