Humilde ejidatario

Según Jorge Vergara, el nuevo estadio Chivas será inaugurado el próximo 11 de noviembre

Por lo que hemos visto en el proyecto, será uno de los mejores de América Latina, moderno, funcional, elegante… una joya arquitectónica destinada al fútbol. Pero detrás del artístico diseño ideado por los franceses Jean Marie Massaud y Daniel Pouzet, hay un largo registro de tranzas e irregularidades desde el momento mismo de la adquisición de los terrenos.

El predio es conocido como El Bajío, está ubicado en Zapopan, comprende 243 hectáreas y pertenecía a la comunidad indígena de San Juan de Ocotlán.

Vergara y tres socios lo compraron hace diez años, en 1999, por 86 mil millones de los viejos pesos, es decir, 86 millones actuales. Hasta ahí todo parecería normal, salvo que para adquirir dichas tierras primero tenían que ser reconocidos por los comuneros como «avecindados» o «ejidatarios», cosa que por supuesto no eran. La Ley Agraria, en su artículo 13, especifica que para lograr dicho reconocimiento la persona «debe tener residencia mínima de un año en las tierras del núcleo de la población, demostrando que se ha trabajado en ellas». Peor aún, Vergara en vez de acreditar su residencia en la comunidad ejidal, declaró como domicilio particular el nada humilde fraccionamiento Lomas del Valle, en el municipio de Zapopan.

La maniobra para justificar legalmente la adquisición fue de risa. Los abogados de Vergara y sus socios informaron al Tribunal Unitario Agrario del Distrito 15, que los nuevos dueños habían sido reconocidos como tales por la asamblea de comuneros ya que «tenían unas borregas» en el lugar.

Sería hasta mayo de 2004 cuando la comunidad indígena efectivamente los reconoció como «avecindados» por tratarse de «gentes útiles y serviciales». El problema fue que aquella asamblea en la que asistieron 115 de los 138 ejidatarios, no cumplió con los requisitos, primero porque los nuevos «dueños» no probaron ni su residencia ni su trabajo en las tierras, además de que no hubo presencia de un representante de la Procuraduría Agraria ni de un fedatario público, como lo manda el artículo 28 de la Ley Agraria. Esto terminó en una denuncia por parte de tres ejidatarios en desacuerdo con la venta, quienes reclamaron la nula validez de la asamblea así como la inexistencia de documentos que señalaran delimitaciones, particiones y el nuevo destino de los terrenos. Otra de sus demandas era que el municipio de Zapopan le concedió a Vergara los permisos para construir el estadio sin contar con ningún título de propiedad.

Sorpresivamente la demanda de los tres ejidatarios fue resuelta a su favor el 5 de octubre de 2007. El Tribunal declaró nula la venta y expresó que los tres «acreditaron su acción de nulidad de acta de asamblea donde se reconoce como avecindados y posesionarios a los terceros llamados a juicio (Vergara y socios)». El asunto iba plenamente a su favor, pero repentinamente los demandantes desistieron de seguir con el juicio, el cual fue desechado. Es más, en Proceso No. 1721, el Magistrado Daniel Magaña, del Tribunal Agrario, declara que el asunto es caso cerrado, que «ya es la verdad legal y definitiva, los propios actores fueron a desistirse por lo que ya no existe recurso alguno posterior». ¿Por qué dieron marcha atrás? Nadie lo sabe, aunque no es difícil imaginarlo.

Legalmente este caso ya es un triunfo de Vergara, pero todo el proceso quedó con aroma a asambleas espurias, documentos falsos, compra de comuneros, complicidad con autoridades y hasta amenazas y presiones a los demandantes.

Tiene pendiente el juicio por la posesión del Club Guadalajara y el problema de la construcción de una vialidad que le exige el municipio y que le condiciona la inauguración. En ese último tema Vergara tiene otro as bajo la manga, convencer a Mario Vázquez Raña que en esos mismos predios construya la Villa Panamericana de los próximos Juegos Guadalajara 2011, con lo que el gobierno asumiría los gastos del nodo vial que se calculan en 2 mil millones de pesos.

Obviamente Jorge Vergara no está dispuesto a gastar esa cantidad, mucho menos ahora que sabemos que es un humilde ejidatario.

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