¡Se va a Londres!

Ustedes no están para saberlo, pero yo sí para contarlo. Hace algunos meses que me tocan Las Golodrinas, con todo y orquesta sinfónica. Las causas aún continúan en la incertidumbre, pero las consecuencias llegaron botella tras botella, cobijadas bajo algunas rolas de José Alfredo, José José e incluso Cri-Cri. Ya estaba tan negro el panorama que no faltaron los amigos que queriéndose ver amables terminan por rematarlo a uno.

Comenzaron con el “te presento a una amiga”, “yo tengo una vecina que…”, “pos vuelve con la primera”, siendo la sentencia más efectiva la de “mi prima está… soltera”. Ni tardo ni perezoso ahí va uno con la prima (el que es guapo hasta en espejo ajeno). Pa pronto ambos caímos redonditos y comenzó la historia de la manita sudada, pasando por el beso temeroso. Todo iba de maravilla, incluyendo esa revelación mortífera para los que somos pamboleros hasta los huesos: “no me gusta el fútbol, me da flojera”.

Como ya lo he mencionado con anterioridad, la crisis ha pegado fuerte en los bolsillos de este servidor, tanto que el pie negro de mi mamá ya firmó contrato para una película de terror. Bueno, la cosa es que ante la falta de monedas uno se aguanta las ganas de comprar una playera o una sudadera de tal o cual equipo. De igual manera, nomás queda la opción de pedir un vaso con agua cuando se va a ver el fútbol a un bar.

Ahí está uno sorteando la crisis para quedar bien con la susodicha y zas, de repente se acuerda de informarme que en un mes se va a estudiar a Londres. Ya se imaginarán la escena: chilladero, abrazos y demás. Lo verdaderamente terrible no se queda en las lágrimas o en las gargantas atoradas, mucho menos en los lamentos; sino en las palabras que parecieran no tener ninguna importancia. Esas palabras que a un pambolero en verdad le hieren, ésas que dicen así:

¿Te das cuenta, amor?, estaré en Londres, ¡Londres! Tanto he escuchado a ti y a tus amigos hablando de fútbol que ya me puse a investigar algunas cosas. Hay pubs específicamente para hooligans, yo tengo que estar ahí. También me dieron ganas de ir a los partidos del Chelsea, Manchester United, Manchester City; quiero ir a un partido de Champions. ¿Sabes? la playera del Aston Villa es muy bonita, ten por seguro que me la compraré.

De hecho tengo pensado en visitar Glasgow e ir a un partido del Celtic o del Rangers, la onda entre católicos y protestantes entre ellos es otro nivel. En una de esas sería interesante ir a un partido en Gales o Irlanda, donde hay un equipo llamado Bohemians ¿sabías? No sé qué suceda entre tú y yo para cuando regrese (si es que regreso), pero te juro que te traeré un banderín o una bufanda del Liverpool, además de mandarte muchas, muchas, muchas fotos.

La ingrata no sólo me ocultó su solvente economía y planes de estudio, sino se mofa de la devoción futbolera al presumir que acudirá a ver tamaños equipos sin saber nada de fútbol, además de humillarme con la promesa de traerme un banderín. ¡Un banderín y muchas fotos!, cuando bien podría traerme una playera del Hull City, del Nottingham Forest, del Hibernian o del Hearts. Ojalá ella no lea esto, pero que le aproveche Londres y su Champions. (No es por ser ardilla, nomás me ganan los sentimientos.)

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