¡Qué bonito es el fútbol!

Pese a la crisis económica que aqueja al mundo, particularmente a México, la pobreza trae consigo ciertos disfrutes relacionados con el fútbol. Tal como lo he mencionado con anterioridad, mi capital se va destinado a curar el pie negro de mi madre y ello me orilla a ver los partidos de Champions por televisión abierta. En esta ocasión vi el partido entre Real Madrid y Milan a través de Televisa, ¿y qué creen? ¡fue una joya! Un juego redondo tanto a nivel futbolístico como los factores externos que le rodean.

La narración corrió a cargo de Ricardo Peláez, Jorge Pietrasanta, Hugo Salcedo y Francisco Villa. Contagiados por la magnitud del encuentro, recurrieron a conocimientos futbolísticos muy acertados, así como también a un derroche humorístico en el momento oportuno. Nada de pa pe pi po pu, ni arañas en su nido, sino comentarios atinados y acertados sobre lo que acontecía en la cancha. Peláez explicó la importancia del volante de recuperación en el sistema táctico, perfectamente fundado en la actuación de Lass Diarra durante la primera parte. Salcedo orientó al televidente con datos de equipos y jugadores. Pietrasanta embonó en la comicidad de la fiesta que se traían Dida, Casillas y el árbitro.

En el terreno de juego vimos todo lo que debe suceder en un partidazo: golazos, errores, táctica, improvisación, afición y jueces. El nivel de juego que muestra Raúl es de primerísima calidad y sigue demostrando que es el alma del conjunto merengue; por lo que resulta inexplicable que no sea convocado a la Selección española. La desorientación en el vaivén de Sergio Ramos origina la duda del porqué es alineado como titular. La importancia de contar con un jugador como Diarra, encargado de recuperar el balón y generar la ofensiva madridista es digna de reconocer. La acrobacia casi luchística de Iker Casillas podría calificarse como un gag al estilo Buster Keaton e incluso nos remonta a los movimientos innecesarios y muy peculiares de Fabian Barthez.

En Milan todo era una fiesta. La aparición de Ronaldinho desde el arranque fue una gran metáfora de que los muertos también juegan. Pirlo se mostraba nostálgico extrañando a Gatusso, pero no fue factor para que reviviera al equipo metiendo un golazo. Pato dio gala de lo que es la irreverencia jugando sin temor ni respeto alguno por el  Santiago Bernabéu, haciéndose presente con dos goles. Dida se dio el lujo de montar un monólogo que consistió en la premisa del “tengo manita, no tengo manita”, brindando así una cátedra de comicidad.

Contrario a la perfección con la que se trabaja el balón parado en los entrenamientos, Raúl cobró un tiro de esquina netamente improvisado que derivó en un gran gol de Drenthe, que escasas veces (por no decir nunca) le pega desde fuera del área. El árbitro merece una mención honorífica que ni Marco Antonio Rodríguez o Jorge Eduardo Gasso han obtenido. El silbante no marcó un claro penal sobre Benzema, anuló un legítimo autogol a favor de los italianos y hasta le regaló un tiro libre a Raúl amonestando a Zambrotta, que ni siquiera rozó al español. Como dato curioso: resulta extraño ver un partido de Champions League sin argentinos en la cancha.

En fin, un partidazo. El Buen Fútbol en todos los sentidos, no queda más que decir: qué bonito es el fútbol y bendito sea el pie negro, hoy afortunadamente morado, de mi madre.

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